- JAVIER AYUSO
El Gobierno ha cometido todos los errores posibles y ahora trata de ocultarlos, echando la culpa a los líderes del PP, encabezados por Vivas, de no ayudar a normalizar la situación.
Cuando se van a cumplir 55 días desde la invasión de Ceuta por entre 80.000 y 100.000 migrantes, la situación de la ciudad autónoma dista mucho de avanzar hacia la normalidad. Al contrario, el conflicto sigue creciendo hasta cronificarse y no parece que las medidas adoptadas por el Gobierno contribuyan a encontrar una solución. Como en la película de los años sesenta, en la que David Niven defendía Pekín, estos 55 días están haciendo mella en su presidente, Juan Jesús Vivas, que ahora se ha convertido en la diana de Pedro Sánchez y sus ministros, que intentan culpabilizarle de los errores y las traiciones surgidas del Palacio de la Moncloa.
Ceuta es un auténtico polvorín, que puede estallar en cualquier momento. El domingo por la tarde estuvo a punto de producirse el linchamiento de una diputada ceutí y un activista a quienes la multitud confundió con miembros de una asociación vinculada a los proetarras, contra quienes se estaban manifestando. Al final, todo quedó en un susto, pero el odio y la violencia se están apoderando de una ciudad en la que todavía permanecen en sus calles varios miles de migrantes (entre 3.000 y 10.000, según las fuentes), acampados en sus playas y causando un miedo mucho más que "subjetivo", como dijo el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Hay escenas de violencia a todas horas y se han producido decenas de violaciones y robos.
En estos 55 días, el Gobierno ha cometido todos los errores posibles y ahora trata de ocultarlos, echando la culpa a los líderes del PP, encabezados por Vivas, de no ayudar a normalizar la situación. Pero la culpa es solo de ellos. Empezando por La Moncloa y el Ministerio del Interior, que hicieron caso omiso de las advertencias de que se iba a producir la invasión. Resulta patético negar la evidencia de los avisos recibidos, escudándose en que ninguno hacía referencia a la magnitud de la llegada. Y es más insultante todavía la modificación de la narrativa del asalto, que pasó de ser una "violación y ataque a la integridad territorial de España" (palabras de Sánchez del 31 de julio), a una "crisis migratoria", como lo definen ahora.
Entre medias, la huida del presidente al palacio de La Mareta para disfrutar de tres semanas de "merecidas vacaciones" y la inoperancia absoluta durante casi un mes en que se tardó en nombrar un mando único ante la crisis, algo solicitado por Vivas desde el primer momento. Los ministros iban y venían a la ciudad autónoma y ofrecían versiones diferentes sobre casi todo. Solo coincidían en exculpar a Marruecos del asalto.
El tiempo ha ido pasando sin que las medidas anunciadas por el Gobierno hayan conseguido mitigar la situación en Ceuta. Se ha actuado tarde y mal y hoy todavía siguen sin aportarse todos los medios necesarios para poder filiar a los invasores y devolverlos al lugar por donde entraron. Hasta ayer, tan solo se habían devuelvo 147 personas.
La semana pasada, el Parlamento Europeo aprobó una resolución, con el voto en contra de los socialistas, en la que se calificaba de "invasión" lo sucedido en la ciudad autónoma y se responsabilizaba al Reino de Marruecos de no haber actuado con diligencia para evitarlo. No se llegaba a acusar a Rabat de haberlo promovido, pero sí se señalaba a sus fuerzas de seguridad por su omisión en la defensa de la frontera. Todo ello, mientras varios ministros marroquíes siguen reclamando públicamente la soberanía sobre Ceuta y Melilla y desde el Gobierno español se insiste en que nuestro vecino del sur es un socio "fiable".
Este domingo, el ejército marroquí se movilizó frente a las fronteras de Ceuta y Melilla, como queriendo mostrar que no van a permitir una nueva invasión, como se volvía a anunciar en redes sociales para este miércoles. Pero lo que estaba escenificando Rabat es que son ellos los que tienen la llave de la frontera y pueden abrirla a o cerrarla a su antojo, porque desde España se siguen sin fortalecer los pasos fronterizos.
En medio de esa tremenda crisis, la factoría de contenidos de La Moncloa ha ideado un plan para hacer olvidar los errores y la traición de Pedro Sánchez frente a Marruecos. Como no se puede solucionar el problema a corto plazo, han optado por arrastrar los pies en las medidas anunciadas y culpar al gobierno de Ceuta de todos los males que asolan a la ciudad. Ya lo han hecho otras veces con otras crisis, pero ahora están utilizando toda la artillería a su alcance para señalar a Vivas y, de paso, recuperar el mantra del peligro de la ultraderecha.
Pero el dato mata al relato y lo sucedido durante los últimos 55 días deja en evidencia cualquier intento de evadir responsabilidades en la crisis de Ceuta. Ha quedado demostrado que fueron avisados y que no dieron la respuesta apropiada, mientras negaban la evidencia de que el culpable era Marruecos, por acción o por omisión. Luego, tardaron un mes en reaccionar y por mucho que digan que están poniendo todos los medios a su alcance, es una mentira más.
Hay pocos policías y guardias civiles y el ejército no está habilitado para actuar; tampoco se ha aumentado el número de médicos, enfermeros o personal administrativo o jurídico para acelerar los procesos de expulsión de los migrantes ilegales. Cada día que pasa se corre el riesgo de un estallido social por parte de los 80.000 ceutíes que sufren las consecuencias de la invasión. Algunos malpensados dicen que eso es lo que busca Sánchez.
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