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'Aeolia': En un lugar del algoritmo...

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Artículo Completo 937 palabras
«Ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas [...]. Mire vuestra merced –respondió Sancho– que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento».Me imagino que poco podía prever nuestro querido don Quijote que varios siglos después volviera a hacerse patente –no en las llanuras manchegas, sino en las salas de la sede madrileña del Instituto Cervantes – la simbólica presencia de esos molinos-gigantes, si bien ahora no por la calentura de su excesiva imaginación, sino por la novísima magia de los algoritmos y de la inteligencia artificial.Noticias relacionadas estandar Si ARTE De desplazamientos, digitalizaciones y techos de cristal Javier Díaz-Guardiola estandar Si INTERNET Criptoespiritualidad, deus ex machina Eduardo Almiñana'Aeolia' es la primera muestra dentro del ciclo expositivo 'Paisajes intangibles' organizado por el Instituto Cervantes, y se trata de una exposición interactiva concebida por Soliman López (Burgos, 1981), que reflexiona sobre la importancia del arte y la tecnología en la sociedad actual, a la vez que trata de concienciar sobre los cambios medioambientales y la incidencia humana en los mismos. Es, pues, una propuesta, que combina arte digital, ciencia de datos y ecología, y que intenta aportar una mirada creativa sobre estos complejos aspectos para hacerlos más comprensibles al gran público. La participación activa del espectador es, de hecho, uno de sus principales rasgos identitarios.Más un deseoAspecto, que, en mi opinión, queda aquí bastante difuso, siendo más patente el deseo de conseguir este diálogo que los propios resultados. Por otra parte, proyectos de este tipo –a los que no podemos negar sus buenas intenciones– y que buscan el componente relacional y la proximidad al público, debido a una excesiva y complicada tecnificación, suelen lograr paradójicamente efectos de confusión y distanciamiento, como creo que ocurre aquí. Soliman López es un artista conceptual contemporáneo especializado en arte digital, tecnologías emergentes, biotecnología, inteligencia artificial y nuevos medios, cuyo principal campo de interés radica en la creación de proyectos interactivos que analizan y muestran la relación entre los seres humanos, la Naturaleza y los nuevos procesos tecnológicos.La pieza fundamental en Madrid es una escultura de grandes dimensiones –en cierto modo, un símbolo de esos molinos quijotescos– dotada de inteligencia artificial autogenerativa, que transmuta energía eólica convirtiéndola en lenguaje, y que ha sido alimentada con datos relativos a 'El Quijote', traducciones de la obra de Miguel de Cervantes y una muy extensa bibliografía cervantina. Se generan así en tiempo real un conjunto de textos , nuevos fragmentos o variantes sobre la obra del inmortal hidalgo.Molinos virtuales. En las imágenes, distintos detalles de la propuesta 'Aeolia', de Solimán López en el Instituto Cervantes ARTEEDADSILICIO¿Y cuál es la acción del público? Los visitantes pueden activar este complejo mecanismo soplando unas plumas –en clara referencia al ingente número de aves que perecen al chocar con los ingenios eólicos–, que a su vez ponen en marcha la IA y la generación de textos. Por cierto, en este sentido, no puedo dejar de recordar el espléndido relato de Borges, 'Pierre Menard, autor del Quijote', que en cierto modo anticiparía muchos años atrás algunas de estas acciones de 'literatura ficción'. Junto a esta pieza se muestran asimismo distintas animaciones e instalaciones audiovisuales generadas igualmente con IA de menor interés, y también una obra que, confieso –quizás por mi condición de escritor– me ha resultado especialmente sugerente : 'Genotopía Quijotesca', la primera copia del 'Quijote 2.0' generada por 'Aeolia' y codificada en moléculas de ADN sintético, dentro de una ampolla de cristal al vacío.Magia virtualFinalmente, durante el tiempo de duración de la exposición, se irán generando cinco libros producidos por la IA, que podrán leerse in situ o descargarse digitalmente.Tras esta suerte de magia virtual surgen una serie de interesantes reflexiones, como pueden ser el concepto de autoría en la época de la inteligencia artificial; el complejo diálogo entre lo humano, la tecnología y el lenguaje; la importancia de la ecología y su sostenibilidad; y, de nuevo, el papel del público como coautor de los textos que se 'escriben'.arte_abc_0724¿Y cuáles serían entonces las conclusiones que podemos inferir? Es evidente que la imparable irrupción de la IA en el ámbito artístico genera una ambivalencia que oscila entre el entusiasmo y una inquietante incertidumbre. 'Aeolia' es un buen ejemplo: abre nuevos territorios de creación pero asimismo plantea tensiones entre la certeza de la tradición y la, a veces engañosa e hiperespectacular, fascinación por lo nuevo, y evidencia la peligrosa pugna entre el control humano y la autonomía de las máquinas.Solimán López: 'Aeolia' Instituto Cervantes. Madrid. C/ Alcalá, 49. Comisaria: Roberta Bosco. Hasta el 8 de marzo. Tres estrellas.Lo que sí está claro es que el arte ha sido siempre un espejo de la vida –muchas veces, conscientemente distorsionado– y que ahora, tal vez más que nunca, debe seguir siéndolo y no dar la espalda a los apasionantes –y arriesgados– desafíos tecnológicos que nuestro tiempo nos plantea.

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«Ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas [...]. Mire vuestra merced –respondió Sancho– que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de ... viento».

Me imagino que poco podía prever nuestro querido don Quijote que varios siglos después volviera a hacerse patente –no en las llanuras manchegas, sino en las salas de la sede madrileña del Instituto Cervantes– la simbólica presencia de esos molinos-gigantes, si bien ahora no por la calentura de su excesiva imaginación, sino por la novísima magia de los algoritmos y de la inteligencia artificial.

'Aeolia' es la primera muestra dentro del ciclo expositivo 'Paisajes intangibles' organizado por el Instituto Cervantes, y se trata de una exposición interactiva concebida por Soliman López (Burgos, 1981), que reflexiona sobre la importancia del arte y la tecnología en la sociedad actual, a la vez que trata de concienciar sobre los cambios medioambientales y la incidencia humana en los mismos.

Es, pues, una propuesta, que combina arte digital, ciencia de datos y ecología, y que intenta aportar una mirada creativa sobre estos complejos aspectos para hacerlos más comprensibles al gran público. La participación activa del espectador es, de hecho, uno de sus principales rasgos identitarios.

Aspecto, que, en mi opinión, queda aquí bastante difuso, siendo más patente el deseo de conseguir este diálogo que los propios resultados. Por otra parte, proyectos de este tipo –a los que no podemos negar sus buenas intenciones– y que buscan el componente relacional y la proximidad al público, debido a una excesiva y complicada tecnificación, suelen lograr paradójicamente efectos de confusión y distanciamiento, como creo que ocurre aquí.

Soliman López es un artista conceptual contemporáneo especializado en arte digital, tecnologías emergentes, biotecnología, inteligencia artificial y nuevos medios, cuyo principal campo de interés radica en la creación de proyectos interactivos que analizan y muestran la relación entre los seres humanos, la Naturaleza y los nuevos procesos tecnológicos.

La pieza fundamental en Madrid es una escultura de grandes dimensiones –en cierto modo, un símbolo de esos molinos quijotescos– dotada de inteligencia artificial autogenerativa, que transmuta energía eólica convirtiéndola en lenguaje, y que ha sido alimentada con datos relativos a 'El Quijote', traducciones de la obra de Miguel de Cervantes y una muy extensa bibliografía cervantina. Se generan así en tiempo real un conjunto de textos, nuevos fragmentos o variantes sobre la obra del inmortal hidalgo.

¿Y cuál es la acción del público? Los visitantes pueden activar este complejo mecanismo soplando unas plumas –en clara referencia al ingente número de aves que perecen al chocar con los ingenios eólicos–, que a su vez ponen en marcha la IA y la generación de textos. Por cierto, en este sentido, no puedo dejar de recordar el espléndido relato de Borges, 'Pierre Menard, autor del Quijote', que en cierto modo anticiparía muchos años atrás algunas de estas acciones de 'literatura ficción'.

Junto a esta pieza se muestran asimismo distintas animaciones e instalaciones audiovisuales generadas igualmente con IA de menor interés, y también una obra que, confieso –quizás por mi condición de escritor– me ha resultado especialmente sugerente: 'Genotopía Quijotesca', la primera copia del 'Quijote 2.0' generada por 'Aeolia' y codificada en moléculas de ADN sintético, dentro de una ampolla de cristal al vacío.

Finalmente, durante el tiempo de duración de la exposición, se irán generando cinco libros producidos por la IA, que podrán leerse in situ o descargarse digitalmente.

Tras esta suerte de magia virtual surgen una serie de interesantes reflexiones, como pueden ser el concepto de autoría en la época de la inteligencia artificial; el complejo diálogo entre lo humano, la tecnología y el lenguaje; la importancia de la ecología y su sostenibilidad; y, de nuevo, el papel del público como coautor de los textos que se 'escriben'.

¿Y cuáles serían entonces las conclusiones que podemos inferir? Es evidente que la imparable irrupción de la IA en el ámbito artístico genera una ambivalencia que oscila entre el entusiasmo y una inquietante incertidumbre. 'Aeolia' es un buen ejemplo: abre nuevos territorios de creación pero asimismo plantea tensiones entre la certeza de la tradición y la, a veces engañosa e hiperespectacular, fascinación por lo nuevo, y evidencia la peligrosa pugna entre el control humano y la autonomía de las máquinas.

Instituto Cervantes. Madrid. C/ Alcalá, 49. Comisaria: Roberta Bosco. Hasta el 8 de marzo. Tres estrellas.

Lo que sí está claro es que el arte ha sido siempre un espejo de la vida –muchas veces, conscientemente distorsionado– y que ahora, tal vez más que nunca, debe seguir siéndolo y no dar la espalda a los apasionantes –y arriesgados– desafíos tecnológicos que nuestro tiempo nos plantea.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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