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Alfonso X y el primer libro de historia de España

Alfonso X y el primer libro de historia de España
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El rey Alfonso X logró la publicación de 'Estoria de España', una crónica que describe los sucesos más relevantes de la historia del reino español hasta ese momento. Desde entonces, se ha mantenido como un texto de gran relevancia cultural. Leer
Lecturas esencialesAlfonso X y el primer libro de historia de España
  • JAUME AURELL
Actualizado 15 JUL. 2026 - 23:29'Estoria de España', obra impulsada por el rey Alfonso X 'el Sabio', estaba compuesta por diversos manuscritos que iban pasando de unas manos a otros.

El rey Alfonso X logró la publicación de 'Estoria de España', una crónica que describe los sucesos más relevantes de la historia del reino español hasta ese momento. Desde entonces, se ha mantenido como un texto de gran relevancia cultural.

Alfonso X el Sabio es el autor de la primera historia de España escrita en lengua romance, en este caso el castellano. La crónica de Estoria de España se inicia en los tiempos bíblicos de Moisés y se termina en la época más cercana al compilador, es este caso hasta su padre Fernando III. Al remitir a los tiempos más remotos, se conseguía legitimar los más recientes, y en este caso la existencia eterna de la idea de España.

Pero, ¿fue realmente Alfonso el autor de la crónica? Los investigadores han llegado a la conclusión que el rey fomentó y dirigió sus trabajos, tal como había sucedido con la casi contemporánea crónica autobiografía de su suegro Jaime I de Aragón, conocida como Llibre dels fets, escrita en catalán.

El propio monarca, en un bellísimo texto, explica en otra de sus obras, General Estoria, cuál fue su función en la publicación "El rey hace un libro, no porque él lo escriba con sus manos, sino porque compone sus razones [determina sus contenidos], las enmienda [las corrige], las yegua [las ordena], las endereza [las arregla], muestra la manera de cómo se deban hacer y así las escribe quien él manda. Pero decimos por esta razón que el rey hace el libro. Es lo mismo que cuando decimos que el rey hace un palacio o alguna obra; no lo hizo él con sus manos, sino porque lo mandó hacer y dio las cosas que eran menester para ello. Y quien esto cumple es quien hace la obra y eso solemos decir de él".

Así, el rey actuaba como uno de los modernos editores, puesto que se encargaba de elegir los temas abordados, de coordinar los trabajos entre los diversos autores, de hacer un seguimiento cercano del proceso de redacción y de asegurar que todo se aviniera a sus objetivos. Impulsándolo desde su autoridad o comprometiéndose personalmente en su ejecución, Alfonso X se puede considerar autor de ese gran proyecto cultural porque, como él mismo explicaba, se le puede asimilar a un diseñador de una obra arquitectónica.

Una España unida

El caso es que la genial idea de Alfonso X de hacer una primera historia que abarcara todos los reinos de la Península Ibérica preludió la concepción de una España unida, más allá de sus diversos territorios, y privilegió la centralidad de Castilla como el reino esencial de las Españas. Para esto, reunió varias historias bíblicas, clásicas y prerromanas, describiendo la llegada de diversos pueblos a la península -íberos, celtas, fenicios, griegos, cartagineses- y presentando la dominación romana como una etapa fundamental con la idea de Hispania. Después el establecimiento del reino visigodo, destacando a sus principales monarcas y los conflictos internos que debilitaron el reino.

La invasión musulmana de 711 ocupa un lugar central en la narración, a la que sigue el surgimiento providencial de los reinos cristianos del norte. Se inicia así el proceso de Reconquista frente a los musulmanes, aunque los redactores de la crónica no usaron este concepto, de fuertes connotaciones ideológicas. Ellos pretendieron enfatizar la continuidad del proyecto cristiano romano-visigótico, pero el término fue introducido por la historiografía española del XIX.

La crónica, a medida que se acerca a su tiempo presente, relata con detalle las hazañas de algunos reyes, nobles y héroes, entre ellos la figura legendarias como Rodrigo Díaz de Vivar y privilegia la historia de los reinos de Castilla y León sobre los otros peninsulares.

Este esquema ha tenido una impresionante continuidad en la historiografía española durante los siglos, lo que nos debe hacer reflexionar del enorme influjo que tienen los historiadores en la constitución y consolidación de las conciencias colectivas, en este caso en España. Es triste comprobar una y otra vez el uso político que los gobernantes hacen de la historia -y que los propios historiadores en ocasiones tienden a reforzar- pero esto no es óbice para reconocer la relevancia de la historia para la armonía de las sociedades.

Promoción cultural

No hay que pensar que la Estoria de España de Alfonso X era un libro, como hoy lo reconocemos. Se trataba de diversos manuscritos que iban pasando de unas manos a otros y eran manipulados según las necesidades de cada momento. Pero no cabe duda de que el monarca hizo mucho por la unidad de la nación, que es un valor indudable, junto al necesario -y perfectamente compatible- reconocimiento de su diversidad.

En la actualidad, no estamos demasiado acostumbrados a que un rey, un presidente de República o un presidente de Gobierno sea capaz de componer poesías sublimes como las Cantigas de Nuestra Señora (recopilación de más de 400 composiciones musicales y poéticas del siglo XIII, impulsadas por el rey Alfonso X el Sabio), promover una influyente escuela de traductores de textos griegos y árabes en Toledo, establecer códigos jurídicos duraderos como Las Siete Partidas, suscitar estudios de astronomía como las Tablas Alfonsíes, consolidar la lengua castellana frente hasta el entonces hegemónico latín, refrendar universidades como la de Salamanca y coordinar historias como la Estoria de España y la General Estoria, un ambicioso proyecto de historia universal.

En su frenética labor de promoción cultural, también dirigió personalmente la recopilación de textos astronómicos, médicos, jurídicos, devocionales y científicos.

Debemos mucho a Alfonso X el Sabio, que honra la institución monárquica y marca un estándar muy alto que sus sucesores harían bien en preservar. Al resto de los ciudadanos, nos corresponde por lo menos que sus enseñanzas no caigan en el olvido, y tratar también de emularlo en la medida de nuestras posibilidades.

Jaume Aurell es catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Navarra.

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Fuente original: Leer en Expansión
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