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Anduril, Palantir y SpaceX están cambiando la forma en que Estados Unidos libra la guerra

Anduril, Palantir y SpaceX están cambiando la forma en que Estados Unidos libra la guerra
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La Administración Trump se está acercando a una camarilla de posibles nuevos contratistas
Anduril, Palantir y SpaceX están cambiando la forma en que Estados Unidos libra la guerra

La Administración Trump se está acercando a una camarilla de posibles nuevos contratistas

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The Economist

30/04/2026 a las 00:20h.

La guerra con Irán podría acabar enseñando muchas lecciones a Estados Unidos. Una de las que ha aprendido por las malas es lo desastroso que ... resulta, desde el punto de vista económico, emplear armamento tradicional contra los baratos drones iraníes. «La dinámica del mundo ha cambiado», afirma Emil Michael, un antiguo ejecutivo de Silicon Valley que ahora ocupa un alto cargo en el Pentágono. «No tiene sentido gastar un millón de dólares en un misil para derribar un dron de 50.000 dólares».

Los contratistas tradicionales de Estados Unidos se han vuelto, según el discurso del gobierno, anticuados, caros y reacios al riesgo como resultado de sus lucrativas canonjías. «Si los [recién llegados] son buenos y se hacen con el terreno, se llevarán parte de ese negocio que, de otro modo, habría ido a parar a un contratista tradicional», afirma Michael.

Este año, los nuevos competidores han conseguido algunos apoyos importantes. En enero, Pete Hegseth, secretario de guerra de Estados Unidos, utilizó la sede de SpaceX en Texas como telón de fondo para presentar una nueva estrategia de IA, prometiendo que su departamento se inspiraría en el enfoque de gestión de Elon Musk y «aceleraría a toda velocidad». En marzo, anunció que el sistema de mando y control de Palantir, basado en IA y denominado «Maven», se convertiría en un «programa oficial», asegurando su financiación para los próximos años —aunque con una buena dosis de burocracia—. Ese mismo mes, el ejército estadounidense fusionó a varios contratistas con Anduril en uno solo, con un valor de hasta 20.000 millones de dólares en diez años.

Tales compromisos pueden parecer insignificantes en comparación, por ejemplo, con el programa del avión furtivo F-35, liderado por Lockheed Martin. El F-35 podría acabar costando al gobierno más de dos billones de dólares a lo largo de varias décadas. El año pasado, los tres contratistas tradicionales de Estados Unidos —Lockheed Martin, RTX y Northrop Grumman— generaron entre todos ellos alrededor de ocho veces las ventas combinadas de los tres recién llegados —y SpaceX y Palantir obtienen gran parte de sus ingresos de clientes distintos del Pentágono—.

Aun así, los inversores se muestran optimistas. El trío de nuevas empresas vale más del triple que los tres mayores contratistas tradicionales, lo que refleja, entre otras cosas, el optimismo sobre su capacidad para revolucionar la industria armamentística (véase el gráfico 1). Se espera que, en los próximos meses, SpaceX salga a bolsa en la mayor oferta pública inicial de todos los tiempos. Se dice que Anduril, que obtiene casi todos sus ingresos de contratos de defensa, está captando fondos con una valoración de 60 000 millones de dólares, a pesar de haber generado solo 2000 millones de dólares en ventas el año pasado y de haber registrado pérdidas. El valor de la empresa refleja en parte las cantidades récord de capital riesgo que están fluyendo hacia las startups de defensa en Estados Unidos (véase el gráfico 2). En los últimos meses también se han firmado cheques cuantiosos para una segunda oleada de startups que aspiran a dar el salto a las grandes ligas, entre ellas Shield AI, que desarrolla pilotos autónomos para el combate aéreo, y Saronic, que fabrica drones marítimos.

Cruzada de Trump para aumentar el gasto en defensa

El revuelo se ve impulsado por la quijotesca cruzada del presidente Donald Trump para que el Congreso aumente el presupuesto de defensa del próximo año en más de dos quintas partes con respecto a su nivel actual, hasta alcanzar los 1,5 billones de dólares. Los planes incluyen un aumento del gasto, entre otras cosas, en drones, contramedidas contra drones e IA. Aunque los contratistas tradicionales seguirán recibiendo la mayor parte de los fondos destinados a compras, Michael espera que el 1-2% asignado a los nuevos competidores innovadores aumente en «puntos porcentuales» cada año durante los próximos ejercicios con el fin de generar más competencia.

Desde el punto de vista del Pentágono, uno de los principales atractivos de los recién llegados es que, a diferencia de los contratistas tradicionales, en su mayoría rechazan los contratos de «coste más margen», mediante los cuales el gobierno reembolsa todos los gastos y añade un margen de beneficio. Ese modelo puede ser adecuado para programas grandes y complejos en los que es difícil estimar el coste por adelantado, pero es una receta para la pereza. En cambio, los nuevos competidores suelen preferir acuerdos de precio fijo en los que cubren el coste inicial de investigación y desarrollo y obtienen amplios márgenes si cumplen los plazos y se ajustan al presupuesto.

La estructura de los contratos les ayuda a mantener una organización ágil y les incentiva a iterar rápidamente, en lugar de construir armas y sistemas desde cero cada vez. Anduril, por ejemplo, quiere utilizar un motor cohete común con propulsantes sólidos para emplearlo en diversos sistemas de lanzamiento y así reducir los costes. En cuanto a la rapidez, ocho meses después de que SpektreWorks, una startup de Arizona, presentara el prototipo de un dron suicida llamado LUCAS, las fuerzas estadounidenses lo desplegaron en Irán —el LUCAS es, irónicamente, una copia obtenida mediante ingeniería inversa de un Shahed iraní—.

El entusiasmo por el cambio de enfoque del Pentágono es palpable. «Es enorme», afirma Matthew Steckman, que supervisa una parte significativa del negocio de Anduril. «Cada día que vengo, me veo reaccionando a la nueva versión de las prisas del departamento de Defensa». Se está recortando la burocracia en torno a las compras destinadas a defensa. «Están eliminando papeleo como si no hubiera un mañana», afirma Steve Blank, de la Universidad de Stanford.

Preocupación por tanta prisa

Sin embargo, existe la preocupación de que tanta prisa pueda resultar contraproducente de diversas maneras. Para los nuevos competidores, el riesgo es que asuman demasiado con demasiada rapidez y no puedan hacer frente a la situación ante el aumento de la envergadura de los contratos. Esto supone un problema mayor para Anduril que para SpaceX y Palantir, ya que ambas tienen grandes contratos con clientes comerciales y otros departamentos gubernamentales, lo cual les brinda mayor escala.

El enfoque de Palantir hacia el software también significa que puede expandir su negocio con relativa rapidez. Sin embargo, para Anduril, al igual que para muchos de los aspirantes a nuevos contratistas, ampliar la fabricación podría suponer un reto. Anduril acaba de empezar a construir grandes centros de producción: recientemente, inauguró una fábrica en Ohio en la que ha invertido 1.000 millones de dólares. El fabricante de drones tiene un discurso convincente, pero su capacidad para aumentar la fabricación hasta un nivel cercano al de los contratistas tradicionales aún no se ha puesto a prueba.

También hay riesgos para el gobierno. El Pentágono quiere avanzar hacia sistemas de armas interoperables, en lugar de las plataformas independientes que suelen ofrecer los contratistas tradicionales. Sin embargo, hay sectores a los que preocupa que pueda quedar atrapado en los servicios de lanzamiento y satélites de SpaceX o en los sistemas de gestión del campo de batalla proporcionados por Palantir y Anduril.

De hecho, aunque el Pentágono afirma que quiere fomentar una mayor competencia en la industria de la defensa, hay indicios de que sigue siendo tan difícil como siempre entrar en el mercado. Anduril, por ejemplo, es un comprador habitual de empresas más pequeñas, entre ellas Blue Force Technologies —fabricante de Fury, el avión de combate no tripulado—, que adquirió en 2023. Scott Bledsoe, inventor del Fury, afirma que vendió su startup tras darse cuenta de que era demasiado pequeña para «abrirse camino» hacia un gran contrato de defensa.

Sin embargo, desearía que fuera de otra manera. «Existe el peligro de que lo único que estemos haciendo sea crear una nueva clase de contratistas tradicionales», se preocupa Bledsoe. Una fuente de uno de los posibles nuevos contratistas, cuando se le preguntó si su empresa podría desarrollar iniciativas de presión política estado por estado similares a las de los contratistas tradicionales, exclamó: «Por supuesto que sí».

Otro riesgo es que, al entusiasmarse demasiado con las ventajas de los drones y similares, el departamento de defensa pueda restar prioridad a los sistemas de armas tradicionales que serían vitales en un futuro conflicto con China, debido a su capacidad para recorrer largas distancias y penetrar defensas avanzadas.

Relaciones de la familia Trump con nuevos contratistas

Para la sociedad en general, las relaciones cada vez más estrechas entre la familia Trump y los posibles nuevos contratistas también son motivo de preocupación. Cuando las acciones de Palantir sufrieron un ataque de los vendedores en corto este mes, el presidente ofreció una defensa inesperada de la empresa, incluyendo su código bursátil: «Palantir Technologies (PLTR) ha demostrado tener grandes capacidades y equipos de combate. ¡¡¡Pregúntenselo a nuestros enemigos!!!», escribió en Truth Social. Donald Trump Jr., su hijo, es socio de 1789 Capital, una empresa de capital riesgo que ha invertido en Anduril.

«Todos los inversores del planeta son inversores en Anduril», replica Steckman. Aun así, cualquier percepción de partidismo podría poner en peligro el apoyo, por lo demás sólido, de muchos políticos demócratas a las startups de defensa, lo cual podría poner en peligro a las empresas si los republicanos pierden su control sobre el gobierno federal. La reorganización que se está llevando a cabo en el sector militar-industrial estadounidense llega con mucho retraso. Sería una pena que fracasara.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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