Anthropic ha atacado a OpenAI en la Super Bowl y Altman ha respondido con pasivoagresividad. Una escaramuza que esconde una bifurcación histórica para el negocio de la IA
1 comentarioFacebookTwitterFlipboardE-mail 2026-02-05T13:31:17ZJavier Lacort
Editor Senior - TechJavier Lacort
Editor Senior - Tech Linkedintwitter1956 publicaciones de Javier LacortAnthropic ha estrenado la Super Bowl atacando a OpenAI con anuncios que muestran terapeutas virtuales colando publicidad de aplicaciones de citas y entrenadores personales vendiendo alzas para bajitos. El mensaje: "Ads are coming to AI. But not to Claude" ("Los anuncios están llegando a la IA. Pero no a Claude").
Sam Altman ha respondido en X llamándoles "deshonestos" y acusándoles de "doublespeak", "doble discurso" en español, aunque una traducción mejor adaptada podría ser "lenguaje engañoso" o simplemente "hipocresía".
Parece una escaramuza menor, la de dos rivales peleándose por un anuncio. Pero bajo ese capó hay una pregunta de miles de millones: ¿qué tipo de negocio será la IA cuando esté consolidada?
La historia de Internet se resume en dos grandes modelos:
- Uno gratis sostenido por publicidad: Google, Facebook, YouTube, Instagram, TikTok... independientemente de que tengan versiones premium.
- Otro de pago directo por suscripción: Netflix, DAZN, Disney+, Apple Music, PSN...
El primero aspira a maximizar la audiencia, el segundo aspira a maximizar el ingreso por usuario. La IA está ahora mismo decidiendo cuál de los dos caminos toma.
En XatakaLa IA está rompiendo uno de los paradigmas económicos más antiguos de la historia: que lo barato es igual a "malo"OpenAI ya ha elegido y está empezando a probar a poner anuncios en las cuentas gratuitas de ChatGPT. Altman lo justifica con el clásico argumento de la democratización: "Más tejanos usan ChatGPT gratis que el total de personas que usan Claude en Estados Unidos". Dicho de otro modo: quieren llegar a esas miles de millones de personas que no van a pagar 20 dólares al mes. Y para eso hace falta publicidad.
Anthropic elige lo contrario. "Anthropic ofrece un producto caro a gente rica", le ha recrimina Altman. En cierta forma, es cierto: Claude está apostando ante todo por los contratos con empresas y por las suscripciones premium de 20, 100 y 200 dólares al mes.
Su modelo depende de que la IA sea lo suficientemente valiosa como para que pagues por ella. Y para que mires de vez en cuando al plan superior con la tentación de subir un peldaño más. Sin publicidad, sin enlaces patrocinados y sin que las respuestas estén influidas por los anunciantes.
La diferencia no es sólo de negocio, es de producto.Una IA con publicidad tiene incentivos diferentes a una sin ella.
- ¿Qué ocurre cuando le preguntas al asistente qué coche comprarte y hay un fabricante pagando por aparecer en sus respuestas?
- ¿Qué pasa con los consejos médicos, financieros, legales?
OpenAI ha prometido que "los anuncios no influyen en las respuestas". Es lo que ha dicho en el minuto 0. Pero esa promesa será cada vez más difícil de sostener conforme la presión de monetización aumente.
Anthropic tiene su propio problema: si sólo llega a quienes pueden permitirse pagar, la IA se convierte en una herramienta de élites. Una tecnología que promete democratizar el conocimiento acaba reproduciendo las divisiones de clase que ya existen. Esto lo vimos venir con la llegada de los planes de 200 dólares para acceder a la élite de la IA. Una brecha que crea otra brecha,
El paralelismo con la historia de Internet es inevitable. Las redes sociales gratuitas nos atraparon a (casi) todos en los años diez, pero a cambio construyeron máquinas de vigilancia publicitaria optimizadas para el engagement, no para el bienestar de nadie. Los servicios de pago son más limpios, pero también más excluyentes.
Así que la IA está ahora en ese punto de bifurcación:
- OpenAI apuesta por ser el YouTube de la IA: gratis para todos, sostenido por anuncios y con versiones premium para quien quiera pagar.
- Anthropic quiere ser el Netflix: mejor experiencia y libre de anuncios, pero sólo para quien pague. Es cierto que mantiene un plan gratuito, pero sus límites son una invitación continua a pasar por caja o irse.
Y ahora está en juego qué tipo de relación con esas máquinas que cada vez saben más de nosotros y a las que cada vez les pedimos más. Si serán servicios que nos sirven o si serán plataformas que nos monetizan.
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