Art Cologne demuestra que ser el primero no siempre garantiza el liderazgo. Fundada en 1967 por los galeristas Hein Stünke y Rudolf Zwirner bajo el nombre de Kunstmarkt Köln (rebautizada Art Cologne en 1984), fue la primera feria de arte contemporáneo caracterizada por ... lo que podríamos denominar el modelo 'dealer-booth-and-alley': una estructura basada en una rejilla de estands y pasillos cuya dirección comercial y administrativa corría a cargo del galerista-empresario.
Apenas tres años después, en 1970, nacería Art Basel, impulsada en parte por las limitaciones de acceso impuestas por la feria alemana, que solo admitía a galerías pertenecientes a su asociación regional.
Art Cologne es un caso paradigmático de cómo se pierde el liderazgo en un mercado emergente. En su rivalidad con Art Basel durante los años setenta y ochenta confluyeron factores artísticos, estructurales, organizativos y psicológicos que acabarían inclinando la balanza en su contra.
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Mientras la feria alemana mantenía un enfoque más nacional y centrado exclusivamente en el arte contemporáneo, Art Basel supo atraer a galerías internacionales de primer nivel (como Leo Castelli, Sidney Janis o Ileana Sonnabend) e integrar también a las vanguardias modernas. A ello se sumaban desventajas estructurales: el sistema artístico alemán había quedado profundamente interrumpido en las décadas de 1930 y 1940, mientras que Suiza ofrecía condiciones fiscales más favorables y no aplicaba el 'droit de suite'.
En el plano organizativo, Art Cologne arrastró durante años problemas recurrentes, desde fechas poco propicias para el coleccionismo norteramericano y la alternancia de sede con Düsseldorf, hasta espacios inadecuados o una política restrictiva hacia galerías extranjeras. Finalmente, otro aspecto igualmente decisivo fue que muchos galeristas y coleccionistas judíos, con el trauma del nazismo aún reciente, se inclinaron por la neutralidad suiza.
A ello habría que añadirle que a partir de los años ochenta y noventa, la irrupción de nuevas ferias como ARCOmadrid, FIAC o Art Brussels consolidaría un escenario mucho más competitivo, en el que Art Cologne paulatinamente iría perdiendo relevancia.
En 2007, Art Cologne ensayó su primera expansión internacional con una edición en Palma de Mallorca, celebrada en la terminal A del aeropuerto y con la participación de unas cincuenta galerías principalmente europeas. El proyecto respondía a una clara ambición de internacionalización, en un momento en que el modelo de feria iniciaba su expansión global, con la apertura de Art Basel Miami Beach en 2002 y la presentación de Frieze Art Fair en Londres en 2003.
Art Cologne es un caso paradigmático de cómo se pierde el liderazgo en un mercado emergente en su rivalidad con Art Basel
Sin embargo, el intento resultó prematuro. A pesar de la existencia de un activo núcleo de coleccionistas, la estructura galerística local era todavía débil y carecía de la masa crítica necesaria para sostener un evento de estas características. La feria no tuvo continuidad. La condición de cualquier expansión ferial requiere de un ecosistema artístico previamente consolidado para así garantizar un retorno de ventas razonable.
Este fracaso, unido a la creciente competencia de otras ferias internacionales, contribuiría a la dimisión en 2008 del entonces director Gerard Goodrow. La presión del sector era evidente: prestigiosos galeristas de Colonia como Christian Nagel, Monika Sprüth y Daniel Buchholz denunciaban en una carta abierta que la feria había sufrido una pérdida de estatus considerable. En mayo de ese mismo año, el galerista Daniel Hug asumiría la dirección, quien desde entonces lleva dieciocho años al frente de la feria.
Casi veinte años después, Art Cologne regresa a Palma de Mallorca. ¿Qué ha cambiado en este tiempo? Por un lado, el sistema de ferias se ha globalizado, con una competencia cada vez más intensa entre Art Basel y Frieze, que marca el ritmo del mercado y relega al resto de propuestas de esta naturaleza a posiciones fundamentalmente regionales.
En este contexto, Art Cologne parece responder a la necesidad de ampliar su presencia mediante una estrategia de reterritorialización en un destino tradicionalmente favorable al coleccionismo alemán. No es casual, en este sentido, que de las 88 galerías participantes, 32 sean españolas y, de ellas, aproximadamente la mitad procedan de Mallorca, en línea con el enfoque defendido por su director, Daniel Hug, de reforzar el vínculo con las escenas locales y nacionales.
Por otro lado, también la escena artística mallorquina ha crecido notablemente, tanto en el plano institucional —con la consolidación de Es Baluard y la reciente apertura del centro de arte-galería Hauser & Wirth Menorca, además de las ya existentes fundaciones—, como en el galerístico, con la coexistencia de espacios históricos como Xavier Fiol o Kewenig y nuevas galerías como Florit Florit, Galería Fermay, Baró Galería y LA BIBI + REUS. Todo ello configura un ecosistema más sólido que el de 2007, a lo que hay que sumar la implantación del grado en Bellas Artes a partir de 2022 y una ubicación más céntrica en el Palau de Congressos de Palma.
¿Puede una feria histórica comoArt Cologne reinventarse a partir de una lógica más territorial? ¿Es Palma de Mallorca el escenario adecuado para esa transición o se trata más bien de la repetición de un modelo que ya no responde a las dinámicas actuales del sistema ferial? Solo el tiempo lo dirá.
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Art Cologne Palma: ¿reinvención o repetición?
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