Entonces construyeron una pequeña caja con la que pudiera mandar y recibir mensajes o crear recordatorios utilizando la voz. La llamaron “Ato”, el apodo con el que Juan se refería a su abuelo. El primer prototipo tomó alrededor de uno o dos meses y tenía apenas las funciones necesarias para comprobar si esa forma de comunicarse podía funcionar.
Durante una de las primeras pruebas, el proyecto tomó otro rumbo. El abuelo de Juan comenzó a preguntarle al dispositivo sobre música, futbol y autos. Ya no lo estaba utilizando únicamente para enviar un mensaje o pedir que le recordara algo.
aplicación para familiares desde la que pueden mandar mensajes, crear recordatorios, gestionar contactos y consultar cierta información sobre la actividad de ATO.política de privacidad que no guarda las grabaciones de audio y que las elimina después de procesarlas. Los familiares tampoco pueden leer las conversaciones. Algunos datos sí pueden conservarse como memoria a largo plazo para que ATO recuerde información relevante sobre la persona que lo utiliza. En entrevista, Habif explica que las conversaciones están cifradas y que la clave se genera en el propio dispositivo.El tiempo que algunas personas pasan hablando con la IA también sorprendió a sus creadores. Hay usuarios que mantienen conversaciones de más de media hora y algunos llegan a utilizar ATO durante dos horas al día.
“Hay casos en donde algunos usuarios tienen conversaciones mucho más largas y terminan charlando de la amistad, de cosas de historia un poco más profundas, de física”, cuenta Habif. “También denota mucho cómo el adulto mayor desea realmente poder compartir todo lo que fue aprendiendo y todo lo que fue experimentando a lo largo de su vida”.
De Argentina a Silicon Valley
Para seguir construyendo el dispositivo, Juan Cereigido y Gaspar Habif requerían de más recursos de los que podían obtener de su proyecto anterior. Consiguieron un primer inversionista en Argentina y después comenzaron a aplicar a programas de aceleración. Cereigido recuerda que enviaron solicitudes a más de una veintena de programas y recibieron varios rechazos.
En 2025, uno de estos finalmente los aceptó en San Francisco. La estancia iba a durar algunas semanas, pero terminaron desarrollando ahí nuevas versiones de ATO, consiguieron más inversión y la startup estableció su operación en Estados Unidos. Actualmente ensamblan los dispositivos desde una línea de producción instalada en San Francisco.
Agréganos a tus Fuentes Preferidas en Google para seguir nuestro contenidoArrowPara entender mejor ese entorno, Cereigido pasó varias semanas viviendo en una residencia para adultos mayores. “La única manera que tenemos de hacer eso es hablando con nuestros usuarios o conociendo a familias reales”, agrega Cereigido.
Más de 2,500 familias han utilizado ATO hasta el momento y el dispositivo ya cuenta con envíos internacionales. Sus fundadores aseguran que, durante los últimos doce meses, han llegado a más de 24 países.