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Cultura

Avelino Sala: «El capitalismo se autodestruirá porque morirá de éxito»

Avelino Sala: «El capitalismo se autodestruirá porque morirá de éxito»
Artículo Completo 2,351 palabras
Provoca Avelino Sala (Gijón, 1972) en CentroCentro una gran 'Tempestad': la originada de celebrar su primera individual en Madrid, pese a estar vinculado a la ciudad, y la de la polvareda de sacarle desde hace más de 20 años los colores al sistema con un trabajo que atiende tanto al contenido como a su forma. Primera colaboración de este espacio con LABoral, donde posteriormente viajará la cita, comisariada por su directora, Semíramis González, que el asturiano entiende como buen termómetro de sus intereses como artista. Noticia relacionada No No CRÍTICA DE: 'El pico al aire': Un claro en la mirada de Javier Garcerá Carlos Delgado Mayordomo—Primera muestra monográfica institucional en Madrid después de una dilatada carrera. ¿Sale caro ser artista madrileño o de Madrid?—No lo sé. Todos sabemos cómo es el contexto del arte y lo difícil de entrar en la institución. Sí que es verdad que yo tuve un parón de años en los que viví en Barcelona, pasé por la Academia de España en Roma … Fueron 13 años de desconexión. Eso ha podido influir. Quizás haya pues una causa de autoculpa en ello. E influye la casuística que determina el desarrollo de la carrera de un artista, que hace que las cosas llegan cuando llegan, sin más. —¿Cómo se aborda la oportunidad cuando llega?—Me hace muchísima ilusión, eso tengo que decirlo, porque además CentroCentro es un lugar estratégicamente situado, lo que aporta una visibilidad enorme. Lo que planteamos la comisaria y yo fue trabajar de manera muy natural con los discursos que llevo desarrollando ya casi 20 años. Casi todo es producción nueva, junto a piezas conocidas pero producidas de nuevo con una escala más ambiciosa, también condicionada por el espacio. —¿Hay un recorrido claro?—Conceptualmente, hablamos de las problemáticas de nuestro tiempo pero lo hacemos en un espacio difícil, de forma que lo que se ha pretendido es que cada pieza tenga su propio espacio y el espectador las pueda visitar como si fueran exposiciones individuales, como los capítulos de un libro. Jugamos con una luz tenue, paredes negras y rojas, para generar intimidad. Queremos que el visitante se pare a reflexionar frente a cada pieza pero que lo haga de forma íntima. En las imágenes, algunas de las instalaciones de 'La tempestad', de Avelino Sala en CentroCentro I. Gil—Repasando las diez instalaciones de la muestra se podría decir que es usted un artista político. ¿Qué entiende por arte político?—Yo creo que todo en la vida es un acto político, como elegir si llevas un jersey negro o azul. Pero no me gusta mucho lo de denominarme así. Creo que lo mío se define mejor como arte crítico; crítico con nuestro tiempo. Me gusta todo tipo de arte, la pintura, muchas cosas, peor a mí no me sale hacer otra cosa que no sea lo que hago. No me sale pintar marinas. Y el artista tiene cierta responsabilidad con su tiempo, y esa responsabilidad se traduce lanzándole piezas al espectador que le hagan ver la realidad desde otro punto de vista. En mi caso, sin olvidar la belleza, la relación en lo mío entre la forma y el mensaje. —La cita se llama 'La tempestad'. ¿En qué tempestad nos estamos introduciendo?—¡Hay tantas! Pero, mira: queríamos trabajar un título que funcionara como un eslogan, muy atractivo por un lado pero también fuerte. Hablando con la director,a salieron a colación 'La tempestad' de Giorgione, pero también la de Shakespeare. La pieza 'Un mundo feliz' hace referencia a la distopía de Huxley, que yo recreo con banderas, cuyo título a su vez se inspiró en 'La tempestad' del inglés. Luego, a la exposición, le hemos puesto un subtítulo: 'El jardín de los senderos que se bifurcan', homenaje a Borges, porque esa es la idea: que esto sea un pequeño laberinto a disposición del espectador en el que puedas ir repensando cuestiones. —Varias obras hacen alusión a los libros, fuente de conocimiento agotado para las nuevas generaciones. ¿Qué le interesa a usted de este 'objeto'?—Como objeto, el libro es un símbolo maravilloso. Podríamos decir que hoy están abocados a desaparecer. Y los míos son libros, por un lado, rescatados de mercadillos, comprados al peso, pero inutilizados. En ellos, el texto sale de su interior y se posa en la portada pero transformado en esculturas. ¿Y qué arma hay más poderosa que un libro? Las frases reproducidas en las cubiertas son eslóganes de manifestaciones. «No me gusta mucho lo de denominarme 'artista político'. Creo que lo mío se define mejor como arte crítico; crítico con nuestro tiempo»El grupo que va del blanco al negro se sirve de los utilizados en las manifestaciones del 'Black lives matter'. Los morados, de las del 8M y los naranjas de los 'Fridays for Future' del clima. Sus degradados generan una especie de ocaso que me interesa resaltar. Un principio y un final. —Rescata a dos escritoras, Pizarnik y Zambrano, para otros dos de los proyectos…—Yo trabajo mucho con el texto, que formalizo en obra. De Pizarnik me gusta el poema de la pieza porque condensa bien cierta idea de resistencia sin hacer nada, cuando quedarse inmóvil es un acto heroico. Me atrae vincular lo poético con lo político y esa era una manera de formalizarlo maravillosa. Por su parte, lo de María Zambrano en un vinilo que acompaña a la pieza 'Museo arqueológico de nuestro tiempo', con piedras recogidas en manifestaciones recientes, que se acompañan de su reflexión sobre la ruina, el fracaso y la pérdida. Completaba muy bien la obra. —Sobrevuela en la propuesta una idea de violencia asimilada o contenida, algo que caracteriza estos días. ¿Cómo se destila esto en su trabajo? —Más que violencia, yo usaría la palabra amenaza. Todo el rato estamos amenazados por algo. No hay más que echarle un ojo al telediario, lo que crea ansiedad. Por eso la expo, que tiene una doble entrada, comienza –o acaba– con esos cuchillos suspendidos o esos perros amenazadores. Me interesa la relación con las propias obras de arte porque ser artista es estar haciendo constantemente equilibrios, con carreras frágiles e inestables. —Eso nos lleva a hablar del silencio de la pieza '4', 33'' minutos de silencio de minutos de silencio'.—Esa pieza es un tríptico, un homenaje a Cage y a su pieza, que me parece sublime. Siempre me han llamado la atención esos gestos simbólicos que se reproducen en el vídeo, esos minutos de silencio que, a base de repetirlos tanto los vaciamos de contenido. De hecho, editando la pieza nos dimos cuenta de que nunca alcanzan el minuto exacto, hay prisa en acabarlos. Pertenecen a distintos actos porque no quería que se relacionaran con nada en concreto (fútbol, conciertos, momentos en el Congreso…) y se presentan en un tríptico porque el concierto de Cage tenía tres actos.—Habla de vaciar de contenido, pero cada vez tendemos a vaciar más de significado las palabra y hacer del lenguaje un arma más pobre.—Siempre me acuerdo, a tenor de esto, de la pieza de Daniel G. Andújar 'Democraticemos la democracia'. Ese es un término que hemos dejado en la raspa. Y eso aparece en una obra como 'Un mundo feliz', pues la bandera con las que compongo las letras de ese título son otro símbolo de alguna manera agotado. Ahí realizo un ejercicio de mezclarlo todo, mezclar todas las banderas de los países representados en la ONU, que hago emanar de cinco mástiles, los de los cinco países con derecho a veto. Eso da pie a una bandera final de mil colorines en la que no se entiende nada. El gran desgaste de los símbolos hace que estos no funcionen, resultado de su sobreexplotación. —¿Cuál es para usted la mayor contradicción del capitalismo?—¡Ostras! ¡Esa pregunta es muy difícil! Me alucina cómo el sistema es capaz de fagocitar hasta a sus críticos, de hacer uso de aquello de lo que se le acusa: y ahí tienes en pinkwashing, el greenwashing, el purplewashing… Eso sí que es apropiacionismo y no el del arte, que devuelve con grandes campañas de imagen en las que invierte un dineral para justificar por qué está destrozando el mundo. El capitalismo se acabará autodestruyendo. Nos está llevando a unos límites en los que dejará de funcionar porque morirá de éxito. —¿Y cómo debe responder el artista a un sistema capitalista del que es arte y parte en cuanto mercado?—Es algo que a mí no me genera contradicción. Somos profesionales y conscientes de que el artista tiene que poder vivir de vender su trabajo. La obra es tuya, pero cuando entra en la galería, adquiere otras dinámicas. Ellos son los que hacen ese ejercicio de mercado. Y parémonos a pensar del tanto por ciento tan ínfimo que puede vivir de su trabajo. Los artistas deberían vivir todos de su trabajo. Estamos dentro de un cierto capitalismo, no feroz, pero también capitalismo. —Es cierto que buena parte de las piezas de esta exposición son producciones nuevas. En ese sentido, esto no es una retrospectiva o expo de media carrera. ¿Resume bien su trayectoria o sus intereses han cambiado mucho?—Hace muchos años, en el cambio de siglo, trabajaba más desde lo autobiográfico. Eran aquellos proyectos sobre la espera en los que me iba a buscar olas donde no las había, en fuentes o en ríos. O aquellas piezas más objetuales, muy íntimas o autorreferenciales que no hablaban de cuestiones tan globales. Pero es la evolución profesional, que tiene que ver con tú posición con respecto al mundo, que hace que cambies.El artista con la pieza 'Violencia invisible' Ignacio Gil—Pero, ¿ha sido muy fiel a sus intereses? ¿Quizás hace 20 años hablaba de lo mismo de otra manera?—Yo creo que sí. Básicamente porque tienes que ser honesto contigo para hacer lo que haces. Si no es así, se nota. —Esto itinera luego a LABoral. ¿Crecerá allí la expo?—Se tiene que adaptar a ese lugar, que es inmenso. Ya lo es este. Así que tiene inevitablemente que crecer. Con piezas que teníamos en mente y que aquí era imposible ya hacerlas. No es solo por la escala, sino por la propia tipología del edificio. Allí usaremos la nave grande que genera vértigo. —En septiembre tiene previsto participar en un taller aquí en CentroCentro. ¿Qué es lo que quiere destacar?—No me ha dado aún mucho tiempo a pensar, pero sí que me gustaría analizar el listado de artistas políticos a lo largo de la Historia del Arte. Pero quiero también tener en cuenta el tipo de público que acudirá al taller. Si son estudiantes de Bellas Artes, me gustaría que me enseñaran ellos mismos lo que hacen… —¿Sigue editando «Sublime»? —Sí.arte_abc_0724 —¿Cuál fue y es la intención de ese proyecto editorial?—Pues han pasado más de 20 años del primer número. Éramos unos chavalines, allá por 2001. Ha pasado muchas etapas, la primera en Asturias con el apoyo de Caja Asturias y con la que estuvimos dos años. La idea era hacer una revista creada por artistas, lo que era muy bonito. Luego se incluyó la idea de incluirle fanzines que se regalaban… Tuvimos periodos buenos, otros peores, cambio de formatos, de socios, los PSJM… Luego paramos unos años, y hace seis o siete se unió Eugenio Merino y cambiamos de rotativa, compartiendo imprenta con ABC. Sacamos una revista cada año y medio o dos años, porque es un trabajo ingente entre dos personas. El último número lo hicimos junto a la Academia de España en Roma, que puso en marcha un proyecto de colaboración con ex becarios. Y le estamos metiendo mucho sentido del humor, algo inevitable al entrar Eugenio. Formato tabloide… Nos ponemos a hacerla y nos salen 120 páginas, y somos solo dos personas para todo…Avelino Sala 'La tempestad' Lugar: CentroCentro (Madrid) Dirección: Plaza de Cibeles, s/n Comisaria: Semíramis González Coproduce: LABoral de Gijón Duración: Hasta el 20 de septiembre—¿Y ahora qué?—Ahora estoy bajo el síndrome del nido vacío. Esto ha sido un mogollón de curro. Pero estoy ya preparando nuevas expos. En junio tengo una en la Fundación Díaz-Caneja relacionada con el medioambiente y el territorio, y he empezado a trabajar con una galería en Roma; en noviembre me estreno con ellos. Me iban a fichar antes de la pandemia, pero con el covid se estropeó todo. Ahora lo hemos retomado. Estoy contento con cómo me están saliendo las cosas.

Provoca Avelino Sala (Gijón, 1972) en CentroCentro una gran 'Tempestad': la originada de celebrar su primera individual en Madrid, pese a estar vinculado a la ciudad, y la de la polvareda de sacarle desde hace más de 20 años los colores al sistema con ... un trabajo que atiende tanto al contenido como a su forma.

Primera colaboración de este espacio con LABoral, donde posteriormente viajará la cita, comisariada por su directora, Semíramis González, que el asturiano entiende como buen termómetro de sus intereses como artista.

'El pico al aire': Un claro en la mirada de Javier Garcerá

—Primera muestra monográfica institucional en Madrid después de una dilatada carrera. ¿Sale caro ser artista madrileño o de Madrid?

—No lo sé. Todos sabemos cómo es el contexto del arte y lo difícil de entrar en la institución. Sí que es verdad que yo tuve un parón de años en los que viví en Barcelona, pasé por la Academia de España en Roma… Fueron 13 años de desconexión. Eso ha podido influir. Quizás haya pues una causa de autoculpa en ello. E influye la casuística que determina el desarrollo de la carrera de un artista, que hace que las cosas llegan cuando llegan, sin más.

—¿Cómo se aborda la oportunidad cuando llega?

—Me hace muchísima ilusión, eso tengo que decirlo, porque además CentroCentro es un lugar estratégicamente situado, lo que aporta una visibilidad enorme. Lo que planteamos la comisaria y yo fue trabajar de manera muy natural con los discursos que llevo desarrollando ya casi 20 años. Casi todo es producción nueva, junto a piezas conocidas pero producidas de nuevo con una escala más ambiciosa, también condicionada por el espacio.

—Conceptualmente, hablamos de las problemáticas de nuestro tiempo pero lo hacemos en un espacio difícil, de forma que lo que se ha pretendido es que cada pieza tenga su propio espacio y el espectador las pueda visitar como si fueran exposiciones individuales, como los capítulos de un libro. Jugamos con una luz tenue, paredes negras y rojas, para generar intimidad. Queremos que el visitante se pare a reflexionar frente a cada pieza pero que lo haga de forma íntima.

—Repasando las diez instalaciones de la muestra se podría decir que es usted un artista político. ¿Qué entiende por arte político?

—Yo creo que todo en la vida es un acto político, como elegir si llevas un jersey negro o azul. Pero no me gusta mucho lo de denominarme así. Creo que lo mío se define mejor como arte crítico; crítico con nuestro tiempo. Me gusta todo tipo de arte, la pintura, muchas cosas, peor a mí no me sale hacer otra cosa que no sea lo que hago. No me sale pintar marinas. Y el artista tiene cierta responsabilidad con su tiempo, y esa responsabilidad se traduce lanzándole piezas al espectador que le hagan ver la realidad desde otro punto de vista. En mi caso, sin olvidar la belleza, la relación en lo mío entre la forma y el mensaje.

—La cita se llama 'La tempestad'. ¿En qué tempestad nos estamos introduciendo?

—¡Hay tantas! Pero, mira: queríamos trabajar un título que funcionara como un eslogan, muy atractivo por un lado pero también fuerte. Hablando con la director,a salieron a colación 'La tempestad' de Giorgione, pero también la de Shakespeare. La pieza 'Un mundo feliz' hace referencia a la distopía de Huxley, que yo recreo con banderas, cuyo título a su vez se inspiró en 'La tempestad' del inglés. Luego, a la exposición, le hemos puesto un subtítulo: 'El jardín de los senderos que se bifurcan', homenaje a Borges, porque esa es la idea: que esto sea un pequeño laberinto a disposición del espectador en el que puedas ir repensando cuestiones.

—Varias obras hacen alusión a los libros, fuente de conocimiento agotado para las nuevas generaciones. ¿Qué le interesa a usted de este 'objeto'?

—Como objeto, el libro es un símbolo maravilloso. Podríamos decir que hoy están abocados a desaparecer. Y los míos son libros, por un lado, rescatados de mercadillos, comprados al peso, pero inutilizados. En ellos, el texto sale de su interior y se posa en la portada pero transformado en esculturas. ¿Y qué arma hay más poderosa que un libro? Las frases reproducidas en las cubiertas son eslóganes de manifestaciones.

«No me gusta mucho lo de denominarme 'artista político'. Creo que lo mío se define mejor como arte crítico; crítico con nuestro tiempo»

El grupo que va del blanco al negro se sirve de los utilizados en las manifestaciones del 'Black lives matter'. Los morados, de las del 8M y los naranjas de los 'Fridays for Future' del clima. Sus degradados generan una especie de ocaso que me interesa resaltar. Un principio y un final.

—Rescata a dos escritoras, Pizarnik y Zambrano, para otros dos de los proyectos…

—Yo trabajo mucho con el texto, que formalizo en obra. De Pizarnik me gusta el poema de la pieza porque condensa bien cierta idea de resistencia sin hacer nada, cuando quedarse inmóvil es un acto heroico. Me atrae vincular lo poético con lo político y esa era una manera de formalizarlo maravillosa. Por su parte, lo de María Zambrano en un vinilo que acompaña a la pieza 'Museo arqueológico de nuestro tiempo', con piedras recogidas en manifestaciones recientes, que se acompañan de su reflexión sobre la ruina, el fracaso y la pérdida. Completaba muy bien la obra.

—Sobrevuela en la propuesta una idea de violencia asimilada o contenida, algo que caracteriza estos días. ¿Cómo se destila esto en su trabajo?

—Más que violencia, yo usaría la palabra amenaza. Todo el rato estamos amenazados por algo. No hay más que echarle un ojo al telediario, lo que crea ansiedad. Por eso la expo, que tiene una doble entrada, comienza –o acaba– con esos cuchillos suspendidos o esos perros amenazadores. Me interesa la relación con las propias obras de arte porque ser artista es estar haciendo constantemente equilibrios, con carreras frágiles e inestables.

—Eso nos lleva a hablar del silencio de la pieza '4', 33'' minutos de silencio de minutos de silencio'.

—Esa pieza es un tríptico, un homenaje a Cage y a su pieza, que me parece sublime. Siempre me han llamado la atención esos gestos simbólicos que se reproducen en el vídeo, esos minutos de silencio que, a base de repetirlos tanto los vaciamos de contenido. De hecho, editando la pieza nos dimos cuenta de que nunca alcanzan el minuto exacto, hay prisa en acabarlos. Pertenecen a distintos actos porque no quería que se relacionaran con nada en concreto (fútbol, conciertos, momentos en el Congreso…) y se presentan en un tríptico porque el concierto de Cage tenía tres actos.

—Habla de vaciar de contenido, pero cada vez tendemos a vaciar más de significado las palabra y hacer del lenguaje un arma más pobre.

—Siempre me acuerdo, a tenor de esto, de la pieza de Daniel G. Andújar 'Democraticemos la democracia'. Ese es un término que hemos dejado en la raspa. Y eso aparece en una obra como 'Un mundo feliz', pues la bandera con las que compongo las letras de ese título son otro símbolo de alguna manera agotado. Ahí realizo un ejercicio de mezclarlo todo, mezclar todas las banderas de los países representados en la ONU, que hago emanar de cinco mástiles, los de los cinco países con derecho a veto. Eso da pie a una bandera final de mil colorines en la que no se entiende nada. El gran desgaste de los símbolos hace que estos no funcionen, resultado de su sobreexplotación.

—¿Cuál es para usted la mayor contradicción del capitalismo?

—¡Ostras! ¡Esa pregunta es muy difícil! Me alucina cómo el sistema es capaz de fagocitar hasta a sus críticos, de hacer uso de aquello de lo que se le acusa: y ahí tienes en pinkwashing, el greenwashing, el purplewashing… Eso sí que es apropiacionismo y no el del arte, que devuelve con grandes campañas de imagen en las que invierte un dineral para justificar por qué está destrozando el mundo. El capitalismo se acabará autodestruyendo. Nos está llevando a unos límites en los que dejará de funcionar porque morirá de éxito.

—¿Y cómo debe responder el artista a un sistema capitalista del que es arte y parte en cuanto mercado?

—Es algo que a mí no me genera contradicción. Somos profesionales y conscientes de que el artista tiene que poder vivir de vender su trabajo. La obra es tuya, pero cuando entra en la galería, adquiere otras dinámicas. Ellos son los que hacen ese ejercicio de mercado. Y parémonos a pensar del tanto por ciento tan ínfimo que puede vivir de su trabajo. Los artistas deberían vivir todos de su trabajo. Estamos dentro de un cierto capitalismo, no feroz, pero también capitalismo.

—Es cierto que buena parte de las piezas de esta exposición son producciones nuevas. En ese sentido, esto no es una retrospectiva o expo de media carrera. ¿Resume bien su trayectoria o sus intereses han cambiado mucho?

—Hace muchos años, en el cambio de siglo, trabajaba más desde lo autobiográfico. Eran aquellos proyectos sobre la espera en los que me iba a buscar olas donde no las había, en fuentes o en ríos. O aquellas piezas más objetuales, muy íntimas o autorreferenciales que no hablaban de cuestiones tan globales. Pero es la evolución profesional, que tiene que ver con tú posición con respecto al mundo, que hace que cambies.

—Pero, ¿ha sido muy fiel a sus intereses? ¿Quizás hace 20 años hablaba de lo mismo de otra manera?

—Yo creo que sí. Básicamente porque tienes que ser honesto contigo para hacer lo que haces. Si no es así, se nota.

—Esto itinera luego a LABoral. ¿Crecerá allí la expo?

—Se tiene que adaptar a ese lugar, que es inmenso. Ya lo es este. Así que tiene inevitablemente que crecer. Con piezas que teníamos en mente y que aquí era imposible ya hacerlas. No es solo por la escala, sino por la propia tipología del edificio. Allí usaremos la nave grande que genera vértigo.

—En septiembre tiene previsto participar en un taller aquí en CentroCentro. ¿Qué es lo que quiere destacar?

—No me ha dado aún mucho tiempo a pensar, pero sí que me gustaría analizar el listado de artistas políticos a lo largo de la Historia del Arte. Pero quiero también tener en cuenta el tipo de público que acudirá al taller. Si son estudiantes de Bellas Artes, me gustaría que me enseñaran ellos mismos lo que hacen…

—¿Cuál fue y es la intención de ese proyecto editorial?

—Pues han pasado más de 20 años del primer número. Éramos unos chavalines, allá por 2001. Ha pasado muchas etapas, la primera en Asturias con el apoyo de Caja Asturias y con la que estuvimos dos años. La idea era hacer una revista creada por artistas, lo que era muy bonito. Luego se incluyó la idea de incluirle fanzines que se regalaban… Tuvimos periodos buenos, otros peores, cambio de formatos, de socios, los PSJM… Luego paramos unos años, y hace seis o siete se unió Eugenio Merino y cambiamos de rotativa, compartiendo imprenta con ABC.

Sacamos una revista cada año y medio o dos años, porque es un trabajo ingente entre dos personas. El último número lo hicimos junto a la Academia de España en Roma, que puso en marcha un proyecto de colaboración con ex becarios. Y le estamos metiendo mucho sentido del humor, algo inevitable al entrar Eugenio. Formato tabloide… Nos ponemos a hacerla y nos salen 120 páginas, y somos solo dos personas para todo…

—Ahora estoy bajo el síndrome del nido vacío. Esto ha sido un mogollón de curro. Pero estoy ya preparando nuevas expos. En junio tengo una en la Fundación Díaz-Caneja relacionada con el medioambiente y el territorio, y he empezado a trabajar con una galería en Roma; en noviembre me estreno con ellos. Me iban a fichar antes de la pandemia, pero con el covid se estropeó todo. Ahora lo hemos retomado. Estoy contento con cómo me están saliendo las cosas.

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Avelino Sala: «El capitalismo se autodestruirá porque morirá de éxito»

Avelino Sala: «El capitalismo se autodestruirá porque morirá de éxito»

Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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