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Benicasim, un pequeño Biarritz entre naranjos y el Mediterráneo

Benicasim, un pequeño Biarritz entre naranjos y el Mediterráneo
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Las villas modernistas conviven con promociones para vivir todo el año. Leer
DESTINOS CON HISTORIABenicasim, un pequeño Biarritz entre naranjos y el Mediterráneo
  • IGNACIO DELGADO Barcelona
Actualizado 21 AGO. 2026 - 13:41Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Las villas modernistas conviven con promociones para vivir todo el año.

Vista aérea de una de las playas de Benicasim, la de Voramar, con las villas modernistas, el paseo marítimo y otras construcciones más recientes.Dreamstime

Villas modernistas, playas y naturaleza dibujan un paisaje que hace poco más de un siglo se convirtió en sinónimo de veraneo. Se trata de Benicasim, en la provincia de Castellón y que, durante décadas, fue conocida como el Biarritz del Mediterráneo. Benicasim es, junto a Peñíscola, uno de los grandes reclamos turísticos de la Costa del Azahar, que toma su nombre de la aromática flor del naranjo, cuyo cultivo está muy arraigado en la zona desde tiempos inmemoriales. Lo introdujeron los árabes, y precisamente, los expertos creen que el nombre de la localidad procede de uno de los principales linajes de la península durante la etapa andalusí, los Banu Qasi o Beni Casi.

EXPANSIÓN

Se trata de una construcción que se edificó en el siglo X sobre unos restos de origen romano, y donde vivió esta familia. En 1094 fue conquistada por el Cid Campeador, pero poco después la recuperaron los almorábides. En 1234, la localidad pasó a integrarse de manera definitiva en la Corona de Aragón, aunque como en otras localidades de la costa, la población menguó por los constantes ataques y saqueos de corsarios.

La situación cambió a finales del siglo XIX, mientras el ingeniero Joaquín Coloma Grau supervisaba las obras de mejora del trazado de la vía ferroviaria que discurre junto al mar. Necesitaba un lugar para poder descansar y decidió edificar una villa, que tomó el nombre de su mujer, Pilar. Se financió con la dote de 15.000 pesetas que aportó la esposa.

Llegan los veraneantes

Otras familias de la burguesía valenciana y castellonense siguieron su ejemplo y alzaron otras fincas modernistas, que siguen marcando parte del paisaje de la localidad junto a la arena de sus siete kilómetros de costa. En ellos hay cinco playas, todas distinguidas con la bandera azul: L'Almadrava, Torre de Sant Vicent, Els Terrers, Heliópolis y Voramar.

Voramar desde otro ángulo con el Hotel Voramar en primer término.Wikimedia Commons

Esta última da nombre a uno de sus hoteles más célebres de la localidad, que abrió en 1933. El selecto establecimiento inspiró al periodista y escritor castellonense Manuel Vicent (1936), quien veraneaba en la localidad y cuya novela León de ojos verdes transcurre en el establecimiento. El complejo acogió un hospital militar durante la Guerra Civil, y luego fue residencia del Auxilio Social y de la Sección Femenina durante los primeros años del franquismo. La familia Pallarès, que fundó el negocio, recuperó su gestión en los años cincuenta, en los que empezó a cambiar para siempre toda la costa de Castellón con el turismo de masas.

Al otro lado de la franja costera aparece un paisaje diferente. El Parque Natural del Desierto de Las Palmas se extiende por el interior del municipio, mientras la Vía Verde del Mar aprovecha el antiguo trazado ferroviario hasta la vecina localidad de Oropesa del Mar. La combinación de mar, montaña y espacios naturales ha contribuido a ampliar el atractivo de la localidad más allá de verano, así como la oferta cultural, que tiene en el festival de música FIB su principal punto fuerte.

EXPANSIÓN

La desestacionalización está contribuyendo a transformar Benicasim. Para Juan Luis Herrero, consultor de Dils Lucas Fox en Valencia, su atractivo está en su margen de recorrido frente a otras localidades del litoral de la Comunidad Valenciana. "Es un mercado con un importante potencial de crecimiento", señala, al tiempo que destaca la combinación de costa, paisaje y naturaleza del municipio.

"Estamos viendo una evolución progresiva desde un destino tradicionalmente vacacional hacia un enclave residencial cada vez más estable, con mayor interés por vivir en la zona de forma permanente". La disponibilidad de servicios durante todo el año y la extensión de su costa son los factores que más contribuyen a este cambio de paradigma, explica el inversor inmobiliario Carlos Figueira. Detalla que la demanda está cada vez menos vinculada a la temporada estival y más orientada a la residencia permanente.

EXPANSIÓNEXPANSIÓN

Mercado en efervescencia

Esta transición ya se refleja en los precios. Según el portal inmobiliario Indomio, el metro cuadrado alcanzó el pasado julio un importe medio de 2.848 euros, un 8,12% más que doce meses atrás.

La diferencia entre zonas es notable, ya que en las playas de Torre de Sant Vicent y Almadrava, llega a 4.239 euros por metro cuadrado. En la de Voramar, el promedio es de 4.013 euros. El repunte coincide con un fuerte crecimiento que está viviendo toda la costa de Castellón, con un crecimiento interanual del 14,5%, según Fotocasa.

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Fuente original: Leer en Expansión
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