El 6 de agosto tuvieron que dejar sus casas atrás a toda prisa porque el incendio que se había iniciado en el vecino término municipal de Niebla se acercaba peligrosamente al pueblo. Cuando regresaron, 8 días después, se encontraron un paisaje totalmente ennegrecido por una alfombra de cenizas. Las casas se habían salvado pero todo a su alrededor era desolación. Este lunes, los vecinos de Berrocal han celebrado una suerte de asamblea general mientras la corporación municipal -con su alcalde, Ángel Luis Romero, al frente- aprobaba una solicitud dirigida al Gobierno y a la Junta de Andalucía para que activen todas las ayudas vinculadas a las zonas afectadas por desastres naturales. Berrocal está dispuesto a volver a empezar de cero para recuperar su entorno natural, como ya hizo hace tras el incendio, también catastrófico, de 2004.
"Hay que volver a sembrar. Nosotros no vamos a ver crecidos los alcornoques y las encinas que plantemos ahora, porque esos árboles necesitarán 40 años para tener el porte de los ejemplares que se han quemado. Pero tenemos que hacerlo por los que vienen detrás. Porque, si tiramos la toalla, Berrocal morirá como han muerto tantos otros pueblos por la despoblación", afirma Juan Romero, un veterano ecologista residente en este municipio de la comarca minera de Huelva, que vivió ya la pesadilla del fuego en 2004 y confía en que las administraciones trabajen de la mano de los hombres y mujeres del entorno para no cometer los errores que condenaron al fracaso los trabajos que se realizaron entonces. "La regeneración del entorno tiene que hacerse con empresas y mano de obra de la comarca. Porque, de lo contrario, los pequeños negocios acabarán desapareciendo. No se trata sólo de replantar y reponer lo quemado, sino de darles a las gentes de Berrocal una oportunidad de empleo para que no se cierre el pueblo", insiste Juan Romero.
Tras recorrer durante los últimos días los bosques calcinados (el 90% de la superficie forestal del término municipal ha ardido), Juan Romero ha observado zonas completamente arrasadas en las que el fuego ha achicharrado incluso las raíces, provocando enormes agujeros en el terreno. Pero también hay zonas de umbría más profundas que se han convertido en "islas verdes" desde donde puede arrancar la regeneración natural del terreno.
El peligro ahora llegará de la mano de las lluvias que, si caen de forma torrencial, pueden arrastrar las cenizas y contaminar acuíferos y riberas, como ya ocurrió tras el incendio 2004. Por eso, apunta Romero, la prioridad es retirar los árboles quemados y crear barreras para evitar la erosión del suelo. "Si se actúa bien, es fácil que podamos ver brotar de nuevo la jara y el brezo en la próxima primavera, pero otra cosa es el ciclo de vida de un alcornoque o una encina, que requiere de décadas de seguimiento para que su plantación tenga éxito".
"Como hemos repetido en numerosas ocasiones, el verdadero drama empieza cuando se acaban las llamas", afirmaba ante sus vecinos este lunes el alcalde de Berrocal, quien reclamó una reconversión del modelo forestal del entorno, con la "reducción progresiva del cultivo del eucalipto en favor de la restauración con especies nativas productivas como el alcornoque, el pino piñonero, la encina y el algarrobo".
El alcalde insistió en que la supervivencia de Berrocal depende de que todas las administraciones trabajen en favor de la creación de un nuevo tejido productivo en la comarca: "Si con la despoblación ya estamos tocados de muerte, como no trabajemos en pro de un futuro a corto, medio y largo plazo, no va a quedar aquí ni el apuntador", afirmó.