"Están privatizando la Sanidad". Esta frase se ha convertido en un lema o mantra que esconde un problema: una mala gestión de los recursos. "La sanidad pública es uno de los mayores logros colectivos de nuestro país. No podemos ponerla en riesgo por decisiones equivocadas, por fanatismo ideológico, o por falta de prioridades". Pedro Sánchez pronunciaba estas palabras en el acto conmemorativo del 40º aniversario de la Ley General de Sanidad.
Desde el Ejecutivo de Sánchez, en estos últimos años (desde 2018) se defiende un incremento del 30% en las partidas de sanidad y se han transferido a las autonomías unos 300.000 millones de euros más de lo que hizo la administración previa para que estas lo dediquen al Estado del Bienestar. Sin embargo, este esfuerzo no se nota en la calle. En 2025, el Barómetro Sanitario puso la peor nota a la Sanidad de la serie histórica: 6,02, que de forma provisional en la primera ola de 2026 sube a 6,12.
Y sí, la sanidad forma parte de la preocupación de los españoles, sobre todo el retraso existente para ser atendidos: más de una semana de media en atención primaria y más de tres meses en el especialista. Los datos oficiales recogidos por el Ministerio de Sanidad hasta diciembre de 2025 reflejaban una nueva subida con respecto al año anterior: 4.925.648 pacientes en total, 853.509 para una cirugía y 4.072.139 para ver al especialista. Esta situación se ha convertido en un problema crónico en el sistema sanitario, ya que los tiempos de espera medios superan los tres meses: 121 días de media para una operación y 102 para la consulta con un especialista. Hay que subrayar que un 21,6% de los pacientes incluidos en la lista de espera aguardan más de seis meses.
Con el fin de conseguir asistencia médica, los seguros privados están subiendo. Y eso se interpreta como un desembarco de pacientes hacia un lado. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. En nuestro país, tres de cada diez españoles tienen un doble aseguramiento. Según el observatorio del sector sanitario privado publicado por la Fundación IDIS, el sector ha crecido un 35% en los últimos cinco años.
Evolucion del numero de aseguradosPero esa "privatización del sistema" también sucede entre los profesionales sanitarios. No se trata de compatibilizar el ejercicio en ambos sectores (casi un 40% lo hace), sino decantarse por el privado o ninguno. Los médicos también huyen, "o somos expulsados", matiza Susana Manso, hacia la sanidad privada. La salida definitiva de esta doctora especializada en Medicina de Familia y Comunitaria y Radiodiagnóstico se produjo recientemente, "cuando renuncié a mi plaza en Castilla y León". Una decisión que llega "tras permanecer 20 años con contratos eventuales, porque te das cuenta de que, si eso no es normal, tampoco lo es asumir 20 años de maltrato".
Manso recoge la historia de muchos médicos: contratos eventuales prolongados, falta de apoyo ante conflictos jerárquicos, decisiones administrativas rígidas y una cultura profesional que empuja a aguantar.
En el reciente análisis presentado de forma independiente por la Fundación Gaspar Casal, Hacia un Pacto de Estado por la Salud: Informe de Evaluación del Sistema Nacional de Salud, se recoge esta situación enmarcada en el contexto actual: "La actual crisis asistencial evidencia que las herramientas de dirección son insuficientes si el nuevo Estatuto Marco no resuelve la anomalía de la 'jornada complementaria', un régimen de guardias obligatorio y precarizado que penaliza al facultativo frente a otros sectores esenciales".
De esto surge que "la sobrecarga crónica, sumada a una retribución de la guardia inferior a la hora ordinaria y a la desprotección técnica en el cómputo de la jubilación, ha cronificado un desgaste profesional (burnout) crítico que anula la docencia de los residentes y acelera la fuga de talento hacia la privada o el extranjero", recoge el análisis.
"Ahora mismo una plaza fija es una jaula de oro; porque encima eso supone que tienes que trabajar más", denuncia Manso, haciendo mención a las horas extras, a las guardias y a la suma de responsabilidades sin obtener nada a cambio. Porque, como la médica de familia y radióloga advierte, "ahora los médicos que se decantan por la privada asumen que es la solución a sus problemas", pero habrá otros, como el precio al que se paga la consulta o mantener como autónomos a los médicos; ya que en este terreno hay un equilibrio complicado entre la lógica del negocio, que a veces tiene difícil encaje con la atención sanitaria, añaden los expertos consultados. Pero "puede suponer una vía de escape rápida tras haber estado en un entorno tóxico, recuperar la autonomía y reducir el maltrato laboral".
Rosa Montaña va más allá: «Mi marido y yo nos fuimos completamente del sistema. Él, que es neurólogo, también dejó su plaza hace cinco años. Actualmente nos dedicamos a algo totalmente distinto. Yo soy mentora de negocios y estratega de ventas. Aplico lo aprendido en la medicina de urgencias a las estrategias de negocio y potenciación personal y profesional».
Ella dejó su plaza de medicina de familia y urgencias hospitalarias tras 13 años ("tengo una excedencia desde hace 11 años"), porque el sistema es demasiado rígido. "Tener una plaza fija no te da estabilidad, sino todo lo contrario. Es una incertidumbre porque representa un techo de crecimiento limitador donde no puedes crecer más", subraya, mientras recuerda que "las condiciones en las que ejerces no son buenas para nadie: te citan tres pacientes a la misma hora, atiendes casos en bucle en las urgencias y da igual en qué condiciones estés... No puedes trabajar en un sistema que no te deja ejercer bien a sus profesionales y en el que planteas cambios y soluciones y llegas a escuchar literalmente la frase: 'Mira, Rosa, prefiero que se muera un paciente a que tú des guerra'".
Ellas ponen cara y voz a una situación cada vez más habitual, pero que se queda en los chats privados y redes sociales donde el anonimato ayuda a "que no haya represalias", insiste Manso. "Muchos hemos renunciado a gran parte de nuestra vida personal por este trabajo en el que se ha confiado en que la vocación lo sostenía todo. Y ahora se ha visto que no es así. Tras la pandemia de la COVID-19, el problema se ha agudizado". La médica de familia y radióloga desea que "no hayamos llegado a un punto en el que se haya vuelto irreversible". La ex médica de urgencias lamenta que esa vocación que parece sostenerlo todo «ya no se llama así, sino una suerte de esclavitud aceptada por el profesional para no dejar desamparado al paciente que tiene delante».
Montaña también aborda uno de los mantras que sirve para justificar todos los sobreesfuerzos que se exigen a los médicos: "Las necesidades del servicio". Esta frase es uno de los motivos detrás de las huelgas y las protestas contra el borrador del nuevo Estatuto Marco que defiende Mónica García. "Esto es un comodín donde no importa el médico ni tampoco el paciente; solo importan las necesidades estratégicas de la dirección para facilitarse las cosas".
También, desde la Fundación Gaspar Casal, se propone cómo abordarlo: "Para evitar que el conflicto se enquiste en una desafección irreversible que hunda la sanidad pública, los nuevos gestores necesitan que el Ministerio y las CCAA articulen, junto a los sindicatos médicos, una hoja de ruta a cinco años; un plan de choque que sustituya la actual estrategia de desgaste por un marco normativo que dignifique la jornada, homogeneice las rentas territoriales y devuelva la motivación y la salud laboral a los profesionales".
Esa sobrecarga crónica se materializa incluso en denuncias de los profesionales. "No suele ser lo habitual, porque la gente no quiere llegar a ello. Pero en algunos casos se llega a pedir la intercesión de la Justicia". Eduardo Gea Expósito, delegado del Sindicato Médico de Granada, cuenta el caso del peregrinaje de una médica hasta conseguir que un Tribunal de Instancia de Granada condenara al Servicio Andaluz de Salud (SAS) a indemnizar con casi 25.000 euros. La profesional denunció que la carga de trabajo, con una media de pacientes por encima de lo pactado, vulneró sus derechos fundamentales y afectó a su salud. "El SAS no había reconocido la crisis de ansiedad sufrida por la doctora durante su jornada como accidente laboral", explica Gea.
Uno de cada cuatro médicos en España sufre burnout derivado del desempeño de su trabajo. Un estudio llevado a cabo desde la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) ha analizado esta situación mediante el metaanálisis de 67 estudios en los que habían participado más de 16.000 médicos. Vicente Ortún, economista de la salud y profesor emérito de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, escribe en el editorial que acompaña la publicación del trabajo que "el burnout en profesionales sanitarios es un epifenómeno de la organización sanitaria". Ortún añade: "Se trataría de cambiarla para que no se convierta en una fábrica de agotamiento y desgaste profesional".