El histórico terrorista lleva más de treinta años preso. En esta inusual entrevista, en la cárcel donde cumple cadena perpetua en Francia, no muestra el más mínimo arrepentimiento.
El Chacal, con sus características gafas oscuras en los años setenta. Regala esta noticia Añádenos en GoogleJoby Warrick
24/09/2026 a las 12:57h.Bien entrado en los setenta y tres décadas después de su encarcelamiento en una prisión francesa, este hombre todavía sabe cómo hacer una entrada triunfal. ... Crece el murmullo a lo largo del pasillo mientras el preso número 11939, despacio pero erguido, camina desde su celda hasta el vis a vis. Se giran las cabezas al oír su voz, preservado su tono de barítono, si bien más ronco de lo que nos remite la memoria.
Carlos, en 1990 con su primera esposa, la terrorista alemana Magdalena Kopp, y la hija de ambos, Elba Rosa. El Chacal fue capturado tres años después.Ilich Ramírez Sánchez, su verdadero nombre, fue condenado por el asesinato o intento de asesinato de decenas de ciudadanos franceses, delitos de los que jamás ha mostrado arrepentimiento. Como periodista que lleva dos décadas escribiendo sobre terrorismo, quería reexaminar su violenta trayectoria para, lejos de glorificarlo, comprender las fuerzas que lo moldearon en un momento crucial de la historia de los movimientos terroristas.
Conversaciones clandestinas
Tras aceptar múltiples restricciones –nada de cámaras o equipos de grabación, compromiso de no publicar una entrevista literal que le sirva de plataforma...– pude pasar con él algo menos de 90 minutos. Sin embargo, además de mis notas, tuve acceso a las transcripciones de las casi doce horas de conversaciones telefónicas grabadas a escondidas entre el Chacal y el cineasta israelí Yaron Niski, registradas a lo largo de varias semanas con ayuda del abogado del condenado.
«Deberían haberme matado cuando era adolescente. Dios me ha protegido. Alá me ha protegido. Y sigo vivo»
Trasladado de una prisión francesa a otra durante años, pasa hoy sus días en una celda cómoda pero solitaria. Recibe pocas visitas y sus principales compañeros son los guardias y reclusos, incluidos jóvenes que apenas tienen una idea vaga de quién es. La falta de interacción social se hace notar. Carlos se repite y, a veces, pierde el hilo cuando relata historias de hace años; hay detalles que su mente septuagenaria no logra recuperar.
París, 1974. Atentado en el bulevar Saint-Germain, con dos muertos y decenas de heridos, obra del Chacal.El olvido, sin embargo, siempre le ha resultado conveniente. En el primer juicio tras su detención, el 14 de agosto de 1994, aseguró no recordar nada sobre el asesinato de dos policías y un informante en 1975, momento en que el criminal venezolano se ganó su célebre apodo. En dos juicios posteriores replicó de igual modo al ser cuestionado sobre el lanzamiento de una granada en un centro comercial en 1974 y sobre una campaña de atentados en Europa Occidental y el Líbano tras la detención de dos miembros de su grupo, en 1982.
Tras el secuestro de la OPEP, Carlos, con abrigo y boina, sella en Argel su huida con el ministro de Exteriores argelino Abdelaziz Bouteflika.Apenas queda rastro físico de aquel militante audaz y desafiante que, el 21 de diciembre de 1975, lideró el asalto de seis terroristas a la conferencia de la OPEP en Viena y, tras matar a tres personas y tomar 62 rehenes, se aseguró un lugar en la historia. Nunca había ocurrido algo semejante. La imagen de Carlos, de 26 años, con chaqueta de cuero y boina ladeada en calculado émulo del Che Guevara recorrió el mundo.
Tres muertos, pero siento las molestias
Después del asalto, en el que fallecieron tres personas: un policía austriaco, el delegado libio y un funcionario, Carlos pidió disculpas a los rehenes por las molestias y, tras dejar su subfusil sobre una silla, empezó a repartir cigarrillos mientras sus compañeros colocaban cargas explosivas. Se dirigió a los rehenes en inglés, francés, árabe y español. Cuando una joven secretaria se puso a llorar, el terrorista se inclinó hacia ella y le dijo: «Eres demasiado hermosa para morir. Puedes irte a casa». Y eso hizo, corriendo. Con una serenidad pasmosa, el verdugo de sangre fría resultó ser un anfitrión encantador. En un momento dado se dirigió a sus prisioneros: «¡Soy el famoso Carlos! Sabéis quién soy». Sin embargo, aún no era tan famoso. Por si acaso, eso sí, hubo quien entre los rehenes le pidió un autógrafo.
En 2001, El Chacal demandó a un juez por hablar sobre él con un periodista. La abogada Isabelle Coutant-Peyre, que asumió su defensa en 1997 y, en 2001 se casó con él en prisión bajo el rito musulmán; en la imagen, en 2011. En 2013 compareció en el juzgado por lanzar insultos antisemitas a un agente penitenciario..Autoproclamado todavía como un revolucionario, Carlos es, en esencia, un criminal narcisista. Mataba sin remordimientos, a menudo de forma gratuita. Su crueldad procedía de una mente que ansiaba la fama y una vida de lujo y desenfreno. Así resume hoy la esencia de su ideario: «Pensé que me matarían. Deberían haberme matado cuando era un adolescente. Empecé a pensar: hay algo por encima de todos nosotros. Eso es todo. Dios me ha protegido. Alá me ha protegido. Y sigo vivo».
El Chacal se sume de nuevo en sus pensamientos y la visita llega a su fin. Llega un guardia, pero la escolta es pura formalidad; no hay posibilidad de que intente escapar. Al salir del vis a vis, se vuelve hacia un guardia para dedicarle un viejo saludo marxista: el puño en alto. Luego regresa a su celda arrastrando los pies, con una sonrisa nacida de algún recuerdo lejano.
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