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Política

Causas para un batacazo de España en PISA: de las pantallas al currículo del "bienestar" y las "emociones"

Causas para un batacazo de España en PISA: de las pantallas al currículo del "bienestar" y las "emociones"
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El Gobierno no ha dado cuentas del prometido refuerzo de Matemáticas y Lectura Leer

El informe PISA se publica hoy en un contexto de pánico generalizado en las comunidades autónomas, que han respetado el embargo de los resultados exigidos por la OCDE pero han dado a entender con su inquietud que los datos van a ser muy malos. La única tranquila es Castilla-La Mancha, pues su presidente, Emiliano García-Page (PSOE), confió ayer en lograr un buen posicionamiento, «por encima de la media».

En cualquier caso, la historia de España en PISA es la de un declive constante desde hace una década. Los resultados ya fueron bastante malos en 2022 y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se apresuró a anunciar entonces un plan de refuerzo en Matemáticas y Lectura -es decir, una vuelta a los básicos de la enseñanza tradicional- del que no se han rendido cuentas.

Por otro lado, la educación ha estado desaparecida del debate político durante toda la legislatura tanto por parte del Gobierno como por parte de los partidos de la oposición. Y eso incluye a las 12 autonomías con gobiernos en donde está el PP, un partido que no ha sido capaz de consensuar su prometida Selectividad común en toda España.

El contexto de los datos que se darán a conocer hoy es el siguiente: con la llegada del Covid, el Gobierno rebajó la exigencia permitiendo pasar de curso y lograr el título de la ESO sin límite de suspensos. Iba a ser una «situación excepcional» sólo durante la pandemia, pero la dispensa se cronificó al recogerse en la Lomloe aprobada en diciembre de 2020. Se supone que también se iban a recuperar los contenidos que no se hubieran impartido durante el cierre de colegios, tal y como prometió entonces Alejandro Tiana, número dos de la ministra Isabel Celaá, pero nunca llegó a hacerse.

Esta cohorte de alumnos que fue evaluada en 2025, cuando tenía 15 y 16 años, es la que ahora pasa a 2º de Bachillerato. Cuando hicieron el examen se encontraban en 4º de la ESO. Fue una generación que experimentó en primera persona la flexibilidad postCovid cuando estaba finalizando la Primaria y pasaba a una nueva Secundaria con menos memorización, más aprendizaje por proyectos, más situaciones de aprendizaje y más evaluación cualitativa. «Una ESO primarizada», según la Fundación Episteme y el Observatorio Crítico de la Realidad Educativa (OCRE), organizaciones surgidas en los últimos años en Cataluña, el laboratorio de pruebas de la Lomloe.

Estos estudiantes quinceañeros analizados en PISA durante 2025 cursaron 3º y 4º de la ESO con un currículo Lomloe, que, en vez de favorecer la memorización de contenidos concretos, aboga por la importancia de las actitudes y valores del alumno. Son cosas que están bien, pero difíciles de medir ¿Y qué ocurre si un alumno es de sobresaliente pero es poco empático y no está suficientemente concienciado con el medio ambiente? Que le perjudica.

Por ejemplo, en la asignatura de Matemáticas de 4º de la ESO, el currículo estatal, publicado en el BOE, establece como competencia exigida «desarrollar destrezas sociales reconociendo y respetando las emociones y experiencias de los demás, participando activa y reflexivamente en proyectos en equipos heterogéneos con roles asignados, para construir una identidad positiva como estudiante de Matemáticas, fomentar el bienestar personal y grupal y crear relaciones saludables».

«Van felices al colegio, pero no hacen nada útil», resume el filósofo y pedagogo Gregorio Luri. «El modelo competencial no nos va a ayudar a salir de aquí. No hay formas de evaluar esto ¿Por qué hay que valorar positivamente en Matemáticas que el alumno sepa trabajar en equipo?».

Luri considera que «la escuela como lugar de aprendizaje ha perdido protagonismo» con este currículo, que sigue una tendencia internacional a priorizar lo que se llama el wellbeing, el bienestar emocional. Aunque la paradoja es que, pese a ello, los niños y adolescentes reportan más problemas de salud mental que nunca.

Todas estas innovaciones han implicado más trabajo a los profesores, que han multiplicado su burocracia porque tienen que rellenar infinidad de rúbricas para hacer una evaluación que no sólo sea numérica, sino cualitativa. Los docentes se sienten maltratados por tener que hacer de psicólogos y enfermeros de los alumnos y cada vez son más los que definen la escuela como «un lugar asistencial», en vez de un lugar de aprendizaje, según han denunciado sindicatos como CSIF o Anpe.

Para complicar más las cosas, el Gobierno ha demorado todo lo que ha podido su reforma de la carrera docente, que en teoría iba a mejorar la formación y la valoración de los profesores, uno de los factores que más contribuye a mejorar los resultados de los alumnos.

Y luego está el debatido asunto de las pantallas y su efecto en el aprendizaje. En PISA 2022, la OCDE ya deslizó alguna advertencia, a pesar de su optimismo tecnológico. Dio a entender que distraían a los alumnos, aunque todo dependía del uso. Eso sí, a partir de tres horas al día incluso con fines educativos bajaba el rendimiento. PISA 2025 va a ser el examen que por primera vez mida la irrupción de la Inteligencia Artificial en la vida de los adolescentes.

"Valor para la sociedad"

Los currículos de la ESO incluyen cuestiones muy abstractas, subjetivas y difíciles de evaluar. El alumno de 15 años debe hacer proyectos científicos que ayuden a la «mejora de la sociedad».

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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