Lunes, 07 de septiembre de 2026 Lun 07/09/2026
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Política

Ceuta y el rechazo a las familias

Ceuta y el rechazo a las familias
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Encerrar a las familias en barrios, restaurantes, parques y vagones para niños dice bastante más de una sociedad crepuscular que de unos padres incompetentes Leer

Este agosto se generó un interesante debate a propósito de un artículo de Ana Iris Simón en El País sobre los hoteles Adults only. Un eufemismo, decía, para no llamarlos hoteles que prohíben la entrada de niños, que es una cosa mucho más fea. El suyo me recordó otro en The New Yorker que llevaba el consistente título de The end of children (El final de los niños). Se hacía allí un compendio del fenómeno global del desplome de la natalidad, pero lo más interesante era la parte del reportaje en Corea del Sur, el país con menor natalidad del mundo. Relataba el autor que en sus conversaciones con jóvenes coreanos era evidente que el rechazo a los niños está generalizado. El resultado es un país en el que gran parte de la población censura cualquier espacio en el que haya niños, hay carteles en cafés y restaurantes en los que se especifica que está prohibida su entrada y están generalizados en la jerga local términos como mom-chung, que es una forma literal de llamar bichos a las mujeres con hijos ruidosos.

Corea nos suena lejos, pero en el debate en España se ha comprobado que el rechazo a los niños y las familias está extendido, es bastante transversal e incluye todos los tópicos, desde el supuesto derecho a que nadie te moleste en un restaurante o un tren, al recurrente los padres de ahora no educan a los niños, una tontería como otra cualquiera. Los padres educan a sus hijos, quizá con mayor preocupación y dedicación que nunca, y lo que hay delante es una sociedad que se va coreizando al mismo ritmo con el que deja de tener descendencia. En la población más envejecida pero a la vez más infantilizada de la historia, la tendencia natural es querer tener 25 años todo el tiempo y criar niños complica demasiado la vida: consumen tu energía, tus recursos y tu tiempo, y te hacen estar más feo y más fea. Pero aun así hay gente que los sigue teniendo y encerrar a las familias en barrios para niños, restaurantes para niños, parques para niños, hoteles para niños y vagones de tren para niños dice bastante más de una sociedad crepuscular que de unos padres incompetentes.

Hoy millones de familias dejaremos en el colegio a nuestros hijos con la sensación de que de todos los problemas que no se arreglan nunca, el de la educación es el principal. Ha desaparecido del debate público, a pesar de las huelgas de profesores y los evidentes problemas que mañana comprobaremos en el Informe PISA. Parece una consecuencia lógica. Si mucha gente no quiere ver a niños en su hotel en verano podemos imaginar lo que le importa la calidad de la enseñanza de las matemáticas.

Este rechazo a las familias se ha observado también en la crisis de Ceuta. La frialdad del Gobierno con la población ceutí y su grito de desesperación por no poder llevar a sus niños al parque, la playa o el súper es un reflejo de su decadencia, pero también un ejemplo del desprecio de una parte de la sociedad hacia las vidas corrientes de las familias con hijos. Que se aguanten, que hay cosas más importantes. Lo volveremos a ver en la vuelta al colegio en la ciudad. No habrá normalidad posible en el inicio del curso escolar en España hasta que los 18.000 alumnos ceutíes puedan ir a clase sin protección policial. No, no hay cosa más importante.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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