- CRISTINA FERNÁNDEZ
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Algunas de las fundaciones y galerías de arte más relevantes del mundo se establecen a un paso de las playas más bellas de Europa. De esta manera, es posible veranear sin elegir entre mar y museos.
Hay un modo de viajar que consiste en elegir el destino por lo que estará colgado en sus paredes ese mes. Durante décadas esto obligaba a escoger la ciudad. París en primavera, Venecia en otoño, un verano en Nueva York. Ya no. Las grandes galerías y fundaciones han abierto sedes en la costa que no son meros satélites veraniegos, sino programación principal, donde la temporada expositiva ocurre a quince minutos de una cala. No se trata solo de museos con playa cerca. Sino de un verano exclusivo como el que ofrecen estos cinco lugares, con exposiciones de renombre, alta gastronomía y un entorno marítimo de primer nivel.
Empecemos por Menorca, la isla que decidió no ser Ibiza. En el puerto de Mahón, a quince minutos de ferry desde el Moll de Llevant, la Illa del Rei alberga desde 2021 la sede menorquina de Hauser & Wirth, la galería más influyente del mundo.
La temporada cierra con Directionless (hasta el 25 de octubre), una colectiva ambiciosa organizada por el artista Rashid Johnson, que parte de la premisa deliberadamente incómoda de que vivimos un momento no solo de desorientación, sino de agotamiento; las certezas políticas se han deshilachado y los relatos colectivos ya no ofrecen puntos de referencia estables. Alrededor, un jardín firmado por Piet Oudolf, un recorrido escultórico con 28 artistas seleccionados por Cristina Iglesias y la Cantina, donde deleitar el elestómago tras el atracón de arte.
Fuera de la isla, Menorca ofrece la contrapartida gastronómica, la caldereta de langosta de Fornells, los productores de queso de Mahón, una escena joven en Ciutadella que ha crecido sin estridencias. Y calas, desde Macarella a Pregonda, donde disfrutar de la playa en su estado más natural.
Saint-Paul-de-Vence sigue siendo el argumento más sólido de la Riviera. La Fondation Maeght, primera fundación de arte independiente de Francia, concebida en 1964 con Josep Lluís Sert y con la participación de Miró, Chagall, Giacometti, Braque y Calde, dedica su gran exposición estival a Ellsworth Kelly hasta el 15 de noviembre. Bajo el nombre Ellsworth Kelly - Aux bords de l'eau supone la primera muestra que explora la presencia del agua en su obra.
A veinte minutos, el Grimaldi Forum de Mónaco propone un registro distinto, con Monaco & l'Automobile, hasta el 6 de septiembre, con más de cincuenta vehículos en 3.500 metros cuadrados, entre ellos ganadores del Gran Premio y modelos de la colección de la Familia Principesca. Entre medias, La Colombe d'Or, cuyas paredes conservan las obras con las que Picasso, Miró, Calder y Chagall pagaban la cuenta.
Cada solsticio, el mundo del arte repite el mismo ritual griego: el barco desde El Pireo, el Apollo Wind Spinner de Jeff Koons girando sobre el puerto de Hidra y la subida a pie hasta un antiguo matadero suspendido sobre el Egeo. El DESTE Project Space Slaughterhouse acoge Until That Day, de Nari Ward, hasta el 31 de octubre, centrada en la población africana en Grecia. En Atenas, la fundación de Dakis Joannou completa la temporada con Gen X, artistas nacidos entre 1960 y 1980 comisariados por Massimiliano Gioni. En Hidra no hay coches, se camina. La Riviera ateniense aporta lo demás, hoteles de primer nivel, buena mesa y la Acrópolis a media hora.
Ningún tramo de costa europea concentra tanto por kilómetro como el vasco. En Getaria, el Museo Cristóbal Balenciaga exhibe The Givenchiaga Family, sobre el vínculo de mentor y discípulo entre ambos diseñadores hasta febrero de 2027. Enfrente, el rodaballo de Elkano. En Hernani, Chillida Leku presenta Cuerpos geométricos hasta el 26 de octubre, en diálogo con Aurrekoetxea y Larry Bell. Y en Bilbao, el Guggenheim acoge hasta el 1 de noviembre el proyecto del sudafricano Igshaan Adams, en el edificio que, tras la muerte de Gehry en diciembre, es ya su epitafio. Entre medias, La Concha, Zarautz y la mayor concentración de estrellas Michelin per cápita del planeta.
A treinta kilómetros al norte de Copenhague, sobre un acantilado ajardinado frente a Suecia, el Louisiana Museum of Modern Art, el más visitado de Escandinavia, concentra un programa que ya quisieran capitales mayores: Lucian Freud y Arthur Jafa hasta el 27 de septiembre, Sophie Calle hasta el 6 y una revisión de su colección hasta el 23 de agosto. Alrededor, las playas de Selandia Norte (Hornbæk, Tisvildeleje) y a media hora de tren una de las cuatro ciudades gastronómicas más influyentes del mundo.
Menorca, una isla para perderse
El puerto de Mahón es el fondeadero natural más extenso del Mediterráneo y explica la isla a la perfección pues británicos, franceses y españoles se lo disputaron durante dos siglos. En su centro, la Illa del Rei albergó un hospital naval del siglo XVIII que hoy funciona como centro de arte, a quince minutos de ferry desde el Moll de Llevant. Alrededor, calas que siguen sin urbanizar porque la isla decidió hace años protegerlas.
Ellsworth Kelly frente al Mediterráneo
Saint-Paul-de-Vence conserva las murallas que Francisco I ordenó levantar en el siglo XVI y una densidad de galerías difícil de encontrar en un pueblo de tres mil habitantes. La razón es histórica, pues aquí vivieron o pasaron largas temporadas Chagall, Braque y Calder, y en La Colombe d'Or algunos pagaban deudas con obras. Desde la colina, veinte minutos de coche separan el casco antiguo de Mónaco y menos de media hora del aeropuerto de Niza.
Hidra y su ritmo lento
El anfiteatro de casas de piedra que rodea el puerto de Hidra se construyó con el dinero de la marina mercante que financió la independencia griega. La isla no tiene carreteras, sino que el transporte se hace a pie, en mula o en barco, y esa limitación la ha salvado del urbanismo que arrasó otras islas del Egeo. El ferry desde El Pireo tarda algo menos de dos horas, y en verano llena la cubierta cada mañana.
Costa vasca, kilómetros de altísima calidad
Getaria abarca un puerto pesquero y una península que los locales llaman el ratón por su silueta. De aquí salió Juan Sebastián Elcano y aquí nació Cristóbal Balenciaga, hijo de una costurera del pueblo. Hoy la localidad concentra un museo dedicado en exclusiva al modisto y algunos de los asadores más reputados de Europa. En cien kilómetros de costa, entre Bilbao y la frontera, se acumula una concentración de estrellas Michelin sin equivalente.
La Riviera danesa a un paso de la capital
La costa de Selandia Norte, conocida como la Riviera danesa, fue durante generaciones el lugar de veraneo de la burguesía de Copenhague, y sus pintorescas casas siguen ahí. Enfrente, a pocos kilómetros de agua, se ve Suecia. En agosto el mar alcanza temperaturas tolerables y las playas de Hornbæk y Tisvildeleje se llenan sin masificarse. El tren conecta la zona con el centro de Copenhague en menos de una hora, y con el museo en quince minutos a pie.
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