Cada uno puede elegir el topicazo que más le guste: "un polvorín", "un barril de dinamita", "un monte seco a punto de arder"... Todos y cada uno de ellos se repiten cuando los ceutíes intentan describir la tensión que va envenenando su entorno. Sus 84.000 habitantes contemplan cómo su pequeña ciudad, que se enorgullece de la tradicional convivencia entre múltiples culturas, se va enredando en una espiral tóxica que nadie parece capaz de frenar.
De momento no se ha producido el escenario más temido: un estallido de violencia a gran escala, como ocurrió en Torre Pacheco (2025) o El Ejido (2000). Sin embargo, la ciudad ya acumula cinco días seguidos de una violencia "de baja intensidad" que preocupa a las fuerzas del orden público. Hablamos de ataques de los inmigrantes contra el Ejército, sí, pero también de docenas de agresiones sexuales, de disparos al aire para dispersar multitudes o de conatos de agresiones racistas contra los recién llegados.
Estos episodios suponen un intenso riesgo de escalar rápidamente hasta convertirse en tumultos graves, según el diagnóstico de los expertos en seguridad ciudadana que analizan la evolución de la ciudad. "Si los ceutíes estamos agotados, imagina cómo se encuentran estos chiquillos", cuenta un veterano de los servicios de extranjería, alarmado por los acontecimientos de la última semana. "Los más normales ya se han marchado, mientras que aquí se quedan los peores de cada casa".
Agentes de la Policía Nacional vigilan la zona de Loma Colmenar.M. MORENOEl experto también recurre al socorrido "polvorín" para describir el ánimo de la ciudad: "Poco a poco se les va acabando el dinero que trajeron de Marruecos. Para ellos, recargar el saldo del teléfono móvil es una necesidad vital, lo que puede llevarles a hacer tonterías... En fin, que es cuestión de tiempo que ocurra una desgracia".
La frustración engendra violencia y ya hay cuatro casos de agresiones documentadas contra militares, en días consecutivos desde el pasado jueves. Ese día, en la zona de Benzú, una patrulla sufrió una emboscada con piedras de gran tamaño contra su vehículo. En total, el incidente se saldó con cuatro militares heridos y, esa misma noche, con el arresto de 12 sospechosos.
Ese ataque coincidió en el tiempo con el momento más tenso en las relaciones entre inmigrantes y vecinos. Aquella tarde, medio centenar de ceutíes organizaron una sentada para evitar el reparto diario de comida que realiza Cruz Roja. Minutos más tarde, un grupo de exaltados se saltó el cordón policial y quemó tres de las chabolas de los marroquíes, una escena cuyas imágenes han dado la vuelta al mundo.
Militares en la zona de Loma Colmenar.M. MORENOAl día siguiente, el viernes, una patrulla del Ejército denunció el lanzamiento de botellas con líquido corrosivo. Fuentes policiales aclaran que no se trataba de los tradicionales cócteles molotov, de gran potencial incendiario, propios de los grupos antisistema. Esta agresión se produjo con artefactos caseros que mezclan papel de aluminio y productos de limpieza industrial, disponibles en cualquier supermercado, que generan nubes de gases tóxicos y líquido corrosivo.
Precisamente, estas botellas han protagonizado otro de los conatos de violencia de los últimos días. El jueves pasado se escuchó un fuerte estruendo al paso de una manifestación de vecinos contra los "invasores" junto a la playa de Benítez. Minutos después, los grupos de whatsapp de los ceutíes se llenaron de fotografías de uno de estos artefactos que, según su versión, provocó el 'pepinazo' en la concentración. Un grupo de chavales trató de perseguir a los presuntos autores del ataque por las callejuelas de la ciudad, pero los antidisturbios actuaron a tiempo para impedir que la situación escalara.
En la madrugada del 29, en la zona de la playa del Chorrillo, otra patrulla militar sufrió una emboscada con pedradas. En este caso sólo hubo un herido: un sargento con heridas leves. Los cuerpos de seguridad arrestaron a cuatro sospechosos, incluido un menor de edad, tras la llamada de auxilio de los soldados.
Grupo de inmigrantes en Loma Colmenar.M. MORENOFinalmente, en la tarde del domingo, la Guardia Civil arrestó a tres inmigrantes tras el lanzamiento de botellas de líquido corrosivo contra una patrulla del Ejército. Los militares no iban armados ni llevaban equipos de protección, una situación característica de este despliegue. Fuentes conocedoras de lo ocurrido aseguran que el ataque estaba "preparado", aunque no parece que exista una estructura estable que vincule todas las agresiones contra vehículos del Ejército.
Al mismo tiempo, la criminalidad va en aumento. Igualdad confirmó ayer 21 agresiones sexuales en el último mes, de las que cinco fueron con penetración y nueve se cometieron contra menores de edad. También han aumentado los hurtos: por ejemplo, dos marroquíes permanecen en prisión tras robar dinero y documentación en la casa de una vecina.
La única solución estable es sacar a los inmigrantes de las calles. De momento, sólo 3.300 tienen un lugar estable para pasar la noche, mientras que el proceso de filiación avanza a un ritmo desesperadamente lento. "Procesamos apenas unos 40 o 50 al día", cuenta una fuente de extranjería, que alerta: "Los que se están quedando son quienes no tienen nada que perder. Tenemos que atajar la situación ya".