Martes, 01 de septiembre de 2026 Mar 01/09/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Política

Una legislatura vacacional

Una legislatura vacacional
Artículo Completo 739 palabras
"Un Gobierno que renunció hace años a cumplir su obligación constitucional de entregar unas cuentas públicas, ¿por qué iba a ser diligente en la respuesta a graves crisis como la que vive Ceuta?" Leer

¿Cuándo empezaron las vacaciones de Sánchez? Ha sido muy comentado un desliz del presidente en su primera entrevista de la nueva temporada: preguntando en la Ser por una posible visita del Rey a Ceuta, el líder socialista señaló que Felipe VI nunca ha ido a la ciudad autónoma, pese a llevar reinando «más de 20 años». Confusiones de la rentrée, quizás. Pero llama la atención algo que el presidente añadió después: que hay razones suficientes para que el monarca visite Ceuta y Melilla, y que, «cuando se den las condiciones para ello», ese viaje «se hará».

En otro momento, o con otro presidente, esta declaración habría sido vista como un gran acontecimiento. El problema es que Sánchez anunció esa futura visita del Rey con la misma firmeza con la que prometió que presentaría los presupuestos de 2026. Y los de 2025. Y los de 2024. Recordar esto confirma algo más que el nulo valor de la palabra del presidente, su nefasta costumbre de anunciar con gran solemnidad cosas que luego no cumple. Esto puede resultar deprimente, pero ha sido un rasgo de estilo del líder del PSOE desde el primer día. Lo que es más propio del tardosanchismo es que Sánchez lleva mucho tiempo haciendo dejación de algunas de las tareas más básicas de un Ejecutivo. Lo ha hecho con la obligación de presentar unos presupuestos a las Cortes, y lo ha hecho en el último mes con la crisis de Ceuta. Un Gobierno que renunció hace años a cumplir su obligación constitucional de entregar unas cuentas públicas, ¿por qué iba a ser diligente en la respuesta a graves crisis como la que vive la ciudad autónoma? Aceptada la anomalía y la inacción como normas de funcionamiento del Ejecutivo en algunas áreas, ¿por qué no iba a extenderlas a otras?

No parece que Sánchez comenzara sus vacaciones el 31 de julio de 2026. Hace mucho tiempo que da la impresión de haberse tomado un respiro de aspectos importantes de su trabajo. No de los que le pueden importar más a un político profesional, como son las maniobras para permanecer en el cargo o el ejercicio de aquellos aspectos del poder que pueden resultar gratos o políticamente rentables. Pero sí de muchos elementos que importan a los ciudadanos y que conciernen al funcionamiento esperable de un país avanzado. La propia relación con Marruecos lo demuestra. Hace más de cuatro años -el 2 de mayo de 2022-, el Gobierno confirmó que los teléfonos del presidente y de varios ministros habían sido espiados con el programa Pegasus. Todos los indicios apuntaron entonces -y varias investigaciones periodísticas lo han apuntalado después- a los servicios de inteligencia marroquíes. Sin embargo, el Gobierno no articuló el más mínimo reproche al país vecino; más bien prosiguió una opaca, y a todas luces fracasada, estrategia de cesiones y apaciguamiento.

Es comprensible que, a falta de explicaciones serias por parte de Moncloa, la opinión pública haya entretenido todo tipo de teorías acerca de los motivos de la no-reacción de Sánchez ante aquel espionaje. Pero ni siquiera necesitamos entender las motivaciones del presidente para constatar lo anómalo que resulta su respuesta a aquel episodio, y el precedente que sentó para lo que ha estado ocurriendo este último mes. Si Sánchez no respondió con firmeza ante Marruecos cuando espió sus propias comunicaciones personales, ¿por qué debería extrañarnos que tampoco lo haya hecho cuando ese país ha puesto en jaque la estabilidad de Ceuta, es decir, de la propia España? ¿Cuándo, exactamente, decidió Sánchez dejar de hacer su trabajo -o lo que concebiblemente sería el trabajo de un primer ministro europeo- en lo referido a la relación con nuestro vecino más problemático?

En definitiva, la crisis de Ceuta solo apuntala la impresión de una legislatura que, si no fuera por su tono bronco y por la sucesión de crisis y escándalos, podríamos considerar vacacional. Sánchez reivindicó en la Ser su derecho al descanso, y quién puede dudar que lo tiene. El problema es que esas vacaciones parecen haber empezado mucho antes de lo que debían.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
Compartir