Viernes, 06 de febrero de 2026 Vie 06/02/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Política

Claudia Múgica vuelve 30 años después al lugar en que ETA mató a su abuelo: "La radicalización de los jóvenes vascos da pavor"

Claudia Múgica vuelve 30 años después al lugar en que ETA mató a su abuelo: "La radicalización de los jóvenes vascos da pavor"
Artículo Completo 1,795 palabras
La nieta de Fernando Múgica Herzog denuncia el "sectarismo tóxico" en la política Leer

A Claudia Múgica Soto (San Sebastián, 1996) regresar al País Vasco le provoca un dolor profundo. La nieta de Fernando Múgica Herzog recorre las calles Prim y San Martín de San Sebastián con los ojos muy abiertos. Allí, hace hoy 30 años, su abuelo, nacido en San Sebastián en 1933, un histórico del socialismo vasco, cayó abatido por un disparo en la nuca ejecutado por Francisco Javier García Gaztelu 'Txapote'. Claudia conoce cada detalle de aquella lluviosa mañana de febrero en la que la familia Múgica Herzog, de estirpe vasca y francesa con origen judeopolaco, volvió a darse de bruces contra el terror. Treinta años después, siente que es más necesario que nunca ondear las «vidas heroicas» de su abuelo Fernando y de Enrique Múgica, quien fuera ministro de Justicia y Defensor del Pueblo. Dos hermanos y un mismo talante frente al «sectarismo tóxico» de la política en España. «El nivel de radicalización de los jóvenes en el País Vasco y en Navarra da pavor», advierte tras años de compromiso por defender la dignidad y la memoria de las víctimas de ETA.

Claudia Múgica Soto aún no había nacido cuando ETA asesinó a su abuelo. Treinta años después y en vísperas del acto en su recuerdo que se celebrará mañana sábado en el cementerio de Polloe, Claudia recorre los apenas 100 metros por los que caminó Fernando Múgica Herzog aquel martes 6 de febrero de hace 30 años. «Ahora he sido consciente de que el lugar más peligroso era el cementerio donde un francotirador te podía asesinar, no respetaban ni la paz de las tumbas», denuncia sobre la placa que recuerda el lugar en el que Txapote descerrajó un tiro en la nuca a su abuelo. Junto al pistolero de ETA, cubriéndole, Valentín Lasarte. Unas calles más allá, con el motor en marcha, esperaba José Luis Geresta.

Eran casi las 2 del mediodía del 6 de febrero de 1996 cuando Fernando Múgica Herzog Poto caminaba por la calle San Martín después de abandonar el despacho de abogados familiar situado en el número 7 de la calle Prim. En apenas tres minutos, se topó con los terroristas de ETA que habían preparado una emboscada mortal. Fernando Múgica era un personaje inconfundible. Y un objetivo deseado por la cúpula de la banda terrorista. Tanto que desde 1984 hasta 1996, cuando compatibilizó su actividad como abogado con cargos orgánicos en el PSOE vasco, necesitó la protección de una escolta permanente. Sin protección por falta de efectivos, el asesinato de Fernando Múgica en vísperas de las elecciones generales de 1996 fue la contribución de ETA a la estrategia de «socialización de sufrimiento» de una Herri Batasuna en la que ya asomaba la cabeza el entonces parlamentario vasco Arnaldo Otegi.

«Fernando y Enrique Múgica eran conscientes de que, como les sucedió a sus padres, se habían convertido en víctimas de los fanatismos más crueles que asolaron Europa durante el siglo XX y el inicio del XXI: desde el Holacausto, la Guerra Civil, la dictadura de Franco y, por último, la persecución terrorista de ETA», constata Claudia. Asesora de Innovación y Comercio Internacional, lleva años preparando un largometraje documental que pretende estrenar el próximo otoño. Hoy mismo, coincidiendo con el 30 aniversario del asesinato de su abuelo paterno, abrirá una página web identificada con los apellidos Múgica Herzog para abrir una ventana a la participación de los interesados en aportar sus vivencias.

«Cuando ETA empezó a matar a finales de los años 60 durante la dictadura se acuñó esa premisa falsa de que lo hacía para luchar contra la dictadura. Pero tanto Fernando como Enrique ya anticiparon que esa violencia iba a continuar después», advierte Claudia, que se ha marcado como objetivo llegar a miles de jóvenes con una apuesta audiovisual en la que refleja el heroísmo cívico de una fascinante saga familiar que se creó en la década de los años 30 del pasado siglo en San Sebastián y que, casi un siglo después, sigue muy presente en cada rincón de la ciudad.

Varios sanitarios atienden a Fernando Múgica tras ser tiroteado por 'Txapote'.EFE


«Nuestra familia ha sido testigo y ha sufrido todos los fanatismos que asolaron Europa desde comienzos del siglo XX. Del horror de las guerras mundiales, el holocausto de los nazis, la Guerra Civil española, la dictadura de Franco y, por último, la de ETA», sintetiza Claudia Múgica mientras recorre el Ensanche donostiarra para llegar a la plaza de Guipúzcoa , otro espacio emblemático para esta saga. Allí, bajo los soportales de la calle Peñaflorida, se ubicaba la peletería fundada por su abuelo, Wolf Herzog, un judío de origen polaco que tuvo que huir de París junto a su hija Paulette.

La joven francesa conoció en San Sebastián a José María Múgica, un violinista de Izquierda Republicana que, cuando comenzó la Guerra Civil, tuvo que huir en agosto de 1936 a Francia por Bilbao, para evitar a las tropas de Franco, que se acercaban a San Sebastián. José María Múgica moriría enfermo tan solo unos meses después y Paulette tuvo que criar con la única ayuda de su padre Wolf a Enrique y Fernando. «Mis antepasados mantenían con mucha discreción sus orígenes judíos en los años 40 en San Sebastián, porque incluso en esta plaza se organizaban desfiles de tropas nazis y tenían muy presente que Franco se había reunido con Hitler a apenas cuarenta kilómetros de aquí», subraya la nieta de Fernando en uno de los pocos instantes en los que cesa la lluvia en el corazón de San Sebastián.

Los dos Múgica Herzog criados por Paulette descubrieron de adolescentes sus vínculos maternos con el estado hebreo y mantuvieron su mano tendida al Estado de Israel, aunque no aprendieran yiddish, la lengua que sí empleaban Wolf y Paulette Herzog.

«Enrique y Fernando eran inseparables y les unía muchísimo el conocer la trágica historia familiar de persecución y su prodigiosa base intelectual y cultural», advierte Claudia para explicar por qué los dos jóvenes que se habían formado como abogados decidieron dar el paso en los años 50 para sumarse a la oposición a la dictadura de Franco, desde los incipientes movimientos estudiantiles. Enrique Múgica Herzog , el mayor de los dos hermanos, se afilió al Partido Comunista en 1953 y sufrió varios encarcelamientos por la dictadura de Franco.

Fernando, también abogado, nunca llegó a militarse en el PCE, pero siguió a su hermano cuando a mediados de los años 60 los dos participaron en una renovación del PSOE, que se concretó en el congreso de Suresnes en 1974.
«El piso de mi abuelo Fernando era un paso obligado para los dirigentes socialistas que se reunían en el sur de Francia. Mapi de las Heras, mi abuela paterna, llegó a trasladar en su coche para atravesar la frontera a dirigentes socialistas de las ejecutivas de Felipe González y de Alfonso Guerra», destaca Claudia, que concede una especial relevancia al compromiso político de aquellos militantes socialistas para hacer posible la Transición.

Capilla ardiente de Fernando Múgica -en la pared, Enrique Casas, asesinado por ETA en 1984-.


Frente al discurso de los partidos nacionalistas vascos que cuestionan la apuesta por la libertad sustentada en la Constitución de 1978, la nieta de Fernando Múgica Herzog pretende constatar en su documental la importancia de ese momento histórico. «Tenemos que poner en valor a las personas que se jugaron el cuello para que la democracia fuera una realidad en España. Es injusto pensar que la Transición sí o sí iba a suceder. Se logró porque, como pasó con mi abuelo, hubo personas que se la jugaron cruzando el río Bidasoa [frontera entre España y Francia] en calzoncillos para organizar un nuevo sistema político», destaca esta joven nacida en San Sebastián mientras cruza por el centro de la plaza de Guipúzcoa. Por un momento, y con los ojos entrecerrados, Claudia confiesa el desarraigo que sufre al sentirse extraña en su propia ciudad. «Mis padres me contaban que veníamos a este parque para que viera los patos», señala mientras camina hacia el estanque con la enorme ikurriña plantada en 2014, en el centro de la plaza, por el diputado general de Bildu Martín Garitano.

«Entendí rápido que yo vivía en Madrid por obligación. ¿De dónde eres?, me preguntan. Y yo contesto que de San Sebastián y de Madrid. Siento tristeza por saber que tanta gente ha sufrido la injusticia de tener que irte de su tierra para salvar la vida», denuncia. Un trauma sufrido por unos 200.000 vascos que Claudia Múgica califica de «anomalía democrática» y que suma centenares de sufrimientos silenciados con problemas psicológicos, quiebras económicas, separaciones, dolor...

«Esa respuesta no me corresponde a mí», contesta Claudia Múgica al ser interpelada por el PSOE de Pedro Sánchez tras el final de ETA. «Estamos en una etapa en la que se empieza a palpar un sectarismo tan tóxico que no es muy alentador. El sectarismo es el paso más corto hacia la tiranía; la historia familiar demuestra que la tiranía siempre acaba en el cementerio, que es a lo que venimos», reconoce en unos días muy especiales para los nietos y para los hijos de Fernando Múgica, José María, Fernando y Rubén. Este último, el pasado año, clamaba contra la «complacencia» de Pedro Sánchez con Bildu, que en su opinión supone «blanquear» a los herederos de ETA. «Se trataba de derrotarlos, pero no para después sentarlos a la mesa».

Esa posición nítida enlaza con la de algunos jóvenes como Claudia, que no llegan a entender la deriva radical de compañeros de generación, que se observa desde los estudios sociológicos al florecimiento de grupos radicales. «El Movimiento Socialista, hace unos días, logró convocar a 13.000 jóvenes para luchar contra el antifascismo. Ellos no tienen nada de socialistas y para ellos fascistas son todos los demás menos ellos mismos. Hay una combinación de ignorancia y de cierta justificación de lo que pasó con ETA. El bucle vuelve a empezar», advierte.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
Compartir