Viernes, 06 de febrero de 2026 Vie 06/02/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Política

El maltrato de las víctimas de Adamuz: "Si le devolvemos el dinero del billete no puede luego reclamar nada más"

El maltrato de las víctimas de Adamuz: "Si le devolvemos el dinero del billete no puede luego reclamar nada más"
Artículo Completo 1,232 palabras
Perdidas en una marañan de gestiones, se han organizado en un grupo de WhatsApp. «La única psicóloga que me ha visto lo hizo en la estación de Huelva. Me dio un ataque de ansiedad al llegar y ver las coronas fúnebres» Leer

«La única psicóloga que me ha visto hasta ahora lo ha hecho en la estación de Renfe de Huelva. A mí me dio un ataque de ansiedad cuando llegué porque estaban allí las coronas fúnebres [en recuerdo de onubenses fallecidos en la tragedia]. Me vieron en una sala en la propia estación, en la que entraba y salían operarios. En la mesa había una empleada de Renfe que tomaba notas y dos psicólogas. El trato fue correcto y cordial pero no era el sitio».

Sara, de 37 años, empleada en la administración, víctima del accidente ferroviario de Adamuz del pasado 18 de enero, habla desde su casa en Huelva. Está de baja laboral por el esguince cervical que sufrió -viajaba en el coche 3 del Alvia 2384 Madrid-Huelva- y también por las otras secuelas, las no físicas. Se supone que hoy la va a ver la psicóloga que la aseguradora de Renfe, HNA, le ha dicho que le va a facilitar. «Y me va a llamar para decirme que no me atiende porque ya le ha sucedido a otros afectados. Como ya ha bajado el nivel de emergencia, Renfe o la empresa que está gestionando los psicólogos ya no les paga lo mismo por las consultas y por el precio que cobran no las hacen», continúa el relato de la desatención que están sintiendo las víctimas del siniestro, que se saldó con 46 fallecidos.

«Ahora mismo estoy un ansiolítico que me he tomado hace dos horas, tengo muchísima ansiedad, no puedo dormir. Y a todo esto se suma que en vez de estar tranquila en casa tienes que estar continuamente indagando, preguntando, mandando emails, viendo 'si esto es verdad si no', porque como no hay nada por escrito tienes que hacer tu propia investigación».

La misma desorientación o más -«yo al menos tengo nociones de derecho y sé como moverme», dice Sara- abruma las 101 víctimas que actualmente forman el grupo de whatsApp «comunidad afectada 18 de enero». En él básicamente se informan unos a otros de los trámites a realizar, de las contradicciones entre lo que les dicen según la ventanilla en que se pregunte, de cómo acceder a las indemnizaciones o reclamar los objetos perdidos en el accidente.

Sara ha sido la primera de los afectados en enviar un escrito al Defensor del Pueblo quejándose de que la errática gestión está aumentando «el daño emocional y la indefensión» que ha sufrido y pidiendo entre otras cosas que «se publique y facilite a cada afectado un protocolo único, completo y por escrito con: cobertura, autorizaciones, reembolsos, plazos, canales y responsables».

Imagen del coche 3 del Alvia, en el que viajaban Victoria y Sara.REUTERS

Forma también parte del grupo de afectados e igualmente tiene intención de trasladar su malestar al Defensor del Pueblo, Victoria Camacho, 42 años, asiento 7A del coche 3 del Alvia, según se ve en el billete que muestra en la fotografía. No lo hace porque aún está recuperándose; necesita ayuda para incorporarse o acostarse, tiene que moverse muy despacio; apenas logró ayer sentarse frente al ordenador para continuar estudiando para las oposiciones a Prisiones, motivo por el que se encontraba en aquel tren, de vuelta del primer examen.

Lo primero que hará, cuenta, será denunciar al Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva, al que se trasladó desde Adamuz, por su cuenta, con otros tres pasajeros en un taxi que pagaron de su bolsillo. «Vino un médico y me dijo que mi hospital de referencia era el Infanta Elena y que allí no me podían atender. 'Estoy sola, ¿cómo me voy?'. '¿Cómo has venido?' 'En taxi?'. 'Pues pide otro taxi'».

Es largo el relato que Victoria hace de las múltiples desatenciones que, asegura, sufrió en las horas posteriores al accidente, pero puede resumirse en que se desplazó al Infanta Elena como le indicaron, y allí le hicieron radiografías del pie y la zona lumbar en la que no apreciaron lesión alguna.

«Ya la madrugada del día 20, en casa de mis padres, acostada, no podía con el dolor. Llamé al 061 y me llevaron en ambulancia al Infanta Elena otra vez. Después de horas y horas en la sala de espera por fin me hacen un TAC y al rato llegan dos enfermeras: que me tenían que pasar a una camilla urgente y ponerme recta sin moverme. Lo que pillé, porque no lo entendía, es que tenía una rotura en las vértebras 1, 2 y 3». Y también una fractura en una costilla y un esguince en el pie, lesiones que la han mantenido 10 días ingresada. «No tenemos ni idea ninguno de cómo gestionar los trámites, así que ayer hablé con un abogado para que me lo haga todo», dice sobre la burocracia que tiene por delante.

Como ejemplo del caos y de la indicaciones opuestas que reciben está el mensaje que uno de ellos ha dejado en el grupo. «Me acaba de decir mi hija que ha ido a reclamar el dinero del billete del tren y le han dicho que si se lo dan no puede reclamar nada. Sé que a algunos sí se lo han pagado, a ella le han dicho que sí se lo pueden dar pero que no puede luego reclamar nada porque es como si no hubiera cogido el tren».

«Yo no puedo conducir porque tengo mareos y la medicación que estoy tomando dice literalmente que no puedo conducir», continúa Sara relatando la odisea de los heridos tras el accidente. «Tengo que coger taxis, porque los primeros días me ha estado llevando mi padre pero él no puede estar así seis meses. Llamo a reclamarlo y me dicen que no, que tienen que valorarlo, pero no me dan nada por escrito. Hasta que les digo que estoy grabando y que nos íbamos a reunir con la delegación del Gobierno porque me parecía una vergüenza lo que estaban haciendo», detalla una de sus conversaciones con Everest, la aseguradora de Renfe, a quien Sara supo que se tenía que dirigir porque se lo contaron en el grupo. «Sólo contando el gasto en fisios y en los taxis son 3.000 euros cada uno», dice sobre las facturas suyas y las de su pareja, quien iba con ella en el tren y también sufre un esguince cervical.

«La gestión está siendo una vergüenza, una auténtica vergüenza. Mi maleta la recuperé pero está totalmente reventada. Tiene agujeros por todos lados, la plancha del pelo no funciona, el portátil no apareció, el cargador sí pero no el portátil. Sé de compañeros que han recuperado la cartera pero no el dinero que llevaba dentro», dice sobre sus objetos personales, que tampoco tienen claro los afectados dónde reclamarlos o pedir una indemnización por ellos.

También tienen críticas para el Real Decreto aprobado por el Gobierno para articular las ayudas: «Dice que los heridos tenemos tres meses para reclamar el anticipo de las indemnizaciones. ¿Cómo vamos a saber qué reclamar si aún nos están valorando los daños y secuelas».

Fuente original: Leer en El Mundo - España
Compartir