Calculamos el lastre que supone para el crecimiento la errática política del presidente
Regala esta noticia Añádenos en Google 27/05/2026 a las 01:50h.Desde que Donald Trump asumió el cargo en enero del año pasado, la economía estadounidense ha seguido siendo la envidia del mundo desarrollado. En 2025, ... mientras que el Reino Unido, Francia y Japón apenas alcanzaron un crecimiento anual del PIB del entorno del 1%, y Alemania prácticamente se estancó, la producción estadounidense creció un 2,1%. En los últimos 15 meses, los mercados bursátiles estadounidenses han alcanzado un máximo histórico tras otro. Toda esta evolución se ha dado a pesar de que el presidente ha puesto en marcha políticas aparentemente contrarias al crecimiento, como las deportaciones masivas de trabajadores migrantes y las caóticas guerras comerciales.
Una forma de llegar a una cifra es imaginar cómo sería la economía estadounidense sin ese gravamen. Trump heredó una economía que crecía con fuerza. Desde entonces, ha recibido tres impulsos, que The Economist ha cuantificado a grandes rasgos.
El primero es el auge de la inversión en inteligencia artificial. La inversión en inmovilizado de solo cuatro gigantes de la IA y la computación en la nube —Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft— superó los 350.000 millones de dólares en 2025 y, según sus últimos informes de resultados, se prevé que aumente hasta unos 700.000 millones de dólares en 2026.
Este frenesí ha desencadenado una ola de gasto en centros de datos, chips, sistemas de refrigeración y software. En 2025, la inversión real en equipos de procesamiento de información, software y centros de datos creció más de un 15%. En términos brutos, este aumento contribuyó con casi un punto porcentual al crecimiento anualizado del PIB, lo que representó casi la mitad de la expansión de la economía.
50.000 millones de dólares del auge de la inversión en IA en 2025 reflejaron producción nacional adicional, lo que contribuyó aproximadamente con un 0,2 del PIB
Esta cifra, sin embargo, exagera la verdadera contribución del gasto en IA al PIB de Estados Unidos. Aproximadamente, dos terceras partes del gasto en centros de datos se destinan a equipos, gran parte de los cuales se importan de fabricantes asiáticos, por ejemplo, de Corea del Sur y Taiwán. Cuando las empresas estadounidenses compran estos componentes, la mayor parte de la actividad económica tiene lugar en el extranjero. Para estimar qué parte del gasto cuenta realmente para el PIB estadounidense, restamos el aumento de las importaciones reales de equipos del incremento de la inversión relacionada con la IA. Según nuestros cálculos, alrededor de 50.000 millones de dólares del auge de la inversión en IA en 2025 reflejaron producción nacional adicional, lo que contribuyó aproximadamente con 0,2 puntos porcentuales al crecimiento anualizado del PIB.
El desenfreno por la IA también ha proporcionado combustible para el mercado bursátil estadounidense, la fuente del segundo impulso al crecimiento. Entre la victoria electoral de Trump y finales de 2025, el índice S&P 500 de las grandes empresas estadounidenses se disparó en torno a un 15% en términos reales, un ritmo inusualmente rápido en términos históricos. Eso añadió unos 5 billones de dólares a la riqueza de los hogares por encima de lo que se habría acumulado en un año normal. Los estadounidenses suelen gastar una pequeña parte de estas ganancias inesperadas. Aun así, aplicando una regla empírica conservadora según la cual cada dólar de patrimonio en acciones aumenta el gasto en unos dos céntimos durante el primer año, esto probablemente elevó el consumo en unos 100.000 millones de dólares en 2025. Dado el papel central de los consumidores en la economía estadounidense, el efecto riqueza podría haber añadido 0,3 puntos porcentuales al crecimiento.
Otro 0,3% del PIB puede atribuirse al aumento de gasto de los consumidores derivado de inversiones en el S&P 500
El tercer impulso a la economía estadounidense ha procedido de aquellas políticas de Trump que sí fomentan el crecimiento. Su administración ha facilitado las fusiones empresariales, ha ordenado a las agencias federales que reduzcan la burocracia y ha flexibilizado las restricciones al crédito privado. La ley fiscal aprobada en 2025 inyectó en la economía un estímulo fiscal por valor de billones de dólares a través de rebajas fiscales. Probablemente, también mejoró la tasa de crecimiento a largo plazo de la economía, al convertir en permanentes las rebajas existentes en los impuestos a las empresas y otros gravámenes, restablecer la capacidad de las empresas para deducir íntegramente los gastos en investigación y desarrollo, y permitirles amortizar los activos más rápidamente, todo lo cual fomenta la inversión. En promedio, las previsiones independientes que hemos analizado —incluidas las de la Oficina Presupuestaria del Congreso, la Tax Foundation, el Tax Policy Center y el Yale Budget Lab— estimaban que la legislación añadiría 0,2 puntos porcentuales al crecimiento del PIB en su primer año y 0,4 puntos porcentuales al crecimiento en 2026.
Las políticas del Gobierno añadirían 0,2 puntos porcentuales al crecimiento del PIB en su primer año y 0,4 puntos porcentuales al crecimiento en 2026
Si se combina el auge de la inversión en IA con las ideas de Trump para promover el crecimiento, la economía estadounidense debería estar batiendo récords. Antes de las elecciones presidenciales —y antes de que los economistas pudieran evaluar adecuadamente las ideas de Trump—, la previsión consensuada era de un crecimiento de alrededor del 2% en 2025. Si se añade el impulso de la inversión en IA, el auge de los mercados bursátiles y las rebajas fiscales, Estados Unidos podría haber alcanzado un crecimiento de alrededor del 2,7%, más de medio punto porcentual por encima del crecimiento registrado.
El peso de la incertidumbre
Otra forma de calcular el 'impuesto MAGA' es intentar captar directamente el lastre económico. Los economistas lo han hecho para algunas de las políticas de Trump. Según el Instituto Peterson, por ejemplo, sus aranceles redujeron el crecimiento del PIB real en unos 0,2 puntos porcentuales en 2025 al minorar el poder adquisitivo de los hogares y comprimir los márgenes de beneficio de las empresas. El think tank Brookings Institution estima que las deportaciones masivas y el cierre de la frontera del presidente han hecho que la migración neta en 2025 sea negativa por primera vez en al menos medio siglo, por lo que se reducen la oferta de mano de obra y, dado que los trabajadores migrantes gastan dinero en Estados Unidos, el consumo. El resultado puede haber sido una desaceleración del crecimiento de 0,2 puntos porcentuales.
Estas cifras son reveladoras, pero no reflejan el coste total de la incertidumbre derivada de la errática formulación de políticas de Trump. Se anuncian aranceles, se retrasan, se revisan y se reactivan. Se despliega a agentes de inmigración, se les retira y se les reubica en otro lugar. Se libran guerras. Un índice de incertidumbre en materia de política económica elaborado por Scott Baker, de la Universidad Northwestern, y sus coautores subió más de 100 puntos desde antes de la victoria de Trump hasta finales de 2025. Las oscilaciones de tal magnitud suelen ir seguidas de una desaceleración del crecimiento de la inversión empresarial de entre cinco y diez puntos porcentuales, dado que las empresas posponen el gasto de capital y los ajustes en la cadena de suministro.
La inversión no relacionada con la IA se sitúa unos 130.000 millones de dólares por debajo de su tendencia de la última década
De hecho, si se excluye el derroche en equipos de procesamiento de la información y software —las categorías más estrechamente vinculadas a la IA—, el panorama se presenta sombrío. En los últimos cuatro trimestres, la inversión fija no residencial, excluidas las categorías relacionadas con la IA, se ha contraído a una tasa anualizada de aproximadamente el 3%, en comparación con un crecimiento medio superior al 5% de la década anterior. La inversión en equipos industriales y de transporte ha caído más de un 2% durante el último año. La construcción industrial ha descendido un 20%. En total, la inversión no relacionada con la IA se sitúa unos 130.000 millones de dólares por debajo de su tendencia de la última década. Esta recesión de la inversión en inmovilizado está reduciendo el crecimiento del PIB en unos 0,4 puntos porcentuales.
¿Podría la propia IA explicar esta debilidad? La contracción de la inversión no relatcionada con dicha tecnología es demasiado grande y generalizada como para ser el resultado de que las empresas simplemente estén reasignando capital hacia los centros de datos y alejándolo de otros sectores. El declive abarca los sectores del petróleo y el gas, la fabricación de automóviles y la construcción de fábricas. La incertidumbre en materia de política comercial probablemente haya desempeñado un papel importante al respecto. En una encuesa realizada hace un año, el Banco de la Reserva Federal de Atlanta descubrió que el 45% de los ejecutivos tenía previsto recortar el gasto de capital como consecuencia de la incertidumbre de política.
El 45% de los ejecutivos tenía previsto recortar el gasto de capital como consecuencia de la incertidumbre de política
Otra posible explicación, según la cual la fuerte demanda o el elevado endeudamiento público empujan al alza los tipos de interés y desplazan otras inversiones privadas, tampoco parece convincente. El crédito sigue siendo abundante. Los diferenciales entre los bonos corporativos con grado de inversión y los bonos del Tesoro rara vez han sido tan estrechos desde la década de 1990. Por tanto, es muy probable que la política del presidente tenga mucho que ver con el mal estado de ánimo.
El lastre del impuesto MAGA
En conjunto, la presión que ejercen los aranceles sobre los ingresos reales, la reducción de la oferta de mano de obra y la reticencia de las empresas a invertir en inmovilizado suma un total de 0,8 puntos porcentuales, lo cual concuerda con la cifra anterior a la que llegamos al considerar una economía estadounidense hipotética. De cara al futuro, hay pocos indicios de alivio. Los aranceles siguen en constante cambio, lo que mantiene una elevada incertidumbre para las empresas y los hogares. La guerra en Irán y el cierre efectivo del estrecho de Ormuz han desencadenado una crisis energética que comprimirá aún más los ingresos reales y los márgenes empresariales, frenando aún más la inversión.
Una reacción natural ante estas cifras es desesperarse ante el daño que pueden causar las malas políticas. Otra, sin embargo, es maravillarse ante el impresionante poder del motor económico estadounidense. A pesar de todos los obstáculos que ha puesto Trump, el PIB podría crecer a una tasa anual del 4% en el trimestre actual, si nos fiamos de la última previsión en tiempo real de la sucursal de Atlanta de la Reserva Federal. En otras palabras, sin el lastre del impuesto MAGA, Estados Unidos podría estar disparándose hacia un crecimiento anualizado de casi el 5%. Solo ha alcanzado ese rendimiento en nueve trimestres en lo que va de siglo, y en solo cinco si se excluye la recuperación tras la pandemia de Covid-19. Si el presidente lo permitiera, podría volver a hacerlo.
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