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No se puede hablar si una izquierda no lo permite. Podrían ser del otro lado, pero en esta ocasión ha caído un espacio de diálogo por censura de izquierdas con la postergación de Letras en Sevilla. Los rebaños son de lobos cuando llama Caín.
El encuentro que patrocina Fundación Cajasol y pilotan Jesús Vigorra y Arturo Pérez-Reverte ha tenido diez ediciones de debates polémicos y plurales, donde se han escuchado voces antagónicas, todas con respeto; donde el público exigente y educado ha preguntado a tirios y troyanos, desde Cayetana Álvarez de Toledo a Juan Carlos Monedero; de Patxi López a a Miguel Tellado, que mantuvieron una ardua discusión, o juristas como Santiago Muñoz Machado, filósofos como Fernando Savater y periodistas como Juan Luis Cebrián.
Y con escritores y deportistas y artistas de toda condición y pensamiento. Se ha hablado del poder de las mujeres, la validez de los políticos, la monarquía o la república, los toros... temas que no rehuían polémicas.
Pero el rebaño de la extrema izquierda ha tocado a rebato y el espacio de diálogo se ha perdido. El escritor David Uclés hizo el llamamiento sectario, él que iba a conversar con un premio Cervantes, Luis Mateo Díez, pero fue quien señaló: no toleraba que en el cartel estuvieran Aznar o Espinosa de los Monteros. Anatema.
Estaban también Maíllo, Bolaños... Convirtieron en ataque la renuncia. Y luego, presión de grupo, como denunció Julián Casanova, y la vergüenza de ver cómo Carmen Calvo dimitía. Tabú. No se puede hablar. Perfume fascista.
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