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El bloqueo político lleva a María Guardiola a una encrucijada sobre su futuro: "Hay diferencias en otros territorios, pero no con la agresividad de Extremadura"

El bloqueo político lleva a María Guardiola a una encrucijada sobre su futuro: "Hay diferencias en otros territorios, pero no con la agresividad de Extremadura"
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La baronesa del PP se ve abocada a elecciones y el encono amenaza con extenderse Leer

«¿Saca el 43% de los votos y tiene que pedir perdón?». Alberto Núñez Feijóo volvió a respaldar públicamente la pasada semana a su baronesa díscola en Extremadura, María Guardiola, que no sólo se juega en las siguientes semanas la gobernabilidad de Extremadura sino, en medio del bloqueo político actual en esta región, su futuro político. La posibilidad, más que cercana a día de hoy, de una repetición electoral, la situaría en una encrucijada política difícil de asumir, teniendo en cuenta que Vox la tiene desde hace tiempo en el punto de mira: «Quieren su cabellera, la han querido siempre desde los encontronazos de 2023», apunta un veterano dirigente político del PP de Extremadura.

Así las cosas, el ambiente político en Extremadura es casi de ya de resignación de cara a volver a las urnas a finales de julio. «La cosa está muy difícil, casi imposible», apuntan los populares, que esperan que en los próximos días se vuelvan a sentar ambas partes. Aún no hay fecha para ello. Vox no tiene ninguna prisa en desbloquear la situación, el tiempo corre a su favor y el pesimismo cunde en las filas del Partido Popular de Extremadura.

Desde la noche electoral del 21 de diciembre sólo se han producido tres reuniones entre los teóricos socios de gobierno. Y de apenas 20 minutos cada una de ellas. Éste es el pobre balance. Lo peor es que ninguna de ellas ha sido fructífera en un contexto de mucho ruido, reproches y descalificaciones en redes sociales de los propios protagonistas, como la protagonizada esta misma semana por la mismísima María Guardiola y por el líder de Vox en Extremadura, Óscar Fernández Calle, incluso, con la presidenta de la Comunidad de Madrid de por medio. Isabel Díaz Ayuso abogó por un acuerdo entre las partes y el representante de Abascal en Extremadura no perdió la oportunidad: «En Extremadura, quien convocó elecciones exclusivamente por su propio interés fue su amiga Guardiola. Quien ha boicoteado a los extremeños negándose a negociar unos presupuestos hace tres meses fue su amiga Guardiola. Y quien nos va a llevar a unas terceras elecciones, como nos llevó a las segundas, es su amiga Guardiola». No hay tregua.

En esos apenas 60 minutos totales de conversación con una mesa de por medio, PP y Vox no se han puesto ni de acuerdo en el reparto de los primeros cargos, prueba evidente del deterioro crónico de las relaciones y de la escasa voluntad de entendimiento. El partido de Abascal se ha quedado, como pretendía, sin la presidencia de la Asamblea de Extremadura -Guardiola le cedió una secretaría en la Mesa- y sin la cesión del senador por parte del PP, como ocurrió en la pasada legislatura. Todos los puentes, salvo giro inesperado en los próximos días, parecen haber volado, por encima de que haya elecciones en Castilla y León. Tampoco hay confianza entre ambas partes de que una vez transcurridos estos comicios pueda reconducirse la situación.

El líder de Vox, Santiago Abascal, en un acto electoral en Mérida el pasado diciembre.Jero MoralesEfe

En las filas del PP de Extremadura, se tiene la sensación de que, por muchos esfuerzos que hagan a la hora de aceptar las «condiciones de máximos de Vox» -una vicepresidencia, cuatro consejerías de nueve y el control de varios organismos públicos como Canal Extremadura TV y Radio-, nunca se producirá el acuerdo. «Se trata ya de un agravio personal». Para ello, se remontan al cuerpo a cuerpo que mantuvieron durante la campaña electoral Santiago Abascal y la propia presidenta en funciones de la Junta: «María Guardiola tendrá que pasar por el aro si quiere volver a gobernar» o es «la Irene Montero de Extremadura». No hay que olvidar que, ya en el primer día de campaña, Abascal dio a entender que la solución podría llegar con el cambio de candidato: «Si Guardiola se empecina, quizá el PP tenga que cambiar de candidato», señaló en una entrevista en el diario Hoy el 5 de diciembre. «Diferencias hay en otros territorios también pero no al nivel de agresividad que se produce en Extremadura, donde hay un odio personal», apuntan desde el PP.

La impresión es que todo le parece poco a Vox en sus exigencias para llegar a un acuerdo. «Ya nos engañó una vez y no va a ocurrir más», repite una y otra vez Óscar Fernández Calle. Vox pasó de cinco a 11 diputados y, con el 16,9% de votos -frente al 43,2% de Guardiola-, su postura es inflexible, no sólo en el número e importancia de las consejerías solicitadas -Agricultura, Industria, Economía e Interior y Seguridad (Inmigración)-, sino sobre todo en la aplicación de su programa electoral al 100% si entran como socios de gobierno: eliminación de las políticas de Igualdad -subvenciones, dirección general...-, de la ley extremeña de LGTBI, de subvenciones a sindicatos y patronal, del pacto verde en agricultura... ¿Hasta dónde puede llegar Guardiola en las cesiones para gobernar? «Estamos de acuerdo en el 90%, nos unen más cosas que nos separan», dijo el jueves Guardiola, en un nuevo intento de acercamiento.

La presidenta extremeña atraviesa por momentos muy difíciles, seguramente los peores desde que está en política. La clave vuelve a ser que no sólo está en juego el Gobierno de Extremadura, sino también los efectos del bloqueo en Extremadura en otros barones del PP (Castilla y León y Andalucía son las siguientes paradas electorales), en un tablero político muy similar a lo ocurrido en el verano de 2023, con la diferencia de que entonces a las pocas semanas había elecciones generales. También lo está el futuro político de Guardiola, que es consciente de que una repetición electoral -que tampoco conduciría a nada porque previsiblemente los resultados no despejarían en ningún modo la gobernabilidad- se interpretaría como un fracaso. «¿Con el 43% tiene que pedir perdón?», recordaba Feijóo, pero a veces los números en política no lo son todo.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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