Emiliano García-Page reclamando un adelanto de las generales y la secretaria de Organización del PSOE, Rebeca Torró, reprochándole ayer que "compre el marco del PP". El alcalde de Mérida abriendo la puerta a negociar con el PP. Felipe González diciendo que no cogerá la papeleta del PSOE si Pedro Sánchez es cabeza de lista, y los ministros saltando a la defensiva. Un hombre fuerte de La Moncloa criticando a un sector de una federación socialista, y su ex compañera dándole la espalda con el apoyo de otras caras de núcleo duro del Gobierno. Todo esto ha sucedido en la última semana, después de que el PSOE volviera a caer en las urnas en los comicios de Aragón y tras el hundimiento en Extremadura.
Ambas debacles sitúan a los socialistas en sus mínimos de poder territorial. La paulatina pérdida de representación que viene sufriendo el partido está agitando a sus filas, que en estos días han hecho públicos varios choques, dejando entrever la tensión interna a la que se asoma la formación, en un ciclo electoral lanzado en que muchas federaciones que celebran autonómicas y municipales temen verse frenadas por el desgaste de Sánchez. Es su respuesta a la acentuada sangría de poder territorial: más de 1.500 concejales socialistas dejaron de ser ediles en sus municipios en mayo de 2023 y, desde la pandemia, 28 dirigentes del PSOE han perdido su condición de diputado autonómico. De las últimas 26 elecciones, han perdido 20 y han empatado en una. Sólo Castilla-La Mancha, Asturias o Cataluña escapan de la debacle.
Hay que remontarse 10 años atrás para encontrar al partido en una situación similar a la actual. A los pocos meses de que Pedro Sánchez escalara por primera vez a la Secretaría General del PSOE, las elecciones andaluzas de marzo de 2015 dieron inicio en España a un ciclo electoral negro para los socialistas: perdieron diputados en 12 comunidades, se mantuvieron en tres y solo crecieron en dos. De las 17 citas autonómicas con las urnas que se celebraron entre aquel marzo y septiembre de 2016, el PSOE solo fue la fuerza más votada en tres. Una década después, en la última remesa de elecciones en los territorios, los socialistas han reducido su número de escaños en 11 comunidades y lo han incrementado en cinco -en una no varían-. Además, solo en cuatro autonomías han sido primera fuerza, cuando en el ciclo anterior ganaron en 12 territorios. El panorama se acerca así al negro de entonces en lo que a número de parlamentarios se refiere -336 ahora, 313 a finales de 2016-, pero con una salvedad que hace la situación actual del PSOE aún más alarmante: hace una década, la izquierda alternativa aglutinaba 213 diputados autonómicos; ahora, solo 89.
Pedro Sánchez, en Ferraz, tras la salida en 2025 de Santos Cerdán como secretario de Organización del PSOE.EFEEl pasado 8 de febrero, en las urnas aragonesas, los socialistas se dejaron cinco escaños. Otros 10 habían perdido mes y medio antes, en los comicios extremeños de diciembre. Ambas citas no hicieron sino ahondar en la sucesión de derrotas electorales que el PSOE viene registrando en la ronda de urnas autonómicas que comenzó en los comicios castellanoleoneses de febrero de 2022. Desde entonces, en España ha habido 19 llamadas a votar en distintas comunidades: el PSOE solo ha sido la fuerza más votada en cinco de ellas, y en 13 ha visto reducido su número de parlamentarios. Las victorias electorales se las ha anotado en Asturias, Castilla-La Mancha, Canarias, Cataluña y Extremadura (en mayo de 2023, cuando fue primera fuerza empatado con el PP), aunque solo en Cataluña ganó aumentando su número de escaños (+9 en las elecciones de 2024). También creció en Cantabria (+1), Madrid (+3), Comunidad Valenciana (+4) y País Vasco (+2), pero en el resto de autonomías se ha dejado un total de 51 escaños, con lo que la pérdida neta ha ascendido a 32 asientos.
Las debacles en Aragón y Extremadura sitúan a los socialistas en sus niveles más bajos de poder territorial
Si se traza la línea de división en la pandemia, de las 26 llamadas a las urnas que se han producido en España desde entonces -contando unas elecciones generales, municipales y europeas-, el PSOE ha sido el partido más votado en menos de un cuarto de ellas (seis), y en más de la mitad (15) ha perdido representantes, 64 en total. Por contra, ha mejorado su resultado en ocho citas con las urnas -dos veces en Cataluña y otro par en País Vasco-, ganando 36 escaños autonómicos y un diputado nacional. La cuenta es, pues, positiva en el Congreso, pero no en los territorios, donde en términos netos se deja 28 representantes.
Esta sangría de escaños, especialmente acentuada en el último ciclo electoral, deja a los socialistas ahora en su mínimo de poder territorial desde la pandemia -336 parlamentarios autonómicos-, una cifra similar a las que aglutinaban hace una década, cuando Sánchez tomó las riendas de un PSOE que atravesaba unos años negros -de 2015 a principios de 2019, se movió entre los 300 y 369 escaños territoriales-.
Entonces, sin embargo, la caída de los socialistas quedaba compensada por el impulso de las formaciones a su izquierda -fue la época dorada de Podemos-, con lo que el bloque aguantaba pese a la tendencia a la baja del PSOE. De hecho, fue en aquellas fechas cuando la suma de la izquierda aglutinó más diputados autonómicos: hasta 527 llegaron a reunir los socialistas con los morados, Izquierda Unida y otras formaciones de este espectro a nivel regional. Hoy, sin embargo, solo aglutinan 425, la cifra más baja de la era Sánchez en el PSOE. La izquierda en su conjunto pierde 102 diputados.
La suma con la izquierda en las comunidades está hoy en el mínimo
Hasta 2021, el PSOE y el espacio a su izquierda venían funcionando como una balanza en las autonomías: si el primero crecía, las segundas perdían diputados, y viceversa -y lo hacían en proporciones similares-. Pero, en la última ronda de elecciones en las comunidades, esa pauta, que permitía a la izquierda mantener su capacidad de gobernar, ya no opera. O los socialistas y los partidos a su izquierda bajan simultáneamente -como ocurrió entre 2022 y 2023-, o la izquierda alternativa sube menos de los que cae el PSOE, fenómeno que se ha producido en las últimas citas con las urnas. El voto que pierde el partido de Sánchez, por tanto, se está desplazando en cierta medida a la derecha.
Esto lleva a que los socialistas solo estén ahora gobernando en cinco territorios -Asturias, Castilla-La Mancha, Cataluña, Navarra y País Vasco-, a los que se suma el Ejecutivo central. A finales de 2016, tras la primera ronda de elecciones autonómicas que Sánchez vivió como secretario general del PSOE, su partido logró gobernar en 10 comunidades. En 11 ejecutivos autonómicos tenía asiento antes de la pandemia -más La Moncloa-, y así siguió siendo hasta los comicios de 2023. Pero, desde entonces, la progresiva caída de los socialistas hace que las cuentas ya no salgan. Si hace seis años el PSOE de Sánchez estaba en su mejor momento, hoy se dirige, en todas las escalas territoriales, a un valle cuyo suelo aún está por determinar. Sus filas no son ajenas a ello.