En una primera etapa aplicaron datación por radiocarbono para determinar la antigüedad de los restos vegetales. Estos materiales fueron seleccionados porque procedían de plantas de ciclo de vida corto, lo que implica que únicamente absorbieron carbono atmosférico durante un periodo limitado de crecimiento. Esta característica permite estimar con mayor exactitud el momento en que fueron recolectados y utilizados durante la ceremonia.
El análisis incorporó además una calibración especial adaptada a las regiones ocupadas por el dominio incaico. Debido a que la extensión territorial del imperio abarcaba zonas influenciadas por patrones atmosféricos tanto del hemisferio norte como del hemisferio sur, los investigadores desarrollaron un modelo de calibración mixto. Para las hojas de coca emplearon una calibración basada en un 100% en las condiciones atmosféricas del hemisferio sur; para la mandioca utilizaron una combinación de 30% hemisferio norte y 70% hemisferio sur; mientras que para el maíz aplicaron una proporción de 60 y 40%, norte y sur, respectivamente. Este procedimiento permitió reducir posibles errores derivados de las diferencias atmosféricas regionales y aumentar significativamente la precisión cronológica de los resultados.
A ello se sumó un análisis de isótopos estables de carbono, nitrógeno y oxígeno presentes en los tejidos vegetales. Esta metodología permitió reconstruir las condiciones ambientales en las que crecieron las plantas e identificar las posibles regiones de procedencia de los cultivos, aportando información adicional para interpretar los datos obtenidos.
Mantente al día con el mundo de la tecnología. Agréganos a tus Fuentes Preferidas en GoogleArrow“Considerando estos hallazgos, la capacocha emerge no como un ritual aislado o estático, sino como una práctica dinámica y adaptativa situada en la intersección de múltiples esferas de significado”, concluyen los autores.
Los especialistas reconocen que será necesario ampliar la investigación mediante nuevos indicadores ambientales, análisis isotópicos más extensos y conjuntos comparativos de datos arqueológicos procedentes de distintas regiones del Imperio inca. Esto permitiría comprender con mayor claridad “la gama completa de factores desencadenantes situacionales y patrones culturales a largo plazo que sustentaron las prácticas sacrificiales de gran altitud en los Andes”.
El estudio sostiene que los hallazgos invitan a reconsiderar la interpretación tradicional de los sacrificios humanos como actos exclusivamente religiosos. En cambio, sugieren que estas ceremonias también desempeñaron un papel relevante en la administración, integración y consolidación política de uno de los mayores imperios de la América prehispánica.