De la división, al enfrentamiento directo. El choque de entre las diferentes facciones del independentismo catalán amenaza con escalar hasta alcanzar una tensión inédita durante esta Diada. Esta tarde, en la víspera del 11 de septiembre, el secesionismo más radical se ha dado cita en el simbólico Fossar de Les Moreres, el venerado mausoleo en el que están enterrados los «mártires» que se enfrentaron a las tropas borbónicas en 1714, con motivo de la Guerra de Sucesión.
Arran, la división juvenil de la CUP, se ha propuesto impedir que Aliança Catalana pise el Fossar para realizar un acto político, como el que ha organizado los dos últimos años. Ante la perspectiva de que la formación liderada por Sílvia Orriols desplace a cientos de militantes desde el centro de Cataluña a Barcelona, los antisistema han instado a sus seguidores a tomar el espacio a las cinco de la tarde, media hora antes del inicio del acto de la formación independentista de sesgo xenófobo. «No les regalaremos el independentismo, no cederemos ni un palmo de tierra», clama la convocatoria de Arran, que se verá secundada por miembros de sindicatos y otros grupúsculos de la extrema izquierda secesionista como Alerta Solidaria, COS o el Sindicat d'Estudiants dels Països Catalans.
La CUP y sus juventudes solían centrar sus esfuerzos en organizar una manifestación propia en la tarde del 11 de septiembre, después de la marcha mayoritaria del independentismo, que desde los años del procés capitanea la Assemblea Nacional Catalana (ANC). Esa concentración sirve tradicionalmente de colofón al 11 de septiembre y en ella se acostumbran a quemar banderas españolas y retratos del Rey. Sin renunciar a ese aquelarre, los antisistema se volcarán este año en combatir a Aliança e intentar boicotear su acto. «Se ha acabado, no lo permitiremos. No permitiremos que Aliança ocupe el Fossar para difundir su discurso racista», clama uno de los vídeos difundidos por Arran en los últimos días.
Hasta dónde están dispuestos a llegar para impedir que Aliança se concentre en el Fossar es una incógnita que ha llevado a los Mossos d'Esquadra a destinar un importante operativo para impedir eventuales enfrentamientos físicos.
Cartel de la CUP llamando al boicot a Aliança.Y es que la izquierda independentista radical lleva planeando el boicot a Aliança desde la primavera. En abril, ya hizo pública la convocatoria de su contramanifestación del 10 de septiembre, y el ambiente no ha dejado de caldearse desde entonces, tanto en las redes sociales como en foros secesionistas, donde pueden leerse mensajes del tipo: «Viendo el perfil de los alianceros que fueron el pasado año, con mucha juventud, los de Arran se esfumaran rápido si no hay mossos. Como les gusta el guerracivilismo y las luchas intestinas entre catalanes. Aún no han aceptado que son minoría».
«Pretendemos recordar con honor a nuestros caídos. ¿Hay alguna cosa más anticatalana que luchar contra un movimiento que pretende liberar a nuestro país del régimen español», rebaten otros vídeos en los que jóvenes portavoces de Aliança defienden desde el propio Fossar que «el 10 de septiembre todos los nacionalistas tienen que estar en la plaza, defendiendo la libertad de expresarnos, de pensar y de recordar a los que nos han precedido». Así que, definitivamente, el choque está servido.
Cartel del acto de Aliança.Pero la división independentista se palpará más allá de la rencilla entre la CUP y Aliança. El partido liderado por la alcaldesa de Ripoll ha hecho implosionar al secesionismo y las estimaciones del CIS catalán ya le conceden la tercera posición en unas eventuales elecciones autonómicas catalanas, prácticamente igualando a ERC y superando a Junts, que perdería 20 diputados en relación a los comicios de 2024 y que sigue privada de un liderazgo sólido, pues todavía se desconoce la fecha en la que Carles Puigdemont podrá regresar a España. Se espera que el Tribunal Constitucional resuelva el recurso del ex presidente de la Generalitat antes de finalizar el año.
Esa división y el hecho de que la Diada caiga en viernes, propiciando un puente de tres días en toda Cataluña, difícilmente fomentará la participación, que no ha dejado de desplomarse desde el 1-O. Sólo 28.000 personas se manifestaron el pasado año en Barcelona para pedir la independencia de Cataluña.
Previsiblemente, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, defenderá la «nación» catalana, como en las diadas previas, pero también la pluralidad de la festividad autonómica. En esta edición, además de en Cataluña, el Govern también celebrará actos de la Diada en Extremadura. Lo hará el 16 y 17 de septiembre. Y el objetivo es ir replicando los festejos en diferentes comunidades en los próximos años.