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El migrante es todas las personas pasadas y futuras

El migrante es todas las personas pasadas y futuras
Artículo Completo 726 palabras
Eneas abandonó Troya con su padre ciego y su hijo. Su patria ardía en llamas, arrasada por los griegos. Si Aquiles, anclado en la hazaña individual, sobresale del retablo de los héroes occidentales, Eneas se nos presenta como la síntesis de algo por encima de él: acepta que nunca volverá a su patria, porque entiende que ha de crear una nueva. No busca la gloria personal ni el regreso al hogar como Odiseo . Eneas es el cambio propio y el de otros, el símbolo más poderoso de la continuidad entre generaciones: el pasado sobre los hombros, el futuro de la mano. Por eso su historia ha servido durante siglos para pensar la migración. Eneas no deja de ser troyano cuando abandona Troya; lleva Troya consigo en la memoria, en sus ritos, en sus dioses domésticos y en la responsabilidad de transmitir ese legado. Su identidad ya no depende de un territorio, sino de aquello que es capaz de conservar y transmitir mientras atraviesa el mundo. Es el héroe que funda una patria precisamente porque antes la ha perdido. Tras la Guerra Civil Española, María Zambrano vivió más de cuarenta años de exilio, pasando por Francia, México, Cuba, Italia y Suiza, entre otros lugares. Esa experiencia transformó radicalmente su filosofía. En 1936 el régimen nazi le retiró la nacionalidad alemana a Thomas Mann. Dos años después emigró a Estados Unidos y, a partir de 1940, se estableció en Los Ángeles, donde vivió rodeado de otros intelectuales exiliados. Joseph Conrad abandonó la Polonia ocupada por razones económicas y profesionales, trabajó como marino mercante y terminó escribiendo en inglés obras maestras como 'El corazón de las tinieblas'.El Papa León XIV saluda a varios migrantes en el centro de primera acogida 'Las Raíces' de Tenerife. EFE  Velibor Colic , un desertor del ejército bosnio durante la guerra de los Balcanes, alguien cuya vida, casa y manuscritos quedaron reducidos a cenizas, fue hecho prisionero, logró escapar y se refugió en Francia, donde vive actualmente. Así lo contó en 'Manual de exilio, en 35 lecciones'. «Que fui soldado en contra de mi voluntad. Que estuve a punto de morir varias veces. Que me encerraron con tres mil hombres más, musulmanes bosnios, serbios y algunos 'traidores' croatas como yo en un estadio de Slavonski Brod. Que me convertí en traidor, que ya no represento nada para nadie. Antes de la guerra, yo era un hombre y ahora soy un insulto».Alguien se mueve porque algo lo empuja a hacerlo. Se pone en marcha, abandona lo propio para convertirse en otro u otra, ser alguien distinto. El migrante es todas las personas pasadas y futuras. La definición de la palabra conduce al desconcierto. A los políticos se les hace una bola de trapo en la boca. No acaban de entenderla, de frasearla, de cortarla en pedacitos. Si hasta parece hecha de pólvora, porque estalla siempre de la peor forma, entre la sopa boba buenista y el rancio esputo de la xenofobia . Cada vez que algún líder político la mienta es para aporrear algo con ella. Los inmigrantes caben debajo de cualquier alfombra y de cualquier bravuconada. En su indispensable libro 'Etimología para sobrevivir al caos', Andrea Marcolongo usa la etimología, las raíces de la palabra migrante y la define (en parte) con una cita del tercer canto de 'La divina comedia', de Dante : «Comprobarás cuánto sabe de salado/ el pan ajeno, y qué duro camino/ es bajar y subir la escalera de otros». Al encuadrarla en su origen y sus mutaciones, Marcolongo explica de qué forma la palabra migrar lleva consigo un sentido indefinido del cambio.

Eneas abandonó Troya con su padre ciego y su hijo. Su patria ardía en llamas, arrasada por los griegos. Si Aquiles, anclado en la hazaña individual, sobresale del retablo de los héroes occidentales, Eneas se nos presenta como la síntesis de algo por encima ... de él: acepta que nunca volverá a su patria, porque entiende que ha de crear una nueva.

No busca la gloria personal ni el regreso al hogar como Odiseo. Eneas es el cambio propio y el de otros, el símbolo más poderoso de la continuidad entre generaciones: el pasado sobre los hombros, el futuro de la mano. Por eso su historia ha servido durante siglos para pensar la migración.

Eneas no deja de ser troyano cuando abandona Troya; lleva Troya consigo en la memoria, en sus ritos, en sus dioses domésticos y en la responsabilidad de transmitir ese legado. Su identidad ya no depende de un territorio, sino de aquello que es capaz de conservar y transmitir mientras atraviesa el mundo. Es el héroe que funda una patria precisamente porque antes la ha perdido.

Tras la Guerra Civil Española, María Zambrano vivió más de cuarenta años de exilio, pasando por Francia, México, Cuba, Italia y Suiza, entre otros lugares. Esa experiencia transformó radicalmente su filosofía. En 1936 el régimen nazi le retiró la nacionalidad alemana a Thomas Mann. Dos años después emigró a Estados Unidos y, a partir de 1940, se estableció en Los Ángeles, donde vivió rodeado de otros intelectuales exiliados. Joseph Conrad abandonó la Polonia ocupada por razones económicas y profesionales, trabajó como marino mercante y terminó escribiendo en inglés obras maestras como 'El corazón de las tinieblas'.

 Velibor Colic, un desertor del ejército bosnio durante la guerra de los Balcanes, alguien cuya vida, casa y manuscritos quedaron reducidos a cenizas, fue hecho prisionero, logró escapar y se refugió en Francia, donde vive actualmente. Así lo contó en 'Manual de exilio, en 35 lecciones'. «Que fui soldado en contra de mi voluntad. Que estuve a punto de morir varias veces. Que me encerraron con tres mil hombres más, musulmanes bosnios, serbios y algunos 'traidores' croatas como yo en un estadio de Slavonski Brod. Que me convertí en traidor, que ya no represento nada para nadie. Antes de la guerra, yo era un hombre y ahora soy un insulto».

Alguien se mueve porque algo lo empuja a hacerlo. Se pone en marcha, abandona lo propio para convertirse en otro u otra, ser alguien distinto. El migrante es todas las personas pasadas y futuras. La definición de la palabra conduce al desconcierto.

A los políticos se les hace una bola de trapo en la boca. No acaban de entenderla, de frasearla, de cortarla en pedacitos. Si hasta parece hecha de pólvora, porque estalla siempre de la peor forma, entre la sopa boba buenista y el rancio esputo de la xenofobia. Cada vez que algún líder político la mienta es para aporrear algo con ella. Los inmigrantes caben debajo de cualquier alfombra y de cualquier bravuconada.

En su indispensable libro 'Etimología para sobrevivir al caos', Andrea Marcolongo usa la etimología, las raíces de la palabra migrante y la define (en parte) con una cita del tercer canto de 'La divina comedia', de Dante: «Comprobarás cuánto sabe de salado/ el pan ajeno, y qué duro camino/ es bajar y subir la escalera de otros». Al encuadrarla en su origen y sus mutaciones, Marcolongo explica de qué forma la palabra migrar lleva consigo un sentido indefinido del cambio.

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El migrante es todas las personas pasadas y futuras

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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