- TOM BURNS MARAÑÓN
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Lo que realmente interesa, porque no se sabe, es si los líderes del Partido Popular y de Vox estarán a la altura del sentir de sus votantes.
Benditas sean las elecciones autonómicas cuando las campañas se realizan en clave nacional. Es el caso de las de Aragón, el territorio barómetro electoral, la España en reducido y el estado de Ohio en estos pagos. Con las papeletas de las elecciones aragonesas en la mano, está claro que el sanchismo ha perdido cualquier viso de legitimidad democrática que pudo tener.
La cabeza de lista sanchista en el voto autonómico de ayer fue hasta antes de ayer ministra portavoz del gobierno de Pedro Sánchez. Nombrada candidata por el dedo presidencial, la sanchista por antonomasia no ha triunfado en su Zaragoza natal. Ha pagado el carísimo precio que es el de dar la cara por quien una mayoría aborrece por sus falsedades y postureos.
A Sánchez le dará igual la suerte de su escaldada elegida y su perdedor partido. Aguantará porque la legitimidad no es cosa de los consumados narcisistas. Eso está descontado y lo que realmente interesa porque no se sabe es si los líderes del Partido Popular y de Vox estarán a la altura del sentir de sus votantes.
Este desconocimiento es dramático porque lo que estará en juego durante el largo año y pico que le resta a Sánchez en el poder es la vigencia de la Constitución de 1978 y con ello la posibilidad de restaurar la concordia nacional. De los solemnes soberbios que padecen la pasión de mandar se puede esperar cualquier cosa.
Tal como se predecía, se parecen casi como dos gotas de agua el resultado de las autonómicas anticipadas en Aragón y en las también adelantadas en Extremadura que se celebraron en diciembre. El Partido Popular gana pero no consigue una mayoría, el voto del Partido Socialista decae, el de Vox dobla pero sigue siendo la tercera fuerza política y el de la izquierda radical pasa a ser irrelevante.
A la hora de gobernar de una manera estable y fructífera queda muy claro que con tales mimbres solamente se puede hacer una cesta en la cual quepa de manera proporcionada un mix de las políticas que, fuera de la anti España en Cataluña y en el País Vasco, desean bastante más de la mitad de los españoles. No es una mezcla complicada porque el ingrediente principal es común a los votantes de ambos partidos y es la enmienda a la totalidad del sanchismo.
Para estar a la altura del sentir de sus votantes, los líderes del Partido Popular y de Vox han de dejar de tirarse los trastos a la cabeza. Lo han de hacer de inmediato y la mejor manera de escenificar futuros pactos es sacar las impepinables consecuencias de los resultados que obtuvieron en las elecciones de ayer.
Los líderes de ambos partidos han de decir al unísono que lo que comparten es la intención de derogar a nivel nacional y de manera concluyente cuanto producto del desordenado pensamiento sanchista sea posible. Y esto los han de hacer juntos y bajándose los humos.
El adelanto de las elecciones en Extremadura y en Aragón se debió en los dos casos a la negativa de Vox a aprobar los presupuestos presentados por los gobiernos del Partido Popular, ambos minoritarios, en las capitales territoriales de Mérida y Zaragoza. Ahora están obligados a presentar presupuestos conjuntamente concertados.
El liderazgo popular en los dos territorios, debidamente bendecido por el liderazgo nacional en Madrid, apostó a que sus respectivos electorados penalizarían a la derecha "patriótica" e insurgente por su obstruccionismo en los debates presupuestarios. Los gobiernos, ya se sabe, anticipan elecciones porque están seguros de que las ganarán. También se sabe que, a veces, el tiro les sale por la culata y las elecciones adelantadas se pierden.
Los líderes de Vox aventuraron que con su rechazo primero a los presupuestos en Extremadura y después en Aragón obtendrían réditos en unos comicios convocados con urgencia. Supo medir, mejor que ese acomodaticio establishment de la derecha que es el Partido Popular, el creciente nivel de auténtico hartazgo que, en estos populistas tiempos, despierta el sanchismo.
Vox ha acertado con su apuesta porque ha impedido las mayorías que tan confiadamente esperaban los populares. No le quitó votos, con consecuencias hirientes, al Partido Popular en Extremadura ni parece que lo haya hecho en Aragón. Lo que ha conseguido es aumentar significativamente su representación pescando en otros ríos, en el de los jóvenes, en el de los supuestamente apáticos y desmovilizados y en de los izquierdistas asqueados con el sanchismo.
En ambos territorios la derecha "dinástica" ha ganado y ha perdido. Lo segundo porque en Extremadura y en Aragón depende más de Vox en los nuevos parlamentos territoriales que en los anteriores. Todo apunta a que el resultado será muy parecido, otra gota de agua más, cuando se celebren elecciones generales. Que tomen buena nota los líderes porque el sanchismo agoniza.
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