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El PISA que sentencia la Ley Celaá destapa la pérdida de interés de los padres y que un tercio de alumnos no sabe lo mínimo para funcionar en la vida

El PISA que sentencia la Ley Celaá destapa la pérdida de interés de los padres y que un tercio de alumnos no sabe lo mínimo para funcionar en la vida
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España se desploma en todas las disciplinas del informe. Expertos relacionan la caída con el abuso de las pantallas y con una menor exigencia. Todas las CCAA empeoran menos Castilla-La Mancha Leer

El sistema educativo español no recompensa la excelencia y desincentiva el esfuerzo. El «modelo competencial» del currículo de la Ley Celaá, que ha priorizado el «bienestar emocional» de los estudiantes por encima de los conocimientos, paradójicamente ha vuelto a los alumnos menos competentes y tampoco ha contribuido a solucionar una crisis de malestar sin precedentes.

Los datos del informe PISA que la Organización para la Cooperación y el DesarrolloEconómicos (OCDE) dio a conocer ayer en medio mundo constatan el fracaso del modelo educativo del Gobierno de Pedro Sánchez, con una Lomloe que desde 2020 ha rebajado la exigencia en la Secundaria, permitiendo, entre otras cosas, pasar de curso y obtener el título sin límite de suspensos en la ESO, y ha multiplicado la burocracia de los profesores, restándoles tiempo para dar clase a los alumnos y dificultando su forma de evaluar.

Tampoco las comunidades autónomas quedan bien reflejadas en esta radiografía educativa mundial (760.000 estudiantes evaluados, 30.000 de ellos en España), la única que nos permite hacer comparaciones entre territorios. Todas las regiones menos Castilla-La Mancha empeoran respecto a la edición anterior, de 2022. País Vasco y la Comunidad Valenciana se quedan los últimos de la cola, mientras Madrid le gana el primer puesto a Castilla y León. Pero no hay motivos para la celebración porque la caída ha sido tan grande que nos lleva a los niveles más bajos de la historia de PISA.

Nunca, desde que comenzó esta prueba en 2000, España había estado tan mal. Nos encontramos por debajo del promedio de la OCDE y de la media de la UE en las tres áreas analizadas, especialmente en Lectura y Matemáticas. Ya íbamos a peor desde hace una década y en 2022 sonaron las alertas. Por eso Pedro Sánchez prometió, en un intento de vuelta a lo tradicional, poner en marcha un plan de refuerzo en estas competencias del que nunca hubo una explicación detallada ni una rendición de cuentas. Pero la distancia con otros países se ha hecho mucho más grande con el paso del tiempo, especialmente en el periodo comprendido entre 2022 y 2025.

El 33% de los alumnos españoles no sabe lo mínimo de Matemáticas para manejarse con soltura en la vida. Se encuentran por debajo del nivel 2 de un total de 6, lo que significa que, a sus 15 o 16 años, no saben comparar las distancias entre dos rutas alternativas o convertir distintas monedas. Este porcentaje era del 28% en 2022 y del 22% en 2015. Lo mismo ha ocurrido en Lectura, con unos alumnos de bajo rendimiento que en una década ha crecido del 16% al 32%, y en Ciencias, que han aumentado del 18% 23%.

«Estos estudiantes corren un mayor riesgo de tener un dominio más débil de las competencias fundamentales necesarias para el aprendizaje continuo y una participación significativa en la sociedad, lo que los expone a un mayor riesgo de resultados educativos y laborales adversos en etapas posteriores de la vida», advierte la OCDE en su informe.

La caída ha sido generalizada en buena parte de los 90 países analizados, incluso en los asiáticos, pero en España se ha producido más intensamente. En Lectura (451) perdemos 23 puntos desde 2022, mientras que la OCDE y la UE descienden 15 y 16 puntos. ¿Qué significa esto? La terminología PISA establece que 20 puntos vienen a ser equivalentes a lo que se aprende durante un curso escolar. Reino Unido, uno de los países que mejor se mantienen en esta edición, ha logrado 494 puntos. Es decir, un quinceañero español tiene el nivel de comprensión lectora de un británico de 13 años. Hace una década, España se encontraba al mismo nivel que ahora tiene Reino Unido, con 496 puntos, así que puede afirmarse que la competencia de los alumnos de 4º de la ESO de ahora es la misma que la que tenían los estudiantes de 2º de la ESO en 2015.

En Matemáticas (457) también hay una caída significativa de las competencias. Los alumnos pierden 16 puntos respecto a 2022, mientras la OCDE se deja nueve y la UE, 11. Son 30 puntos menos que en 2015, el equivalente a un retroceso de un curso escolar y medio. Y en Ciencias (477) nos hemos dejado 8 puntos frente a los 3 del conjunto de países, que se convierten en 16 si se comparan con los que se registraron hace una década.

El Gobierno se resistió ayer a hacer autocrítica, defendió su Ley Celaá -«Esto no tiene que ver con la Lomloe», dijo la ministra de Educación, Milagros Tolón-, y destacó que «el alumnado puntúa bien en áreas que también son importantes, como la curiosidad por aprender o el sentido de pertenencia al centro». También aprovechó para responsabilizar a las pantallas, a pesar de que ha sido precisamente el PSOE, cuando Isabel Celaá se encontraba al frente del Ministerio, quien más ha apostado por digitalizar los centros educativos. Y así lo refleja la Lomloe.

Hay un cambio también en el discurso de la OCDE, que ahora se muestra más dura con los dispositivos electrónicos, especialmente con los móviles, y que ha pasado de defender el modelo competencial encarnado en la Lomloe a reconocer que quizá hay algunas cosas en las que los países se han pasado de frenada. Sólo así se explica que el analista senior de la OCDE y responsable de la coordinación del estudio PISA, Tue Halgreen, animara a tomar ejemplo de los países asiáticos, que año tras año se mantienen en lo alto de la lista, y elogiara que sus alumnos dedican mucho esfuerzo a hacer tareas escolares fuera de las aulas.

«Los padres invierten mucho tiempo y recursos en la educación de los hijos, los niños invierten mucho tiempo en hacer los deberes y trabajan muy duro. Los profesores son valorados en la sociedad, no tanto por su remuneración, sino porque es una profesión que se considera valiosa. Y luego hay un interés por el aprendizaje continuo: aunque están arriba, la administración quiere seguir aprendiendo», explicó Halgreen.

Su mensaje es una llamada de atención para los países occidentales, pues en todos se ha reducido la implicación de las familias en la vida escolar. Cada vez hay menos progenitores con tiempo libre para charlar con ellos. En España, el 69% de los alumnos dice que sus padres les preguntan al menos una vez por semana qué han hecho en la escuela, mientras que el 50% declara que mantiene al menos semanalmente conversaciones sobre los problemas del centro educativo. En 2022, los porcentajes eran mayores: del 77% y del 60%.

El absentismo escolar igualmente se ha incrementado en este tiempo: un 34% de los alumnos (el 22% en la OCDE) admite haber faltado al menos un día a clase durante las dos semanas anteriores a la prueba. En la anterior edición de PISA estos alumnos sólo representaban el 28%.

La actitud de los estudiantes también ha empeorado. Son curiosos, como dice la ministra Milagros Tolón, pero esa curiosidad ha bajado 3,2 puntos porcentuales desde 2022. Y asimismo han disminuido los perseverantes: si entonces el 71,3% afirmaba realizar un esfuerzo adicional cuando el trabajo se volvía difícil, ahora son el 68%.

Otra cosa que nos distingue de los países asiáticos es el trato que se da a los profesores, el factor que más influye en el rendimiento académico de los alumnos. Desde 2022 ha aumentado en España la percepción de que hay escasez de profesores (del 41% al 49%) y el porcentaje correspondiente a la percepción de falta de personal de apoyo es del 72%, frente al 39% registrado a la OCDE.

Los profesores se quejan de que las administraciones públicas no han sabido dar respuesta a la nueva realidad demográfica de las escuelas, con un incremento de alumnos inmigrantes que no conocen la lengua o que llegan a mitad de curso y con el aumento de estudiantes con necesidades especiales.

Se ha visto, con las trampas que han hecho en la muestra de PISA Cataluña, Murcia y Baleares, que las comunidades autónomas son conscientes de que examinar a alumnos con dificultades de aprendizaje empeora su imagen en la fotografía. Sin esas trampas, que han disparado la tasa de exención de España hasta el 7,9%, los resultados nacionales probablemente habrían sido peores. Los docentes se quejan de que no se les ha preparado para enseñar y evaluar conforme a la nueva ley ni se les ha dado suficiente apoyo. Ésta iba a ser «la legislatura del profesorado», en palabras del Gobierno, y el curso ha comenzado con huelgas en Cataluña y Madrid y un malestar cada vez más intenso en el resto de comunidades.

Por eso cada vez más de profesores abogan por terminar con innovaciones como el aprendizaje por ámbitos de conocimiento, los proyectos, el aula invertida o herramienta digitales para aprender Matemáticas de forma alternativa. Ismael Sanz, director de Educación de Funcas, sostiene que este «facilismo» se ha extendido por otros países europeos -el mayor ejemplo es Finlandia- con no muy buenos resultados. Frente a ellos, destacan Reino Unido y Estados Unidos, que han implantado planes de refuerzo de lectura que parecen estar teniendo efecto. «Yo no digo que sean importantes las competencias, pero se ha puesto un énfasis exagerado en ellas olvidando los conocimientos. Han perdido importancia la lectura, los dictados y el papel. España es un país que lo ha apostado todo a la equidad sacrificando la calidad. Y nos hemos quedado sin equidad y sin calidad», dice Sanz, profesor titular del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid e investigador en la London School of Economics.

Precisamente los países que más han elevado el listón son los que más alumnos excelentes presentan y menos estudiantes de bajo rendimiento tienen. Y los que se han posicionado más arriba en esta convocatoria del informe PISA.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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