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La grave crisis abierta entre el Gobierno y la Administración Trump pone en riesgo la posición de EEUU como principal inversor exterior en España y compromete los fuertes intereses de las empresas nacionales al otro lado del Atlántico.
El empeño del Gobierno de Pedro Sánchez en desafiar al actual inquilino de la Casa Blanca y en escenificar internacionalmente sus discrepancias no es inocuo para España. Ni para su tejido económico y empresarial, que se ha situado en el foco de las iras del temperamental mandatario estadounidense, que ahora amenaza con "cortar todo el comercio con España" e incluso con imponer un embargo al país por su negativa a autorizar el uso de las bases de Morón y Rota en los ataques de EEUU a Irán.
Pese a las afirmaciones del Gobierno español de que está en condiciones de plantar cara al órdago de Donald Trump, asegurando que "nuestro país cuenta con los recursos necesarios para contener posibles impactos y ayudar a los sectores que pudieran verse afectados", lo cierto es que más allá de esta retórica es mucho lo que está en juego en el ámbito económico con esta nueva y grave brecha diplomática, que pone en jaque cifras multimillonarias en comercio e inversión bilaterales, así como los intereses de miles de empresas tanto aquí como al otro lado del Atlántico.
Estados Unidos es el principal inversor internacional en España, con un porcentaje de stock de inversión directa foránea que, en promedio, ha rondado el 15% del total en los últimos años, con picos puntuales superiores al 19% en algunos ejercicios, como sucedió en 2022. En términos acumulados, dicho stock rozaba los 130.000 millones de euros hasta 2024, según un reciente informe del IEE, por delante de países como Reino Unido (cerca de 119.000 millones), o de Alemania y Francia, con agregados de unos 97.000 millones, respectivamente.
Entre enero y septiembre de 2025 (datos más recientes disponibles), EEUU invirtió en España 6.893 millones de euros (incluyendo la financiación intragrupo), casi un 82% más que en el mismo periodo de 2024 y más del 36% del total de inversión extranjera directa que desembarcó en España en ese lapso, lo que ilustra la magnitud de lo que está en riesgo, de acuerdo con los datos del Ministerio de Economía. Más que en todo 2024, cuando Estados Unidos invirtió 6.415 millones en España, el 16,4% del total, en línea con la media de los últimos años.
Primer destino inversor
El peligro no se ciñe, ni mucho menos, a las inversiones estadounidenses en suelo español que, a falta de los datos del último trimestre, repuntaron en 2025 tras el declive sufrido en 2023 y 2024, sino también a los intereses nacionales al otro lado del océano. No hay que olvidar que España y sus empresas tienen en EEUU su primer destino inversor internacional, con una posición que en 2024 rondaba los 117.000 millones (incluyendo tanto la inversión directa en tejido productivo como en activos financieros). Solo ese año, las inversiones españolas en EEUU superaron los 9.037 millones de euros, un 22,3% más que en 2023, aunque se desinflaron hasta los 3.124 millones entre enero y septiembre de 2025.
Es obvio que para España EEUU es un mercado estratégico en el que se juega mucho. No en vano, más de 10.000 empresas españolas exportan allí, con cerca de 2.000 filiales instaladas en el país, alrededor de 600.000 empleos generados en terreno americano y una facturación superior a los 255.000 millones de euros. Y con intereses en sectores muy diversos como la energía, las infraestructuras, la banca o la automoción.
Fuerte presencia española
Entre esa nutrida presencia española en EEUU figuran grupos nacionales de la talla de Banco Santander, que hace apenas un mes anunció la compra del Webster Bank por 10.300 millones de euros; ACS, el mayor contratista de obra civil de EEUU a través de su filial Turner; Ferrovial, que opera media docena de autopistas de peaje y promueve la nueva terminal 1 del aeropuerto JFK de Nueva York; Iberdrola, que prevé invertir unos 16.000 millones en redes eléctricas de aquí a 2028; Acerinox, el mayor fabricante de acero de toda Norteamérica; Gestamp, con varias plantas de componentes de automoción instaladas en el país; o Inditex, con casi 100 tiendas en el país, que es su segundo mayor mercado por facturación. Sin olvidar la importante penetración de otras compañías como la hotelera Barceló, que controla la gestión de 122 establecimientos en EEUU.
A los fuertes lazos inversores que existen entre ambos países, cuya hipotética ruptura supondría un terremoto de gravísimas consecuencias para las empresas españolas con intereses a ambos lados del Atlántico, se suma un comercio bilateral que en 2025 superó los 46.890 millones entre exportaciones e importaciones. Aunque la exposición directa de España a Estados Unidos es bastante más acotada que la de sus homólogos europeos (el año pasado, las ventas nacionales al mercado estadounidense representaron el 4,3% de sus exportaciones totales frente al casi 21% de la UE), están en juego cifras nada desdeñables y sectores clave para la economía española. En 2025, España exportó a EEUU bienes por valor de 16.716 millones, un 8% menos que en 2024, mientras que importó del mercado estadounidense un 7%, hasta 30.174 millones, disparando un 34% el déficit comercial español respecto a Estados Unidos (13.458 millones).
Bienes más expuestos
Entre los bienes más expuestos a la nueva brecha política y diplomática abierta entre España y EEUU sobresalen la maquinaría y aparatos mecánicos y los aparatos y material eléctrico (turborreactores, transformadores eléctricos, lavavajillas, paneles de consolas...), que el año pasado sumaron unas exportaciones de 4.426 millones de euros, un 10% más que en 2024. A ello se añaden los productos farmacéuticos y medicamentos, con unas ventas de 1.265 millones, un 15,5% más; y los bienes agroalimentarios, con el aceite de oliva a la cabeza, cuyas ventas al mercado estadounidense fueron de 732 millones de euros, un 27,6% menos en parte por el fuerte abaratamiento del producto. También destaca el vino, con unas exportaciones de 288 millones en 2025 (-13,8%). Ambos productos están especialmente expuestos a las hostilidades comerciales por su significativa penetración en EEUU: en torno al 16% de sus exportaciones en el caso del aceite y del 11% en el del vino. El nuevo escenario ha puesto en guardia a empresas españolas como Ebro, Dcoop, Protos, o Almirall.
Riesgo energético
Pero España compra a Estados Unidos mucho más de lo que le vende (casi el doble el año pasado) y algunos capítulos son especialmente sensibles si la ruptura se materializara. Y es que casi un tercio de lo que España importa de EEUU, 10.385 millones en 2025, son productos energéticos: esencialmente gas natural licuado, propano y aceites crudos de petróleo; además de productos farmacéuticos (6.730 millones), o aparatos ópticos, incluidos rayos X, ortopedia y otros instrumentos médicos. Un hipotético cerrojazo comercial estadounidense dejaría seriamente comprometido el suministro energético nacional.
Las cifras ponen de manifiesto la gran relevancia que EEUU tiene para el tejido empresarial español. De ahí que en las últimas horas se hayan multiplicado los llamamientos al Gobierno desde diferentes organizaciones y patronales para que temple los ánimos con la Administración Trump y apueste por el diálogo para estabilizar las ahora muy deterioradas relaciones.
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