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El sándwich de pastrami que cambió el rumbo del restaurante de Sergio Redondo

El sándwich de pastrami que cambió el rumbo del restaurante de Sergio Redondo
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Rub Smokehouse destaca por una cocina pensada para el fuego lento, el respeto al producto y una pieza que es su bandera: el brisket

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El sándwich de pastrami que cambió el rumbo del restaurante de Sergio Redondo

Rub Smokehouse destaca por una cocina pensada para el fuego lento, el respeto al producto y una pieza que es su bandera: el brisket

Paloma Cremades

Miércoles, 7 de enero 2026, 22:54

... tuvo forma de sándwich de pastrami. Un bocado aparentemente sencillo que acabó cambiando el rumbo del restaurante y, de alguna manera, también la vida de su creador, Sergio Redondo.

Cuando decidió dar el paso y abrir en Málaga Rub Smokehouse, lo hizo sin medias tintas. Apostó fuerte por la decoración, por un espacio con personalidad, techos cuidados, materiales nobles y una estética que invitaba a quedarse. No era un local improvisado; era una declaración de intenciones. Y, en el corazón del proyecto, una cocina pensada para el fuego lento, para el respeto al producto y para una pieza que se convertiría en su bandera: el brisket.

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El brisket es un músculo del pecho de la vaca, una carne tradicionalmente dura, poco agradecida si no se trata con paciencia y conocimiento. Sergio vio en ella un reflejo de su propio proyecto: algo que necesitaba tiempo, mimo y fe. Con la ahumadora como herramienta estrella y horas de cocción lenta, el brisket se transformaba en una carne tierna, jugosa y profunda.

Pero los sueños, incluso los bien cocinados, no siempre llegan acompañados de resultados inmediatos. Tras un año y medio cuidando cada detalle, poniendo cariño en cada servicio y defendiendo su cocina con honestidad, los números no respondían tanto como esperaba. Rub era un restaurante con alma, sí, pero parecía no terminar de arrancar.

Hasta que un día, casi sin buscarlo, todo cambió.

Nada al azar

Mientras cocinaba una pieza de pastrami casero, Sergio decidió montar un sándwich. Nada al azar: pastrami hecho en casa, con maceración y reposo; encurtidos preparados por él mismo; un pan brioche traído expresamente de una panadería de confianza, y una salsa inventada sobre la marcha, pensada para equilibrar, para abrazar todos los sabores.

El efecto fue inmediato. El boca a boca hizo el resto. El teléfono empezó a sonar sin parar, las reservas se llenaron y el restaurante, que parecía caminar con paso lento, comenzó a latir con fuerza. La gente llegaba por el sándwich de pastrami y se quedaba para descubrir el resto de la carta.

Porque Rub Smokehouse no es solo pastrami o brisket. Es el bacon ahumado en casa, los tacos llenos de personalidad, las croquetas artesanas que cuentan historias. Especialmente la de brisket, esa que Sergio describe como si una madre de Texas estuviera cocinando para ti. Y no exagera.

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Aquí también hay kétchups equilibrados en su propia cocina, explicaciones detalladas de cada plato y una atención personalizada. Sergio sale a sala, habla, pregunta, escucha. Necesita el contacto con el público y se le nota. Le gusta. Lo vive. Dice que cada vez que entra un cliente, sale un amigo. Y en Rub, esa frase no es marketing: es verdad.

A veces, basta un solo bocado para cambiarlo todo. En este caso, fue un sándwich de pastrami el que encendió definitivamente el fuego. Y desde entonces, en Rub Smokehouse, la historia se sigue escribiendo a fuego lento.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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