Entre los asistentes al Free Burn se encontraba Ralph Nauta, un artista holandés que trabaja con la luz y la tecnología. Kimbal le preguntó si podría ofrecer un espectáculo sin fuego para la última noche, y Nauta accedió. Una multitud se congregó en la playa mientras Nauta liberaba un enjambre de drones que flotaron sobre la tierra durante unos minutos antes de alinearse con el contorno punteado del Hombre. La multitud contuvo el aliento y luego vitoreó. La figura levantó lentamente los brazos, se tiñó de rojo fuego y se desvaneció. "Todos, incluido yo, estábamos llorando a lágrima viva", recordó Kimbal. "Fue uno de los momentos más emotivos de mi vida".
Un año después, Kimbal fundó Nova Sky Stories. Entre los inversionistas de la última ronda de financiamiento de la empresa, de 50 millones de dólares, se encontraba el magnate de Hollywood Jeffrey Katzenberg, quien se incorporó al consejo directivo tras presenciar un show de drones en 2022 en (¿dónde más?) Burning Man. Un show de drones tiene propiedades transformadoras, aseguró Kimbal: "El cínico que hay en ti desaparece. Es como una conexión directa con el centro espiritual". Me contó que el Papa León, que vio el espectáculo del Vaticano desde un apartamento cercano, le pasó una nota después. "Sus palabras", según Kimbal, "fueron que había hecho que Miguel Ángel se sintiera orgulloso".
varios operadores de drones (pequeños y grandes, regionales y nacionales), me di cuenta de que existía cierta tensión entre ellos; es decir, el sector no está precisamente impregnado de cordialidad. Algunos tachaban el trabajo de sus rivales de "imágenes prediseñadas", otros de simple buen marketing. De vez en cuando oía la palabra "litigioso".Los modelos de negocio también varían enormemente. Algunos fabrican drones, otros crean software para espectáculos con drones, otros organizan espectáculos y venden software, y otros venden software pero no fabrican drones; hay de todo. Algunos se posicionan como artistas, mientras que otros tienen un enfoque más utilitario. Como me dijo un ejecutivo de Pixis Drones: "Somos, ante todo, una agencia de marketing, y da la casualidad de que tenemos una flota de drones". Algunos piensan que "show de drones" es un nombre poco digno para un medio tan futurista. La empresa de Kimbal Musk prefiere "historias en el cielo", y UVify se decanta por "contenido ciberfísico".
Un miércoles por la tarde, en una cafetería de Palo Alto por la que circulaba un Tesla Cybercab cada 15 minutos, conocí a Nils Thorjussen, cofundador de Verge Aero, el segundo mayor operador de drones de Estados Unidos (un proveedor ocasional de espectáculos que también vende software y hardware para drones). Thorjussen, cuyo rostro sonrosado refleja una pasión de toda la vida por el esquí (acababa de regresar de Tahoe), lleva décadas dedicado al sector de la iluminación. Tras graduarse en la escuela de negocios de Stanford, puso en marcha una empresa de sistemas de control para grandes conciertos y pronto se encontró de gira con los Grateful Dead. Un día vio una charla TED en la que se mostraban espectáculos de luces con drones y quedó hipnotizado.
WIRED. Adaptado por Andrea Baranenko.