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Carrera para ganar tamaño en la industria del capital riesgo.
Dos operaciones anunciadas la semana pasada en el capital riesgo reflejan el enorme reto que afrontan las firmas europeas de este sector para seguir la estela de sus rivales estadounidenses, que en los últimos años han acelerado para crear gigantes de la inversión con alrededor de un billón de dólares en activos bajo gestión cada uno.
Por un lado, CVC Capital Partners comunicó una alianza con American International Group (AIG), por el que la entidad con sede en Luxemburgo va a gestionar 3.500 millones de dólares aportados por la aseguradora, utilizándolos para invertir en crédito y en operaciones "secundarias" (compra de participaciones en fondos de capital riesgo ya existentes o en fondos de continuación que alargan la vida de vehículos al llegar al final de su vida útil).
Por otra parte, la entidad sueca EQT anunció un acuerdo para adquirir Coller Capital, una firma británica especializada en fondos secundarios con casi 50.000 millones de dólares en activos bajo gestión. El precio de la compra se situará entre 3.200 y 3.700 millones de dólares, en función de la evolución del negocio en los próximos años.
Capital estable
Las alianzas reflejan el viraje estratégico que los gigantes del capital riesgo están dando en los últimos años. Por el lado de la captación de recursos, tratan de obtener dinero más estable, llegando principalmente a alianzas con aseguradoras o grandes grupos de gestión de activos.
En el caso de CVC, ese objetivo está claro en el acuerdo con AIG, donde una parte del dinero irá dedicado a un fondo de inversión en operaciones secundarias sin fecha de vencimiento, en lugar de los tradicionales 10 años de vida.
EQT, al adquirir Coller Capital, también hereda una alianza que esta firma tiene con el gigante estadounidense de los fondos State Street, que es accionista minoritario en la gestora británica y le cede activos para su gestión.
Esta estrategia de captación de capital más estable está más avanzada en Estados Unidos, donde grupos como Apollo Global Management, Blackstone y KKR son propietarios de compañías de seguros. Parte de las primas que reciben estas entidades son colocadas en los fondos de las propias firmas de inversión.
El objetivo final, por tanto, es no depender tanto del éxito de las campañas de recaudación cuando se lanza un nuevo fondo y se presenta a decenas de inversores institucionales de todo el mundo.
En los últimos dos años, estos procesos se han hecho más complicados, ya que por un lado algunos inversores han llegado a su límite de exposición de las carteras a los mercados privados frente a Bolsa o renta fija; y por otro, la escasez de operaciones de venta de empresas ha hecho que se demore la entrega de dividendos a los partícipes, por lo que éstos se resisten a realizar nuevas aportaciones hasta recibir los retornos de los fondos en los que ya están presentes.
Menos opas
La segunda pretensión de EQT y CVC es diversificar también el destino de sus inversiones, reduciendo así el peso de las tradicionales compras de empresas cotizadas a través de ofertas públicas de adquisición (opas).
La compra de Coller Capital sitúa a la gestora sueca como la cuarta gestora europea en el ámbito de los fondos secundarios (por detrás de Ardian, Pantheon e ICG), y en la undécima del mundo. La española Altamar es la octava europea.
El ámbito de las transacciones secundarias vive una verdadera eclosión. Según el banco de inversión Evercore, en 2025 se registraron inversiones de ese tipo por un total de 226.000 millones de dólares, un 41% más que los 160.000 millones de 2024. Hace diez años, los volúmenes no llegaban a los 50.000 millones de dólares.
Sobre el total de operaciones del año pasado, 120.000 millones de dólares corresponden a ventas de participaciones en fondos existentes por parte de inversores, que buscan así obtener liquidez sin esperar a la devolución al final de la vida útil.
Para los compradores, adquirir esas posiciones es interesante porque suelen pedir un descuento sobre su valor teórico, y además tienen ya visibilidad sobre los activos del fondo, ya que las transacciones suelen realizarse cuando el capital con que nació el vehículo ya ha sido desembolsado.
Los otros 106.000 millones de dólares llegan por el lanzamiento de fondos de continuación por las propias gestoras. Cuando llega la fecha de liquidación de un vehículo y todavía tiene una o varias empresas sin vender, una opción es crear un nuevo fondo al que se aportan esos activos. Esta operación exige la búsqueda de nuevos inversores, si los partícipes existentes prefieren salir.
La escasez de salidas a Bolsa y ventas de empresas controladas por el capital riesgo ha hecho que este tipo de extensiones se haya disparado (un 51% más en 2025 respecto a 2024).
Además de los secundarios, otro segmento en claro crecimiento para la industria del capital privado es la concesión de créditos a empresas, en lugar de adquirirlas. En los últimos años, el volumen de préstamos se ha disparado, asumiendo posiciones de riesgo que ahora no quieren los bancos. CVC dedicará a ello parte del dinero de AIG, aunque es un segmento dominado también por las firmas norteamericanas.
Giro en la estrategia del capital riesgo
Relativamente alejada de los focos, la industria del capital riesgo ha desarrollado en los últimos años un giro estratégico radical. Por el lado de las inversiones, el sector ha pasado de estar especializado en adquisiciones de empresas cotizadas a crecer en la concesión de crédito y en activos estables como los inmobiliarios y los de infraestructuras.
Por el lado de la captación de capital, la industria va más allá de los típicos fondos con diez años de vida que captan ahorro de diversas instituciones. Ahora, el sector está lanzando vehículos sin vencimiento fijo, con capital sobre todo de aseguradoras y de grandes patrimonios de banca privada. A la vez, las gestoras de private equity intentan dar más ventanas de liquidez a los inversores, con el apoyo de líneas de financiación de los bancos o potenciando el uso de fondos secundarios. En Estados Unidos y Europa, la industria también va abriéndose cada vez más a inversores minoristas.
La idea final parece ser la creación de grandes plataformas de inversión, a las que pueda acudir un cliente para repartir su cartera destinada a los mercados privados bajo un solo paraguas.
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