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Ernesto Hernández Busto: «Lezama Lima es una advertencia sobre los peligros del mito y de la mitologización»

Ernesto Hernández Busto: «Lezama Lima es una advertencia sobre los peligros del mito y de la mitologización»
Artículo Completo 1,726 palabras
Con la aparición en enero de 2026 del primer volumen de 'José Lezama Lima: una biografía',   Ernesto Hernández Busto culmina un proyecto de largo aliento concebido y desarrollado durante más de dos décadas. Nacido en La Habana en 1968 y residente en Barcelona desde 1999, Hernández Busto ha construido una trayectoria marcada por el ensayo, la poesía y la traducción. Desde comienzos de los años 2000, ha desarrollado también una intensa labor editorial y crítica, así como proyectos digitales dedicados al análisis de la cultura cubana contemporánea. Su obra ensayística incluye títulos como 'Cerdos y niños' (2021) y 'Mito y revuelta. Fisonomía del escritor reaccionario' (2022), además de varios libros de poesía y numerosas traducciones literarias publicadas entre 2018 y 2024.La biografía de José Lezama Lima , que será editada íntegramente por Editorial Pre-Textos a lo largo de este año, se estructura en tres tomos. El primero, 'Años de formación (1910–1939)', reconstruye la infancia, el entorno familiar y la educación intelectual del escritor en el contexto de la cultura cubana de principios del siglo XX y su relación con el XIX. El segundo volumen, 'Años de fundación', aborda el periodo comprendido entre 1939 y 1958, años decisivos para la consolidación de 'Orígenes' y para la formulación del sistema poético lezamiano. El tercer tomo, 'Años de revolución', cubrirá desde 1959 hasta la muerte del autor en 1976 y se centra en su relación con la Revolución Cubana , el exilio de su entorno, el caso Padilla y los años finales de marginación cultural. En estas páginas, Hernández Busto no pretende juzgar ni idealizar a Lezama. Intenta acercarse al ser humano. Estudiarlo en su conjunto y en su singularidad.Símbolo de lo que Severo Sarduy denominó el NeoBarroco americano, José Lezama Lima fue uno de los escritores centrales de la literatura cubana y latinoamericana del siglo XX. Poeta, ensayista y novelista, desarrolló una obra de gran densidad simbólica, orientada por una concepción mítica de la historia. Fue figura clave del grupo y la revista 'Orígenes', decisivo en la vida intelectual cubana de mediados de siglo. Entre sus obras más importantes destacan la novela 'Paradiso' (1966), los poemarios 'Enemigo rumor' (1941) y 'Dador' (1960), y el libro de ensayos 'La expresión americana' (1957), texto fundamental del pensamiento cultural hispanoamericano.—¿De alguna manera cree que la ruptura de Lezama con la Revolución fue más íntima que política?—El tercer volumen de mi biografía cuenta en detalle su relación con la Revolución cubana. Lezama apoyó la Revolución, incluso con entusiasmo en 1960–61. Llegó a tener un puesto de vicepresidente en la Unión de Escritores. Su ruptura es posterior y pasa por dos momentos fundamentales. Uno es la evidencia —sobre todo tras la salida de sus hermanas— de que la Revolución provocaba exilio y dividía a la nación. Dos: después de 1968, tras el caso Padilla y, sobre todo, después de abril de 1971, cuando Padilla lo denuncia en su famosa autocrítica. Ahí Lezama pasa a ser calificado como enemigo del Estado: le cierran espacios, no lo dejan viajar, etc. Lo curioso es que, a pesar de tantos precedentes, hasta el 71 siguió defendiendo la Revolución a su manera: firmó manifiestos colectivos, ocupó un lugar en la jerarquía cultural, creyó en la «era de la posibilidad infinita».Ernesto Hernández Busto «Hasta 1968, todos los intelectuales importantes de Occidente fueron a Cuba y quedaron fascinados»—¿Cómo se explica que, aunque la Revolución fracture su vida, él persista?—Lezama es un personaje contradictorio, como tantos. Esta contradicción tiene que ver con la relación histórica entre intelectuales y procesos revolucionarios. En aquel momento la Revolución cubana se presentaba como algo transformador y fue apoyada ampliamente por las clases medias entre 1959 y 1965. El calado destructivo del exilio le llega tarde. Antes prefirió «flotar» y seguir creyendo que aquel proceso podía garantizar un nicho para su obra.—¿Esa persistencia, por qué? ¿Por bienestar, por temor o por comodidad?—Sin duda el bienestar mínimo y el temor fueron factores, pero no los únicos. Lezama fue profundamente antibatistiano, aunque por razones que quizás hemos malinterpretado. Cintio Vitier y otra gente de 'Orígenes' que se quedó con la Revolución aseguraron que la sociedad prerrevolucionaria había marginado a Lezama y nunca le dio su lugar. La realidad es que Lezama era parte de una alta cultura elitista. Es absurdo convertirlo en centro de cualquier proyecto cultural moderno. Con Batista, su proyecto no podía tener un papel central. Cuando llega la Revolución, imagina que ella encarna la última de las 'eras imaginarias' y cree posible alojar en ella su proyecto de alta cultura. Cortázar defendió algo parecido: que la Revolución cubana era tan sublime y ecuménica que incluía a Lezama. Se le usó como ejemplo de una supuesta tolerancia cultural. Una Revolución tan grande que publica 'Paradiso'. Y que cuando los burócratas censuran 'Paradiso', Fidel Castro dice que no hay que censurarla. Eso lo benefició, se aprovechó de esos rejuegos de la política cultural. Pero mientras tanto ya en Cuba se reprimía a mucha gente. Y Lezama tenía evidencias de que esa Revolución no era precisamente libertaria.Queridas hermanas Lezama junto a sus hermanas, Eloísa y Rosa, en 1960. Debajo, carta que les envió a su exilio recogida por Hernández Busto e inédita hasta ahora—¿Sería injusto leer esa contradicción como una debilidad o una fractura moral?—Es posible leerlo así. Hubo gente que no actuó de ese modo, pero en los primeros años sesenta el proceso no era del todo claro. Después de 1964–65 ya se sabía de marginaciones —contra homosexuales, religiosos, «diversionistas», contra quienes no encajaban— y Lezama se mantuvo dentro de eso, por lo menos hasta 1968, cuando defiende 'Fuera del juego' de Padilla. Sabía que había represión, pero se acomodó, como tantos otros. Tal vez pensó que la Revolución podía ser más grande que sus defectos; no entendió que esos defectos eran constitutivos y devastadores.—¿Cómo ha evolucionado su percepción de Lezama a lo largo de estos tres tomos?—Ha cambiado, por supuesto. Cuando te metes mucho en la vida de un autor, acabas por entender que todo ser humano tiene momentos de valor y de miedo, de brillantez y también de bajeza. Trato de ser objetivo: no idealizarlo, pero tampoco juzgarlo a la luz de lo que sabemos hoy.Ernesto Hernández Busto "Culpar a Lezama por no emigrar o no ser abiertamente disidente es simplificador»—La Revolución fue una trampa para los intelectuales: los fascinó primero y los encarceló después.—Si revisas quiénes participaron del ambiente cultural cubano —cubanos y extranjeros— hasta 1968, te das cuenta de que casi todos los intelectuales importantes de Occidente fueron a Cuba y quedaron fascinados. Después de 1968, y sobre todo después del caso Padilla en 1971, eso cambia: la impactante autocrítica de Padilla fue un parteaguas en el mundo intelectual. Antes de eso, era difícil encontrar voces relevantes en contra de la Revolución. Octavio Paz quizá lo vio claro: fue el único gran intelectual latinoamericano que no visitó Cuba luego de 1959, aunque también tuvo momentos de entusiasmo. Culpar a Lezama por no emigrar o no ser abiertamente disidente es simplificador. No había opción intermedia: o te ibas y abandonabas para siempre tu país —para Lezama era casi impensable— o te quedabas y tratabas de sobrellevarlo. Para él fue algo trágico.—Esta biografía aparece cuando se cumplen 50 años de la muerte de Lezama. ¿Cambia algo en la percepción de su vida o en la forma de leer su obra?—Es una biografía 'a la inglesa': no es un libro de análisis de la obra, aunque la comento cuando me parece relevante para el relato de la vida. Aspiro a que la biografía ayude a leerlo de otro modo. Hay biografías con una tesis previa, que buscan probar una idea. Esta no. Me interesa poner a un Lezama contradictorio en relación con la historia cultural de Cuba y responder a cómo surge una persona así en Cuba y qué condiciones lo hacen posible. No es una tesis psicológica, sino la trama de una vida desplegada en contexto.—¿Qué nos dice Lezama hoy?—Es una advertencia sobre los peligros del mito y de la mitologización. Lezama fue lo contrario del intelectual público. Su apoyo a la Revolución siempre fue desde una órbita mítica. Cuando muere el Che, por ejemplo, Lezama lo incorpora a antiguas mitologías americanas; nunca adopta el registro crítico de un intelectual que pudiera denunciar fusilamientos o represión. Aun así, terminó siendo una de las víctimas más conocidas de la política revolucionaria: hay informes de la Seguridad del Estado donde se ve la peligrosa condición que el régimen le atribuía en los setenta. Fue marginado, censurado e interrogado. También tuvo momentos de dignidad: cuando la policía política lo enfrenta a grabaciones donde criticaba al gobierno, responde: «Sí, lo he dicho, ¿y qué?». En el momento de las definiciones, se plantó. Su triste destino nos lleva a preguntarnos si el fracaso actual de Cuba no es solo el de un sistema político: también implica al proyecto de alta cultura que Lezama defendió. En los noventa, la política cultural oficial reutilizó a 'Orígenes', a Lezama y a Vitier para armar un nacionalismo trascendentalista. Ese uso político simplifica; pero la aventura de 'Orígenes' puede leerse también como una advertencia sobre los riesgos del intelectual.

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Con la aparición en enero de 2026 del primer volumen de 'José Lezama Lima: una biografía', Ernesto Hernández Busto culmina un proyecto de largo aliento concebido y desarrollado durante más de dos décadas. Nacido en La Habana en 1968 y residente en ... Barcelona desde 1999, Hernández Busto ha construido una trayectoria marcada por el ensayo, la poesía y la traducción. Desde comienzos de los años 2000, ha desarrollado también una intensa labor editorial y crítica, así como proyectos digitales dedicados al análisis de la cultura cubana contemporánea. Su obra ensayística incluye títulos como 'Cerdos y niños' (2021) y 'Mito y revuelta. Fisonomía del escritor reaccionario' (2022), además de varios libros de poesía y numerosas traducciones literarias publicadas entre 2018 y 2024.

La biografía de José Lezama Lima, que será editada íntegramente por Editorial Pre-Textos a lo largo de este año, se estructura en tres tomos. El primero, 'Años de formación (1910–1939)', reconstruye la infancia, el entorno familiar y la educación intelectual del escritor en el contexto de la cultura cubana de principios del siglo XX y su relación con el XIX. El segundo volumen, 'Años de fundación', aborda el periodo comprendido entre 1939 y 1958, años decisivos para la consolidación de 'Orígenes' y para la formulación del sistema poético lezamiano. El tercer tomo, 'Años de revolución', cubrirá desde 1959 hasta la muerte del autor en 1976 y se centra en su relación con la Revolución Cubana, el exilio de su entorno, el caso Padilla y los años finales de marginación cultural. En estas páginas, Hernández Busto no pretende juzgar ni idealizar a Lezama. Intenta acercarse al ser humano. Estudiarlo en su conjunto y en su singularidad.

Símbolo de lo que Severo Sarduy denominó el NeoBarroco americano, José Lezama Lima fue uno de los escritores centrales de la literatura cubana y latinoamericana del siglo XX. Poeta, ensayista y novelista, desarrolló una obra de gran densidad simbólica, orientada por una concepción mítica de la historia. Fue figura clave del grupo y la revista 'Orígenes', decisivo en la vida intelectual cubana de mediados de siglo. Entre sus obras más importantes destacan la novela 'Paradiso' (1966), los poemarios 'Enemigo rumor' (1941) y 'Dador' (1960), y el libro de ensayos 'La expresión americana' (1957), texto fundamental del pensamiento cultural hispanoamericano.

—¿De alguna manera cree que la ruptura de Lezama con la Revolución fue más íntima que política?

—El tercer volumen de mi biografía cuenta en detalle su relación con la Revolución cubana. Lezama apoyó la Revolución, incluso con entusiasmo en 1960–61. Llegó a tener un puesto de vicepresidente en la Unión de Escritores. Su ruptura es posterior y pasa por dos momentos fundamentales. Uno es la evidencia —sobre todo tras la salida de sus hermanas— de que la Revolución provocaba exilio y dividía a la nación. Dos: después de 1968, tras el caso Padilla y, sobre todo, después de abril de 1971, cuando Padilla lo denuncia en su famosa autocrítica. Ahí Lezama pasa a ser calificado como enemigo del Estado: le cierran espacios, no lo dejan viajar, etc. Lo curioso es que, a pesar de tantos precedentes, hasta el 71 siguió defendiendo la Revolución a su manera: firmó manifiestos colectivos, ocupó un lugar en la jerarquía cultural, creyó en la «era de la posibilidad infinita».

«Hasta 1968, todos los intelectuales importantes de Occidente fueron a Cuba y quedaron fascinados»

—¿Cómo se explica que, aunque la Revolución fracture su vida, él persista?

—Lezama es un personaje contradictorio, como tantos. Esta contradicción tiene que ver con la relación histórica entre intelectuales y procesos revolucionarios. En aquel momento la Revolución cubana se presentaba como algo transformador y fue apoyada ampliamente por las clases medias entre 1959 y 1965. El calado destructivo del exilio le llega tarde. Antes prefirió «flotar» y seguir creyendo que aquel proceso podía garantizar un nicho para su obra.

—¿Esa persistencia, por qué? ¿Por bienestar, por temor o por comodidad?

—Sin duda el bienestar mínimo y el temor fueron factores, pero no los únicos. Lezama fue profundamente antibatistiano, aunque por razones que quizás hemos malinterpretado. Cintio Vitier y otra gente de 'Orígenes' que se quedó con la Revolución aseguraron que la sociedad prerrevolucionaria había marginado a Lezama y nunca le dio su lugar. La realidad es que Lezama era parte de una alta cultura elitista. Es absurdo convertirlo en centro de cualquier proyecto cultural moderno. Con Batista, su proyecto no podía tener un papel central. Cuando llega la Revolución, imagina que ella encarna la última de las 'eras imaginarias' y cree posible alojar en ella su proyecto de alta cultura. Cortázar defendió algo parecido: que la Revolución cubana era tan sublime y ecuménica que incluía a Lezama. Se le usó como ejemplo de una supuesta tolerancia cultural. Una Revolución tan grande que publica 'Paradiso'. Y que cuando los burócratas censuran 'Paradiso', Fidel Castro dice que no hay que censurarla. Eso lo benefició, se aprovechó de esos rejuegos de la política cultural. Pero mientras tanto ya en Cuba se reprimía a mucha gente. Y Lezama tenía evidencias de que esa Revolución no era precisamente libertaria.

Lezama junto a sus hermanas, Eloísa y Rosa, en 1960. Debajo, carta que les envió a su exilio recogida por Hernández Busto e inédita hasta ahora

—¿Sería injusto leer esa contradicción como una debilidad o una fractura moral?

—Es posible leerlo así. Hubo gente que no actuó de ese modo, pero en los primeros años sesenta el proceso no era del todo claro. Después de 1964–65 ya se sabía de marginaciones —contra homosexuales, religiosos, «diversionistas», contra quienes no encajaban— y Lezama se mantuvo dentro de eso, por lo menos hasta 1968, cuando defiende 'Fuera del juego' de Padilla. Sabía que había represión, pero se acomodó, como tantos otros. Tal vez pensó que la Revolución podía ser más grande que sus defectos; no entendió que esos defectos eran constitutivos y devastadores.

—¿Cómo ha evolucionado su percepción de Lezama a lo largo de estos tres tomos?

—Ha cambiado, por supuesto. Cuando te metes mucho en la vida de un autor, acabas por entender que todo ser humano tiene momentos de valor y de miedo, de brillantez y también de bajeza. Trato de ser objetivo: no idealizarlo, pero tampoco juzgarlo a la luz de lo que sabemos hoy.

"Culpar a Lezama por no emigrar o no ser abiertamente disidente es simplificador»

—La Revolución fue una trampa para los intelectuales: los fascinó primero y los encarceló después.

—Si revisas quiénes participaron del ambiente cultural cubano —cubanos y extranjeros— hasta 1968, te das cuenta de que casi todos los intelectuales importantes de Occidente fueron a Cuba y quedaron fascinados. Después de 1968, y sobre todo después del caso Padilla en 1971, eso cambia: la impactante autocrítica de Padilla fue un parteaguas en el mundo intelectual. Antes de eso, era difícil encontrar voces relevantes en contra de la Revolución. Octavio Paz quizá lo vio claro: fue el único gran intelectual latinoamericano que no visitó Cuba luego de 1959, aunque también tuvo momentos de entusiasmo. Culpar a Lezama por no emigrar o no ser abiertamente disidente es simplificador. No había opción intermedia: o te ibas y abandonabas para siempre tu país —para Lezama era casi impensable— o te quedabas y tratabas de sobrellevarlo. Para él fue algo trágico.

—Esta biografía aparece cuando se cumplen 50 años de la muerte de Lezama. ¿Cambia algo en la percepción de su vida o en la forma de leer su obra?

—Es una biografía 'a la inglesa': no es un libro de análisis de la obra, aunque la comento cuando me parece relevante para el relato de la vida. Aspiro a que la biografía ayude a leerlo de otro modo. Hay biografías con una tesis previa, que buscan probar una idea. Esta no. Me interesa poner a un Lezama contradictorio en relación con la historia cultural de Cuba y responder a cómo surge una persona así en Cuba y qué condiciones lo hacen posible. No es una tesis psicológica, sino la trama de una vida desplegada en contexto.

—Es una advertencia sobre los peligros del mito y de la mitologización. Lezama fue lo contrario del intelectual público. Su apoyo a la Revolución siempre fue desde una órbita mítica. Cuando muere el Che, por ejemplo, Lezama lo incorpora a antiguas mitologías americanas; nunca adopta el registro crítico de un intelectual que pudiera denunciar fusilamientos o represión. Aun así, terminó siendo una de las víctimas más conocidas de la política revolucionaria: hay informes de la Seguridad del Estado donde se ve la peligrosa condición que el régimen le atribuía en los setenta. Fue marginado, censurado e interrogado. También tuvo momentos de dignidad: cuando la policía política lo enfrenta a grabaciones donde criticaba al gobierno, responde: «Sí, lo he dicho, ¿y qué?». En el momento de las definiciones, se plantó. Su triste destino nos lleva a preguntarnos si el fracaso actual de Cuba no es solo el de un sistema político: también implica al proyecto de alta cultura que Lezama defendió. En los noventa, la política cultural oficial reutilizó a 'Orígenes', a Lezama y a Vitier para armar un nacionalismo trascendentalista. Ese uso político simplifica; pero la aventura de 'Orígenes' puede leerse también como una advertencia sobre los riesgos del intelectual.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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