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Política

España, atrapada entre las amenazas de Marruecos y Rusia

España, atrapada entre las amenazas de Marruecos y Rusia
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El vecino alauí fortalece su alianza con Israel mientras Putin aumenta su ofensiva Leer

El 16 de septiembre, mientras los tribunales paralizaban el traslado de inmigrantes desde la playa del Trampolín hacia las instalaciones levantadas en el puerto de Ceuta, Marruecos no miraba lo que ocurría en España. La atención de Rabat estaba puesta en Nueva York, donde se celebraba una reunión que terminaría reforzando uno de los ejes diplomáticos y militares que más preocupa a España. Mientras el Gobierno español se esfuerza desde el pasado 30 de julio en presentar al socio alauita como un vecino fiable, Marruecos continúa desplegando sus redes diplomáticas, y reforzando capacidades militares que lo convierten en una potencia regional cada vez más relevante.

Aquel 16 de septiembre, Marruecos e Israel elevaron sus relaciones diplomáticas, acordaron abrir embajadas en sus respectivos países y sellaron el nuevo paso con un apretón de manos en Nueva York, apenas mes y medio después del intento de violación de la soberanía territorial española en Ceuta. La imagen dibujaba un triángulo entre Mohamed VI, Donald Trump y Benjamin Netanyahu a las puertas de España, en la frontera sur de la OTAN y con dos de los grandes protagonistas de la política exterior que más tensión generan en el Ejecutivo.

El comunicado posterior a la reunión no escatimó en referencias al futuro de esa relación. Los tres países hablaron de «ilimitadas oportunidades» que ofrece el vínculo entre Marruecos e Israel y afirmaron que, «sin dejarse amedrentar por los desafíos regionales», las partes esperan fortalecer su cooperación trilateral en el ámbito internacional. Un mensaje que llega después de un verano especialmente tenso en la frontera española y mientras Israel mantiene abiertas operaciones militares en Gaza y el sur de Líbano. Mohamed VI y Netanyahu, a través de sus ministros de Exteriores, calificaron además a Trump como «un líder visionario», mientras Estados Unidos e Israel volvieron a reconocer «la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental».

La cuestión no se limita a la diplomacia. Desde la firma de los Acuerdos de Abraham por parte de Mohamed VI, Marruecos e Israel han profundizado también su cooperación militar y los acuerdos de adquisición de armamento se han sucedido. El Ejército marroquí está inmerso en un proceso de modernización y rearme que afecta a distintas capacidades y que tiene también una dimensión naval. Entre sus nuevas adquisiciones figura, incluso, un buque entregado por Navantia la semana pasada. La relación militar de Marruecos con Estados Unidos e Israel se suma así a una estrategia de fortalecimiento de sus Fuerzas Armadas que España observa desde la proximidad geográfica..

El ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, y su homólogo israelí, Gideon Sa'a, en Nueva York.RRSS

Y, pese a todo, Marruecos es presentado por España como un socio fiable. Esa es una de las principales contradicciones a las que se enfrenta la política exterior y de seguridad española: mantener una relación estratégica con un país imprescindible para el control migratorio, la lucha contra el terrorismo y la estabilidad del Estrecho mientras ese mismo país desarrolla una política exterior y militar cada vez más autónoma.

En la otra frontera de la OTAN, la del Este, el escenario tampoco concede margen. Los constantes ataques y amenazas híbridas atribuidos a Rusia llevaron a los aliados a acordar un incremento del gasto en Defensa durante la última cumbre de la Alianza. Pedro Sánchez salió entonces al choque con Trump y defendió que España fijaría su inversión en función del cumplimiento de las capacidades comprometidas, y no de una cifra concreta. El presidente sostuvo que España no necesitaría superar el 2,1% de inversión en Defensa, una posición de la que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, dudó.

El eslogan que Margarita Robles repite desde que comenzó la guerra en Ucrania en 2020, «invertir en defensa es invertir en paz», adquiere en este contexto una dimensión especialmente relevante. La amenaza rusa ya no se interpreta únicamente como un problema localizado en Ucrania. Los episodios de incursiones aéreas, drones y movimientos militares obligan a los aliados a mantener una vigilancia permanente.

España participa en esa arquitectura de seguridad. Los pilotos de caza del Ala 12 del Ejército del Aire y del Espacio que rotan en Rumanía realizan ejercicios Tango Scramble a diario, además de responder a las alertas Alpha reales. Los Eurofighter desplegados en el Flanco Este están ya acostumbrados a escoltar aeronaves rusas, mientras los buques de la Armada que participan en la operación Sea Guardian en el Mediterráneo mantienen la vigilancia sobre las embarcaciones rusas que atraviesan estas aguas. Son misiones distintas, pero responden a una misma necesidad: conocer qué ocurre en el entorno inmediato y disponer de capacidad de respuesta si la situación escala.

A ello se suma la presencia estadounidense en España. Los destructores de la Marina de Estados Unidos desplegados en Rota aportan una capacidad esencial para la defensa antimisiles de la OTAN y convierten a la base gaditana en uno de los puntos estratégicos de la arquitectura de seguridad aliada.

El problema para Madrid es que ambas realidades empiezan a estar conectadas. La amenaza rusa no termina en Ucrania ni la presión marroquí se limita a la frontera terrestre de Ceuta y Melilla. El Mediterráneo se ha convertido en un espacio donde confluyen intereses militares, energéticos, migratorios y diplomáticos de potencias que mantienen relaciones cada vez más estrechas entre sí. Marruecos no construye sus alianzas pensando únicamente en España: sus principales socios estratégicos son Estados Unidos e Israel. Y las relaciones de ambos países con el Gobierno de Sánchez atraviesa uno de sus momentos de más tensión.

A esta ecuación se añade la dimensión híbrida. El propio enviado de la OTAN para el Sahel, Javier Colomina, reconoció hace unos días que es «difícil» pensar que la llegada masiva de inmigrantes a nado «no fuera un elemento de guerra híbrida». La respuesta española pasa por reforzar su presencia en los escenarios donde la Alianza considera que puede producirse una escalada y por mantener operativas unas capacidades que permitan detectar y responder a cualquier amenaza. Cazas, fragatas, destructores, radares, unidades terrestres y medios de vigilancia forman parte de una misma arquitectura. Pero mientras España refuerza su presencia en el Este para contener a Rusia, en el Sur observa cómo Marruecos acelera su rearme y estrecha sus vínculos con dos potencias que ocupan posiciones cada vez más alejadas de las del Gobierno. La consecuencia es un mapa de seguridad en el que Madrid debe mirar simultáneamente hacia el Este y hacia el Sur. Y en ambos casos, la distancia entre una crisis regional y sus efectos sobre España es cada vez menor.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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