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Estados Unidos y la política del respeto

Estados Unidos y la política del respeto
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En las elecciones de mitad de mandato, los temas políticos importarán menos que la sensación de los ciudadanos de que se les valora. Leer
Financial TimesEstados Unidos y la política del respeto
  • RANA FOROOHAR
Actualizado 18 AGO. 2026 - 14:57El presidente de EEUU habla en una mesa redonda en el Departameto de Estado en Washington DC, EEUU.MATT KAMINSKYEFESeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

En las elecciones de mitad de mandato, los temas políticos importarán menos que la sensación de los ciudadanos de que se les valora.

El estratega político conservador Frank Luntz realizó recientemente una encuesta sobre qué términos políticos son más importantes para los estadounidenses en este momento. "Respeto" fue, con diferencia, la palabra ganadora. Los resultados de las primarias ya demuestran que los candidatos que logran transmitir a los votantes la sensación de ser escuchados, comprendidos y respetados —independientemente de sus posturas políticas o propuestas— son los más propensos a ganar las elecciones de mitad de mandato de este año.

Consideremos las recientes primarias al Senado en Michigan, donde la demócrata tradicional Haley Stevens, con gran poder económico, fue derrotada por el socialista democrático Abdul El-Sayed, cuya campaña se basó en un mensaje de populismo económico. La ajustada victoria la semana pasada del moderado candidato a gobernador de Wisconsin David Crowley pareció mostrar la tendencia opuesta. Pero en realidad los votantes se sintieron menos atraídos por las propuestas políticas específicas de estos candidatos que por la idea de que eran dignos de confianza. Les hicieron sentir vistos y comprendidos. Esa confianza, más que cualquier programa político, es la base de lo que Luntz denomina "la política del respeto", que, según él, dominará este ciclo electoral.

La política del respeto no se trata de propuestas, sino de valores. Un ejemplo son las numerosas personas pertenecientes a sindicatos, antes demócratas, que contribuyeron a la elección de Donald Trump en 2016 y 2024. "Puede que a estos votantes no les gustara el Partido Republicano, pero sin duda sentían que a los demócratas no les gustaban", señala Luntz.

Esto es cierto. Yo crecí en una zona rural de Indiana, históricamente de izquierda obrera, pero que en ambas elecciones votó más del 70% por Trump. Recuerdo que pensé que ninguna de las personas muy inteligentes con las que vi el primer debate presidencial entre Trump y Hillary Clinton comprendió realmente que Trump la había derrotado simplemente por criticar la postura de Clinton a favor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte ante un grupo de obreros sindicalizados que se sentían marginados. Para ellos, una demócrata que decía preocuparse por los trabajadores mientras trasladaba empleos a México o China era simplemente una hipócrita. Alguien en quien no se podía confiar. Y sin confianza, no puede haber respeto.

Las guerras culturales también giran en torno al respeto. EEUU es una nación temerosa de Dios. Los demócratas lo olvidaron en las últimas décadas, para su propio perjuicio. Trump obtuvo el 81% del voto de los evangélicos blancos, el 58% de los protestantes blancos no evangélicos y el de la mayoría de los católicos en 2024.

Aunque los republicanos no tienen el monopolio de la moralidad, han sabido conectar mejor con las comunidades rurales que los liberales urbanos. "Existe la sensación de que la gente de la costa no comprende nuestros valores, entre los que figura la fe. Parece que hay una falta de respeto hacia la idea de que algunas personas deseen vivir de forma diferente a quienes viven en las grandes ciudades, tal vez de una manera más sencilla", me comentó la semana pasada Todd Huston, portavoz de la Cámara de Representantes de Indiana.

Pero los demócratas ahora entienden que la religión puede ser fundamental para la política del respeto. La senadora estatal progresista de Iowa, Sarah Trone Garriott, está intentando acortar la brecha religiosa con su competidor republicano Zach Nunn en la contienda por su escaño en la Cámara de Representantes. Como declaró recientemente: "La política trata simplemente de cómo convivimos, y la fe también. Por lo tanto, la fe debe influir en nuestra política".

¿Los votantes aceptarán el mensaje de un progresista en este aspecto? Luntz afirma que quien lo transmite es crucial. Garriott es una auténtica líder: una pastora luterana que estudió en la Facultad de Teología de Harvard. James Talarico, candidato demócrata al Senado por Texas y seminarista presbiteriano, también ha concedido excelentes entrevistas en las que relaciona su fe cristiana con cuestiones de clase, desigualdad y asequibilidad. Sin embargo, en el pasado declaró que Dios es "no binario", lo cual no goza de mucha aceptació

n en los estados conservadores. Aún está por ver si Talarico será percibido como auténtico.

Una cosa está clara: muchos republicanos están cometiendo errores en la política del respeto. La asequibilidad es el tema principal para los votantes estadounidenses, pero Trump lo calificó de "farsa" y "estafa" orquestada por los demócratas. Quizás por eso su apoyo entre los trabajadores blancos está disminuyendo. Trump también ha dicho a los estadounidenses que los centros de datos no les quitarán sus empleos, aunque la ansiedad por la IA está alcanzado niveles extremos. Al vicepresidente JD Vance se le ha criticado por su peso pero él ha rebatido esas críticas en un país en el que el 72% de la población tiene sobrepeso o es obesa.

Luntz cree que si los republicanos continúan así, podría producirse un cambio de opinión de los estadounidenses en contra de Trump y el movimiento MAGA. "Estoy observando con mucha atención Michigan y Ohio. Son estados clave donde la economía no es mala, pero tampoco excelente, y donde hay muchos obreros. Datos de encuestas privadas muestran que los miembros de los sindicatos allí y en otros lugares se están alejando de Trump y de los candidatos a los que apoya. ¿Podría algo cambiar el panorama? El presidente podría poner fin a la guerra en Irán. Pero si no puede, podría perder el respeto incluso de su base".

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Fuente original: Leer en Expansión
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