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Graham Swift, ¿dónde estabas aquel día?

Graham Swift, ¿dónde estabas aquel día?
Artículo Completo 850 palabras
Las grandes guerras mundiales y las guerras europeas sin cesar encadenadas, así como las largas y nunca totalmente canceladas posguerras dejan un rastro de fracturas, pequeñas revoluciones íntimas y cambios en la forma de estar en el mundo de mucha gente sin biografías especialmente elocuentes. Así sucede con ese padre de familia británico que, en el magnífico relato 'Bisagras' del libro 'Doce cuentos de posguerra' de uno de los mejores escritores de nuestros días, Graham Swift (Londres, 1949), muere en una época de paz, sin grandes ni traumáticos hechos reseñables («y no como en la guerra, en la que pasaban cosas peores, mucho peores»). Su familia no puede explicarle gran cosa sobre él al sacerdote que va a oficiar su funeral . «El material en cuestión», es decir, el biográfico, como dirá uno de sus hijos sobre ese humilde jubilado que se ha ido a vivir al sur de Inglaterra a una vivienda tutelada, «es más bien escaso».Narrativa 'Doce cuentos de posguerra' Autor Graham Swift Traducción Antonio-Prometeo Moya Valle Editorial Anagrama Año 2026 Precio 20,90 euros Páginas 224 Valoración **** ¿Cómo condensar en unas cuantas instantáneas veloces, y aparentemente banales, esas prolongadas y muy heterogéneas posguerras, esas en las que vencedores y antaño vencidos se funden de repente en un instante? Por ejemplo, en la Alemania de 1949 («que no es la del 46»), con nuevos uniformes, del relato 'La segunda mejor opción'. Posguerras, «con el ambiente cargado» o más ligeras y felices, que van desde el pánico de la crisis de los misiles en Cuba a la muerte de Kennedy, las huelgas de mineros de la época de Thatcher o la pandemia y los aviones estrellados contra las Torres Gemelas. Noticia relacionada general No No Julian Barnes, premio Princesa de Asturias de las Letras 2026 Bruno Pardo PortoEspectros no enterrados del pasado que surgen en momentos inesperados; anécdotas pintorescas que hacen reír pasados los años; hechos dispersos y muy simples que resumen en ocasiones toda una vida, o bien encuentros azarosos, prohibidos por el qué dirán de esos días, por los que nunca pasará el tiempo, quedando congelados para la eternidad de un futuro cotidiano y ya sin sobresaltos, como sucede en el cuento 'Negro'. «Hay ciertas cosas –se dice en el relato 'Zoo'– que ocurren en el mundo, ciertos acontecimientos importantes que hacen que todos nos preguntemos después: ¿Dónde estabas cuando…? ¿Qué estabas haciendo cuando…? ¿ Qué estabas haciendo cuando mataron a Kennedy? ¿Dónde estabas cuando los japoneses atacaron Pearl Habor?».Estilista conciso y sutil de lo fugaz e inadvertido, maestro a la hora de fundir, e incluso evitar, momentos grandilocuentes de la Historia, compartidos por todos, haciendo prevalecer en cambio la fugacidad de pequeños actos sin importancia y de reflexiones anodinas que atan a los individuos con cualquier ridícula y sentimental afinidad, en los relatos de Swift, más que «pensamientos» formalmente elaborados, son los recuerdos los que fluyen desordenados siguiendo el curso de un manantial inextinguible. El manantial misterioso, lleno de secretos y escenas recuperadas a veces de la infancia que vuelven de repente, que es la mente de cada uno. En estas narraciones breves, como en su maravillosa novela 'El día de las madres' abundan los huérfanos sin historia o de historias difusas e incomprobables escritas apenas en una hoja en blanco que nadie se ha dedicado a rellenar. A veces remiten a escenas de ensueño rememoradas desde los dos años de edad, como sucede con la anciana, hija de un inglés y una española conocida en la Guerra Civil , de otro de los mejores relatos, 'Pasaporte'. Muchos de esos personajes vuelven a ser niños y a ver de nuevo la cara inclinada sobre su cama de su madre o el gesto de fría autoridad de su padre. Vuelven a evocar fiestas infantiles en jardines armoniosos y perfectamente cuidados, con «niños y madres serviciales y ceremoniosas», mientras los padres están en las oficinas y ellas son felices por tener «todo lo que habían deseado y soñado en esta vida».

Las grandes guerras mundiales y las guerras europeas sin cesar encadenadas, así como las largas y nunca totalmente canceladas posguerras dejan un rastro de fracturas, pequeñas revoluciones íntimas y cambios en la forma de estar en el mundo de mucha gente sin ... biografías especialmente elocuentes.

Así sucede con ese padre de familia británico que, en el magnífico relato 'Bisagras' del libro 'Doce cuentos de posguerra' de uno de los mejores escritores de nuestros días, Graham Swift (Londres, 1949), muere en una época de paz, sin grandes ni traumáticos hechos reseñables («y no como en la guerra, en la que pasaban cosas peores, mucho peores»).

Su familia no puede explicarle gran cosa sobre él al sacerdote que va a oficiar su funeral. «El material en cuestión», es decir, el biográfico, como dirá uno de sus hijos sobre ese humilde jubilado que se ha ido a vivir al sur de Inglaterra a una vivienda tutelada, «es más bien escaso».

¿Cómo condensar en unas cuantas instantáneas veloces, y aparentemente banales, esas prolongadas y muy heterogéneas posguerras, esas en las que vencedores y antaño vencidos se funden de repente en un instante? Por ejemplo, en la Alemania de 1949 («que no es la del 46»), con nuevos uniformes, del relato 'La segunda mejor opción'. Posguerras, «con el ambiente cargado» o más ligeras y felices, que van desde el pánico de la crisis de los misiles en Cuba a la muerte de Kennedy, las huelgas de mineros de la época de Thatcher o la pandemia y los aviones estrellados contra las Torres Gemelas.

Julian Barnes, premio Princesa de Asturias de las Letras 2026

Espectros no enterrados del pasado que surgen en momentos inesperados; anécdotas pintorescas que hacen reír pasados los años; hechos dispersos y muy simples que resumen en ocasiones toda una vida, o bien encuentros azarosos, prohibidos por el qué dirán de esos días, por los que nunca pasará el tiempo, quedando congelados para la eternidad de un futuro cotidiano y ya sin sobresaltos, como sucede en el cuento 'Negro'. «Hay ciertas cosas –se dice en el relato 'Zoo'– que ocurren en el mundo, ciertos acontecimientos importantes que hacen que todos nos preguntemos después: ¿Dónde estabas cuando…? ¿Qué estabas haciendo cuando…? ¿Qué estabas haciendo cuando mataron a Kennedy? ¿Dónde estabas cuando los japoneses atacaron Pearl Habor?».

Estilista conciso y sutil de lo fugaz e inadvertido, maestro a la hora de fundir, e incluso evitar, momentos grandilocuentes de la Historia, compartidos por todos, haciendo prevalecer en cambio la fugacidad de pequeños actos sin importancia y de reflexiones anodinas que atan a los individuos con cualquier ridícula y sentimental afinidad, en los relatos de Swift, más que «pensamientos» formalmente elaborados, son los recuerdos los que fluyen desordenados siguiendo el curso de un manantial inextinguible. El manantial misterioso, lleno de secretos y escenas recuperadas a veces de la infancia que vuelven de repente, que es la mente de cada uno.

En estas narraciones breves, como en su maravillosa novela 'El día de las madres' abundan los huérfanos sin historia o de historias difusas e incomprobables escritas apenas en una hoja en blanco que nadie se ha dedicado a rellenar. A veces remiten a escenas de ensueño rememoradas desde los dos años de edad, como sucede con la anciana, hija de un inglés y una española conocida en la Guerra Civil, de otro de los mejores relatos, 'Pasaporte'. Muchos de esos personajes vuelven a ser niños y a ver de nuevo la cara inclinada sobre su cama de su madre o el gesto de fría autoridad de su padre. Vuelven a evocar fiestas infantiles en jardines armoniosos y perfectamente cuidados, con «niños y madres serviciales y ceremoniosas», mientras los padres están en las oficinas y ellas son felices por tener «todo lo que habían deseado y soñado en esta vida».

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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