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¿Habrá más humanoides que personas en el futuro?

¿Habrá más humanoides que personas en el futuro?
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Los robots con aspecto antropomórfico han dejado de ser ciencia y ficción y ya están entre nosotros. La duda ahora consiste en saber cuándo tendrán su 'momento ChatGPT'. O si lo tendrán en absoluto...

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La exhibición de robots de la Fiesta de la Primavera, el evento más visto del Año Nuevo Chino. China media group ¿Habrá más humanoides que personas en el futuro?

Los robots con aspecto antropomórfico han dejado de ser ciencia y ficción y ya están entre nosotros. La duda ahora consiste en saber cuándo tendrán su 'momento ChatGPT'. O si lo tendrán en absoluto...

Ixone Díaz Landaluce

Sábado, 21 de febrero 2026, 13:05

Mientras en Estados Unidos las empresas que se dedican a desarrollar modelos humanoides son una docena (además de Tesla, destacan Agility, Figure AI y, sobre todo, Boston Dynamics, que ha alcanzado un acuerdo con Google para utilizar su IA generativa en su modelo Atlas), en China son más de 200 y el gobierno, de hecho, ya ha advertido de que podrían ser demasiadas para que el sector sea competitivo a medio plazo. Aún así, sus cifras de venta son todavía discretas: Unitree, la empresa más importante del sector, vendió 5.500 unidades en 2025. Su modelo más asequible, el R1, es capaz de correr, subir escaleras o hacer acrobacias por el módico precio de 5.900 dólares.

Superpoblación robótica

Morgan Stanley estima que para 2050 habrá más de 1.000 millones de humanoides en el mundo

Su fundador y CEO Xingxing Wang prometía recientemente que sus modelos «servirán el té, trabajarán en fábricas o representarán obras de teatro». Sin embargo, de momento, casi todos están confinados a zonas de construcción y entornos industriales. «El 'momento Chat GPT' para los robots llegará cuando puedan entrar en una habitación desconocida, llevarle una botella de agua a alguien u ordenar de forma autónoma tras una simple orden», vaticinaba Wang sobre el futuro de estos robots antes de estimar que esto podría ocurrir en «uno o tres años si todo va rápido, o en tres o cinco años como máximo». Las expectativas, efectivamente, son enormes. Sin embargo, tradicionalmente el sector se ha movido más por promesas que por resultados. ¿Estamos realmente ante un cambio de paradigma o es el 'hype' de siempre alimentado, ahora también, por el boom de la IA generativa?

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Optimus, el modelo que Tesla empezará a comercializar este año, en un evento promocional en Berlín en diciembre. EPA IMAGES.

Avatares en todas partes

«Actualmente es un poco una burbuja, pero también es cierto que las burbujas llevan a hitos tecnológicos», explica Pablo Lanillos, investigador especializado en IA y robótica del CSIC. «Hasta ahora, los robots humanoides eran muy caros para su usabilidad. La bajada de precios ha creado esta burbuja y la carrera por ver quién tiene el mejor humanoide y quién crea el mayor número de robots. La diferencia ahora es que están empezando a ver que podrían ser rentables. Antes eran un sumidero de dinero», abunda.

«Están pasando las dos cosas: es una revolución y una burbuja», opina Alberto Sanfeliu, catedrático de la Universitat Politècnica de Catalunya que, desde hace dos años, trabaja además en un proyecto del gobierno japonés para crear avatares. «En Japón lo tienen muy claro: quieren avatares en todas partes». La incógnita, en realidad, son los plazos. «Ahora mismo las compañías que prometen que puedes tener un robot en casa que hará de todo es marketing puro y duro. Aunque en entornos industriales, donde están muy controlados, sí pueden empezar a funcionar», dice Sanfeliu que sí cree que veremos humanoides llevando paquetes de un sitio a otro en almacenes o fábricas a corto plazo.

No tan autónomos

Casi todos los modelos actuales son teleoperados por personas desde países como la India

De ahí, efectivamente, las optimistas previsiones de las grandes instituciones financieras. Mientras Bank of America calcula que para 2035 se venderán 10 millones de robots humanoides al año, Citigroup cree que en 2050 habrá 648 millones en todo el mundo y Morgan Stanley sube la apuesta y estima que serán 1.000 millones antes de mitad de siglo. «Esas expectativas vienen dadas, en gran medida, por los fondos de inversión», explica Victor Mayoral-Vilches, fundador y CEO de varias empresas del sector de la robótica como Alias Robotics y Acceleration Robotics, ambas con sede en Álava. «Los humanoides no están entre nosotros, salvo en los laboratorios, y no lo van a estar en el corto plazo. Hay una burbuja increíble. No vamos a ver humanoides en nuestras casas en dos años. Pueden hacer pequeñas coreografías, saltos mortales o partir una sandía, pero no tienen capacidad desde una perspectiva práctica. Quizá puedan lavar los platos sin romperlos en cinco años», vaticina el empresario que ha 'destripado' modelos de Unitree en su laboratorio para entender cuáles son realmente sus capacidades.

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Humanoide realizando tareas de cuidado en un laboratorio de la Universidad de Waseda, en Tokio. Reuters.

«Actualmente, casi todos los robots humanoides son teleoperados», explica Lanillos. Es decir, alguien los controla en remoto. Habitualmente, ilustra Víctor Mayoral-Vilches, desde países como la India. «Los manejan casi como si fueran un videojuego y la realidad es que están desplegados como auténticos caballos de Troya que adquieren datos a costa de nuestra privacidad para, a su vez, poder seguir entrenando esos modelos».

Pero hay más problemas. Para empezar, las baterías. «Duran muy poco», explica Sanfeliu. «Tú querrás un robot que funcione ocho horas, no media». La computación tampoco está lista todavía. Ni los llamados actuadores. «Una mano, por ejemplo, tiene que sustituir todos los músculos por motores», explica el experto. Además, los robots deberían ser más «blandos» para ser más seguros alrededor de los humanos. El mayor reto técnico consiste en que entiendan el mundo físico al mismo nivel que los 'chatbots' de IA generativa han logrado comprender y dominar el lenguaje. Pero, sobre todo, que sean seguros. «Es lo que más va a dilatar su implantación, quizá hasta una década. Si un software no funciona a la primera, no pasa nada, pero nadie va a asumir ese riesgo si un robot está manejando un cuchillo alrededor de tu hijo de dos años. No es un mundo lleno de ceros y unos. Habrá escenarios en los que la exigencia sea menor y el despliegue sea más rápido. Por eso, quizá tenga un impacto mayor en la industria», avanza Víctor Mayoral.

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n modelo de la china Unitree compitiendo en los 400 metros de los World Humanoid Robot Games en Pekín. Reuters

«Lo que nos cuestionamos muchos expertos es si es necesario que sean humanoides. ¿Por qué un par de brazos robóticos no puede tener un tronco central que no se mueva?», se pregunta el empresario. Para Alberto Sanfeliu, en cambio, las ventajas son más evidentes. «La característica interesante del humanoide es que, como el humano, será adaptable y podrá hacer cualquier tipo de tarea. Es la gracia que tienen. Un robot con ruedas va bien en superficies lisas, pero cuando hay escaleras…». Y hay una manera más de mirarlo. «La investigación en robots humanoides es importante porque, en realidad, intenta explicar cómo funciona el ser humano», opina Lanillos. Construir máquinas sofisticadas para entendernos mejor a nosotros mismos, paradojas de la vida moderna.

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El problema está en las manos

La destreza de la mano humana es difícil de imitar. AdobeStock.

Hasta hace poco, el reto era hacerlos andar con cierta soltura. «Esa parte se está solucionando», explica Pablo Lanillos. Ahora, uno de los grandes problemas de los robots humanoides son las manos. O la ausencia de ellas, pues la mayoría no tiene dedos y si los tienen, su destreza es muy limitada. Por eso, bailar, hacer un mortal o levantar objetos pesados es bastante más sencillo para un humanoide que manipular herramientas pequeñas y sencillas. Un cuchillo, por ejemplo. De lograr imitar la destreza manual humana dependerá, entre otras cosas, que sean realmente útiles en los entornos domésticos. «No es algo trivial. Hay que pensar que hasta los cinco años los niños no desarrollan la motricidad fina. Además, los robots no tienen sentido del tacto: si no sabes lo que tocas, es difícil saber cómo se coge, se manipula o para qué sirve un objeto. He visto tesis doctorales enteras sobre cómo pueden coger una taza de café. Hay grandes pensadores intentando solucionar el problema», ilustra el investigador.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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