"Podría ser un hito. No existe ningún testimonio arqueológico directo del uso de estos animales"
Sin comentariosFacebookTwitterFlipboardE-mail 2026-02-13T13:00:53ZCarlos Prego
Editor - MagnetCarlos Prego
Editor - Magnet Linkedintwitter3034 publicaciones de Carlos Prego¿Qué diablos hace el hueso de un elefante que vivió hace más de 2.000 años en un yacimiento cordobés rodeado de munición para catapultas y flechas como las que se usan en los escorpiones? La pregunta se las trae, pero es lo que llevan años barruntando un equipo de investigadores que acaban de firmar un artículo fascinante en una de las revistas arqueológicas más reputadas del mundo.
En él deslizan que ese misterioso hueso de proboscidio desenterrado por puro azar en Andalucía podría ser ni más ni menos que la primera prueba directa de los elefantes de guerra empleados por el general cartaginés Aníbal Barca.
¿Qué es este hueso? Una pregunta parecida a esa debieron de hacerse hacia 2019 los arqueólogos que, durante una excavación de urgencia para ampliar el Hospital Provincial de Córdoba, se encontraron con un peculiar fragmento de hueso. La pieza no era mayor que una pelota de béisbol (mide entre 15 y 8 cm), conservaba su porosidad y asomaba bajo lo que parecía un derruido muro de adobe del siglo III a.C., lo que probablemente facilitó su preservación.
Que los arqueólogos desentierren un hueso durante una cata (incluso uno milenario) tiene poco de excepcional. En este caso sin embargo el fragmento reservaba varias sorpresas. La primera, su antigüedad: 2.250 años. La segunda (y aquí es donde la cosa se pone interesante) su procedencia: el hueso es ni más ni menos que el carpal de un elefante, algo así como parte de la 'muñeca' de un proboscidio que por alguna misteriosa razón acabó en la península Ibérica.
En XatakaRoma venció a Aníbal y a Viriato, pero sus soldados cayeron ante algo mucho más mundano: la diarrea"Tiene un enorme interés". El hallazgo resultó tan apasionante, abría escenarios tan prometedores, que en 2023 ya generó interés fuera del circuito académico. En septiembre de ese año Rafael Martínez, profesor de Prehistoria de la Universidad de Córdoba reconocía a El País la expectación en torno al hueso.
"Tiene un enorme interés dada la práctica ausencia de restos de elefantes de contexto prerromano en Europa, excluyendo objetos de marfil que fueron objeto de comercio e importación", relataba, entusiasmado. "En cualquier caso, este discreto hueso puede ser interpretado como prueba de la presencia de estos animales en el entorno de la actual Córdoba entre los siglos IV y II a.C."
Ya por entonces el profesor iba un paso más allá y aventuraba una hipótesis fascinante: "Podría pertenecer al periodo de las Guerras Públicas. Podría ser el primer elefante descubierto de las tropas de Aníbal, pero no se puede asegurar". Sobre la mesa había aún muchos interrogantes. Por ejemplo, su cronología: se calculaba que el animal había muerte entre finales del IV y el I a.C., un amplio período que dejaba botando varias posibilidades. ¿El hueso pertenecía a un elefante púnico o era más correcto enmarcarlo en tiempos de Julio César?
A la caza de respuestas. Tal vez el hueso sea pequeño, pero los científicos no lo han tenido fácil a la hora de analizarlo. Para empezar ha costado concretar su especie. Tras un examen detallado llegaron a la conclusión de que debía tratarse de un ejemplar grande, mayor que las hembras de elefante asiático. En concreto, piensan en un Loxodonta pharaoensis (el elefante cartaginés) una subespecie africana extinta en tiempos de los romanos. Quizás el nombre no te diga gran cosa, pero son los animales usados por Aníbal para su paso por los Alpes.
La otra gran incógnita. Aclarada (más o menos) la especie quedaba otra incógnita: su antigüedad. El hueso supuso todo un desafío porque no contenía suficiente colágeno y tampoco se había fosilizado. Eso no impidió que un estudio acabase revelando que el fragmento data de entre finales del IV y comienzos del III a.C.Live Science incluso va más allá y precisa que el estracto en el que se halló el fragmento (parte de un poblado ibero fortificado conocido como oppida) puede situarse hace aproximadamente 2.250 años, a comienzos del III a.C.
Es un dato clave porque nos remonta a una época anterior a la fundación de la Córdoba romana y os convulsos tiempos de la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.), cuando Cartago y Roma pugnaban por dominar el mundo Mediterráneo.
Click en la imagen para ir al tweet.¿Hay más pistas? Sí. Y son igual de interesantes. En el yacimiento no solo se encontró el hueso, protegido por un muro de adobe derribado. Los arqueólogos descubrieron también más de una decena de bolaños, pequeños proyectiles que se usaban con catapultas, y parte de lo que parece ser una lanza. Son pistas que ayudan a completar el relato y ayudan a comprender mejor el yacimiento, como reconocen los investigadores en Journal of Archeological Science Reports.
"El nivel de destrucción encaja bien dentro de un patrón emergente de eventos asociados con la Segunda Guerra Púnica, algunos de los cuales están atestiguados en fuentes literarias y otros no, abarcando tanto contextos de guerra de asedio como de campo de batalla abierto", explican en declaraciones a Phys.
¿Por qué es importante? Por las implicaciones que tiene. En su artículo Martínez y el resto de sus colegas recuerdan que el hallazgo parece "íntimamente ligado a los acontecimientos de la Segunda Guerra Púnica en Hispania" y deslizan una idea clave: "Este puede representar el primer elemento anatómico conocido de un elefante empleado por las tropas púnicas en esta guerra en Europa".
Si están en lo cierto, estaríamos ante un hallazgo de primera nivel: el hueso de uno de los elefantes de las tropas de Aníbal en la Segunda Guerra Púnica.
¿Tan relevante es? "Podría ser un hito histórico. No existe ningún testimonio arqueológico directo del uso de estos animales", aclara Martínez a Live Science. La marcha liderada por Aníbal por Europa Occidental en su ataque a Roma y el uso de elefantes como "máquinas de guerra" durante las Guerras Púnicas es un episodio muy popular, pero no abundan las pruebas directas y palpables.
El episodio del paso por los Alpes lo conocemos gracias a historiadores como Polibio o Tito Livio, pero la evidencia arqueológica más fuerte a día de hoy son rastros. Eso podría cambiar ahora, aunque de momento el hallazgo de Córdoba sigue generando algunas preguntas. ¿Cómo murió el elefante? ¿Pereció durante una batalla en el poblado? ¿Qué pasó con el resto del esqueleto?
Una posibilidad contemplada por los autores es que el pequeño hueso se conservase como un 'recuerdo' o incluso un trofeo que se transportase desde otro lugar, aunque resulta cuestionable por el escaso valor simbólico de la pieza.
Imagen | Wikipedia