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Política

'Hemos secuestrado Sol, pagad el rescate o estáis todos acabados': un cerco al Gobierno progresista para diferenciarse de aquel 15-M

'Hemos secuestrado Sol, pagad el rescate o estáis todos acabados': un cerco al Gobierno progresista para diferenciarse de aquel 15-M
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La presión máxima sobre las dos izquierdas en Moncloa determina la distancia entre dos hitos hermanados por la simbología y la indignación Leer

La misma plaza, con muchos de los de entonces, pero muchísimos también entonces niños. La misma plaza del poder madrileño, esa Casa de Correos de Ayuso hoy en calco de Aguirre. La misma plaza, remodelada para definitivamente achicharrarse, el lamento compartido por las decenas de miles de personas que este sábado se concentraron a las 18.30 horas en la Puerta del Sol, en el inicio de una manifestación que mutó con la noche en algo conocido y tan distinto.

La plaza de los años nuevos vuelve a ocupar el centro político 15 años después del 15-M, con la Acampada enraizada este 26 de septiembre a semejanza de aquella del 15 de mayo de 2011. Son idénticos el hartazgo, la simbología y la genética indignada, pero en los matices se descubre una criatura del todo diferente.

1. LIDERAZGO. La Acampada tiene una dirección nítida, el Sindicato de Inquilinas, visible en el centro de la plaza y diferenciada incluso con su propia carpa naranja. Tres lustros atrás, la horizontalidad representada en comisiones hasta el infinito agitó los debates, y también desinfló el hito. Entonces nadie mandaba casi nada -el tabú de la autoridad frente al deseo de autogestión-, pero tampoco nadie se veía comprometido. Ahora, el Sindicato de Inquilinas se expone según sea el resultado de su medida de presión, máxima.

2. PLAZOS. La existencia de una cuenta atrás, hasta el martes, cuando el Gobierno debe tener preparado su decreto sobre vivienda, marca una diferencia crucial del 15-M al 26-S. La Acampada, de inicio, está tasada temporalmente. En 2011, cuajó a una semana de las elecciones autonómicas y municipales y tuvo su máxima efervescencia en esos siete días, incluido un multitudinario grito mudo en Sol que dio paso a la jornada de reflexión. Pero en su génesis y desarrollo, el 15-M apostó por la indefinición. La Acampada se levantó, agotada, el 12 de junio, aunque tuvo una notable revitalización en las plazas de barrio. Los círculos de Podemos en 2014 son un revival.

3. PROGRAMA CONCRETO. Los acampados desde la noche del sábado reivindican la aprobación del 'decreto Maricarmen', en homenaje a la anciana desahuciada el pasado miércoles. Y explicitan cinco puntos: "(1) medidas estructurales para impedir los desahucios, (2) una reforma de la LAU [Ley de Arrendamientos Urbanos] para regular los alquileres por temporada y por habitaciones, (3) la congelación de los precios actuales del alquiler, (4) la aprobación de prórrogas efectivas y (5) la renovación automática de todos los contratos, para que pasen a ser indefinidos, como ya ocurre en países como Inglaterra". Es mucho para el PSOE y demasiado para Junts, imprescindible en la negociación. Por tanto, será determinante la reacción del Sindicato a lo que se apruebe el martes, no obstante, un reivindicación concreta, aunque de alcance estructural.

En 2011, los impulsores de la manifestación -'¡Democracia Real Ya!', Juventud sin Futuro...- también tenían reclamaciones, pero se extendían en folios y ámbitos. Se anunciaban tiempos constituyentes. "¡Esto es el programa de IU!", resumió incómodo Pedro J. Ramírez, entonces director de EL MUNDO, cuando alguien le leyó en la redacción el manifiesto de los jóvenes impulsores de la Acampada, cuando llevaban un par de días instalados en Sol. La lista de peticiones era tan larga y atrapatodo que acabó pareciendo difusa, como el liderazgo, y permitió, eso sí, mayor transversalidad que la posible ahora.

4. GOBIERNO. Hay una apelación directa a Moncloa en el motín del 26-S. Dicen desde el Sindicato de Inquilinas que, si no se aprueba su decreto, "la continuidad del Gobierno no tiene sentido". Es decir: 'Hemos secuestrado Sol, paguen el rescate o están acabados'. La presión, con la petición implícita de adelanto electoral o invitación a que Sumar rompa la coalición, es extrema. Pero también delata una última esperanza en los acampados, inexistente en 2011, y también revela que el Gobierno tiene una ocasión, póstuma, para reconducirlos y reconectar. Esto supone otra ruptura con el precedente, cuando la impugnación contra "PSOE-PP, la misma mierda es" no dejaba resquicio al poder vigente. Zapatero era un cadáver político y -muchos leerán lo que sigue con asombro- Sánchez aún no lo sería.

5. LA IZQUIERDA DEL PSOE. Sumar forma parte del Gobierno, y es la marca de referencia en las últimas elecciones para muchos de los 25.000 que secundaron la manifestación. Es decir, hay un componente de desencanto -conllevaría siempre algo de culpabilidad- junto a la frustración. En 2011, las plazas estaban abiertas para la penetración de IU, que fracasó. No obstante, hoy, IU tiene una ministra en el Ejecutivo (Sira Rego) al que se exige un decreto porque si no "la continuidad del Gobierno no tiene sentido". Lo que para el PSOE es una presión, para IU-Más Madrid-Comunes..., todos los del nuevo Frente Amplio y del viejo Sumar, es una razón de ser. ¿Cómo pueden no escuchar a la plaza que los vio nacer? Y la pregunta alcanza también a los "sindicatos laborales (CCOO y UGT)", a quienes se reclama la convocatoria de una huelga general si no prospera el 'decreto Maricarmen'.

6. ¿QUIÉN GANA POLÍTICAMENTE? En la gran duda no hay quiebra, la misma ahora que antaño. En un país cerril en lo político, la primera cuestión siempre es quién sacará tajada. A la espera de conocer la permanencia, proyección y éxito del movimiento, aun resulta más difícil responder a esa cuestión, aunque por descarte se llega a alguna conclusión. Esa izquierda del PSOE se erosionó y limitó atada a los sillones azules. Puede romper el Gobierno o imponer su criterio en el decreto para intentar reconciliarse con su kilómetro cero. Pero los únicos que hoy legítimamente pueden reclamar su razón son quienes se mantuvieron a distancia de Moncloa.

La primera estampa de la Acampada en la noche del sábado tenía la carpa del Sindicato de Inquilinas en el centro, pero circundada por pancartas de Anticapitalistas, Izquierda Revolucionaria, Corriente Revolucionaria de los Trabajadores y Sindicato de Estudiantes. Hay que ver cuánto da de sí el trotskismo en España, pues esa estirpe es común a las 4 organizaciones más destacadas en pancartas y cánticos este sábado. La letanía "¿dónde está el gobierno progresista?" es el programa de todos ellos y fue la novedad con mayor carga este sábado.

Nutrieron la manifestación los citados trotskistas, junto a Ecologistas en Acción o de Extinction Rebellion, abanderados de la CNT y de la CGT, unos con banderas rojo Potemkin... Ah, también estaba Irene Montero, en mal día para estar enchaletada, y miles de independientes, unidos por la desobediencia (a la legislación inmobiliaria, en el caso presente); con mayor vinculación al activismo que a los partidos, a los barrios que al Congreso; votantes muchos pero abstencionistas convencidos no pocos; con orientaciones que van desde lo progre a lo subversivo.

De todos los citados que eran visibles en el big-bang de la Acampada, sólo Anticapitalistas tiene un pretérito político destacable, como corriente mejor organizada en el origen de Podemos y luego como aliados de Iglesias contra Errejón y finalmente apartados por Iglesias, con Teresa Rodríguez, Miguel Urbán y Raúl Camargo como referentes de la facción escindida. Son Adelante Andalucía, son quienes dieron el sorpasso a Por Andalucía (IU) en las últimas autonómicas y son quienes, replicando el modelo de los Anticapi andaluces, lanzaron a principios de este mes la plataforma Liberar Madrid.

Cuando se plantaron las primeras tiendas de campaña, por allí se movía Raúl Camargo, con la determinación revolucionaria de los 20, a un paso de los 50. Y estaba muy presente Alejandra Jacinto, referente jurídico del Sindicato, candidata de Podemos en las últimas autonómicas (un puñado de votos la dejó sin escaño) y luego parte del equipo que salvó el gobierno de izquierdas desde Sumar. Tras las elecciones, prefirió el cuidado en casa, su dedicación a la defensa del derecho a la vivienda, un match-ball para el Gobierno y lo que cambia todo lo mismo en 15 años.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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