La obertura comenzó y terminó con una sonrisa amplia y bien surtida de dientes. Una sonrisa que no estaba, pero todo el mundo pudo imaginarla. La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, donde estuviese, tendría desplegada una sonrisa de placer en el castigo. Una sonrisa por extorsión. Una sonrisa ante el hambre y la sed del gobierno de Pedro Sánchez. Sonreía mientras los socialistas se iban descomponiendo con el nuevo mate pastor de Junts al sumarse a PP, Vox y UPN para tumbar por segunda vez en un mes el decreto para convalidar algunas medidas incluidas en el escudo social con la meta de proteger a las familias más vulnerables. La oposición está convencida de que algunas de las propuestas benefician a los okupas. Así lo dijeron, uno tras otro, según llegaban a la tribuna. Y con este mantra se agarraron a la pantorrilla del Gobierno.
El triministro Bolaños, enfadadísimo, demostró tener buenos reflejos para encajar otro manotazo de Junts. A veces nadie sabe qué diablos quiere el Gobierno, ni qué política va a seguir, pero aquí estaba clarísimo: vivienda, energía, empleo, tributación y financiación territorial. Bolaños miró un poco al cielo, que era como mirar la ausencia de Nogueras, y dijo: "Sé que no van a cambiar de voto los que ya lo tienen decidido, así que mi objetivo es que cuando suban a esta tribuna se avergüencen de engañar a la ciudadanía con su voto negativo a este real decreto ley. Ni okupas ni okupos. Los okupas no tienen ningún beneficio con estas medidas, al contrario... Ustedes van a morir de verguenza. ¡Gracias!». Y en ese «¡gracias!» concentró una ira enorme. Un «¡gracias!» desafiante, un «¡gracias!» parecido al de los cantantes en el hueco entre dos canciones. Bolaños repartió por el hemiciclo razones de alta escuela, pero como si lanza al aire láminas de oro. El bacalao estaba ya vendido.
No por eso dejó de hincharse la mañana. El veneno duró todo el debate. Bajó de los altos del hemiciclo el diputado de UPN Alberto Catalán y no llevaba ni un papel en las manos, tampoco en los bolsillos. Se encaramó al atril y comenzó a zurrar a Bolaños. Aunque lo asombroso era lo de ir sin papeles. Cuando alguien se instala ahí con ideas y sin folios da algo de vértigo: qué viene a decir, qué llevará en la cabeza. Un político que no lee lo que en su partido le dicen que debe leer provoca inquietud. Alberto Catalán se abrochó un botón de la chaqueta para hablar y se lo desabrochó para callarse. Ione Belarra, de Podemos, echó abroncó a los desaprensivos y desaprensivas de las derechas y de la ultraderecha. Apeló a 62 familias que van a perder sus viviendas por obra y gracia de un fondo buitre en Manilva (Málaga) y ni con esas: para la oposición no es no y a los asuntos sociales le tienen algo de manía. Todo el mundo que atendía a Belarra en su intervención en algún momento pensó: "Habla, habla, pero guapo el mogollón que tenéis en la izquierda, amigues".
La gente está esperando políticas útiles y en las medidas echadas al suelo había algunas. Como la baraja está rota, nada vale ya de nada. Esto es así. Marta Madrenas i Mir (Junts) le echó su rapapolvo a Bolaños por dejar en el aire a los propietarios de piso y a los vulnerables que "quedan atrapados indefinidamente en un sistema que no les ofrece futuro con un Gobierno incapaz de haberles dado alguna solución en seis o siete años". La palidez bruñida del ministro era más acusada a cada intervención. Cuando dijeron los independentistas que la legislatura estaba muerta se referían exactamente a esto: qué manera de palmar. El debate se estaba animando porque a la deriva se arriesga mejor. Cuando regresé del baño, Marta Medrenas seguía achicando frases de los folios que leía con un eco de sonata obrera difícil de creer, hasta la victoria siempre. El relevo lo tomó Jordi Salvador i Duch (ERC) y éste atizó un buen repaso a Junts señalando que el bloque más raro de la política española era el formado por la derecha nacionalista y la derecha españolista.
Si los votantes supiesen que ayer se decidían en el Congreso cosas que nos afectan y que ya no van a salir adelante... Todo esto que puede sonar a latiguillo de tertulia jacobina es una verdad así de grande. Bolaños aguanta lo que le echen y mantuvo el gesto serio de obispo flaco (quizá jesuita) hasta el final. Los torpedos que se soltaron entre unos y otros no llevaban vaselina. Alguien en la sala de prensa citó a Yolanda Díaz y a Julio Iglesias en la misma frase y se hizo un silencio denso como los que siguen a las balaceras. En esto llegó Aina Vidal (Sumar) y desplegó el discurso mejor armado contra los "sicarios políticos" de los fondos buitres que van a empeorar la situación de la vivienda en España. Lo de Vox, que vino después, fue tremendismo espadón de la mano del diputado Figueredo. "Los españoles cada día son un poco más pobres y ustedes dan por hecho que las generaciones jóvenes tengan que depender de la ayuda de sus mayores... Las pensiones están garantizadas políticamente, pero no más". Ese discurso a la pata la llana, sencillito, es tremendamente eficaz, cala bien en el miedo, en el cabreo y en el desengaño. No es descabellado preocuparse por lo que puede venir.
Más allá de las 15.00 se abrió la votación, apareció Míriam Nogueras con la sonrisa a todo trapo y tras el recuento y la derrota, Junts sacó de nuevo al Gobierno como las mulillas a los toros, un poco con la lengua fuera.