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'Lázár', en los bosques de la Europa Central

'Lázár', en los bosques de la Europa Central
Artículo Completo 898 palabras
El joven autor suizo, de apenas veintitrés años, Nelio Biedermann está siendo uno de los éxitos mundiales con su segunda novela, 'Lázár'. Proviene de una estirpe de la nobleza húngara , a través tanto de los relatos familiares como de la lectura de los maestros que han descrito sin igual la decadencia austrohúngara y el fin del Imperio (Joseph Roth, Arthur Shnitzler, Lernet-Holenia), así como la llegada estremecedora, sin un respiro, de dos totalitarismos seguidos y devastadores para toda la zona de la Europa Central, el nazi y el comunista . Ambos totalitarismos fueron narrados de forma magistral en sus diarios por Sándor Márai, en las novelas de Ödön von Horváth o en las célebres 'Memorias' de Stefan Zweig . Fruto de todo ello, y de una indudable pericia como narrador, Biedermann ha escrito una obra apreciable, que avanza con fácil y agradable lectura. Una obra que conjuga con no poco talento tanto lo íntimo (las historias de los amores, frustraciones y fracasos a lo 'fin de race' de una familia de la pequeña nobleza húngara, los Lázar, entre sus castillos en el bosque, sus mansiones en la capital, Budapest, y sus estancias en balnearios de descanso) como lo histórico y general. Narrativa 'Lázar' Autor Nelio Biedermann Traducción Alberto Gordo Editorial Salamandra Páginas 288 Precio 22 euros Valoración *** Otro de los mejores hallazgos de la obra es la descripción de masas de gente que huye de un sitio a otro, sin cesar, castigada por la Historia, golpeada por eso que Kundera llamaba la amenaza constante «sobre pequeñas naciones vulnerables, atrapadas entre Alemania y Rusia». Grandes éxodo s, unas veces huyendo de la crueldad nazi, otras de la barbarie de los soldados rusos, así como la heroica insurrección de Budapest en 1956, que acabó con el ajusticiamiento del primer ministro y líder simbólico de la revuelta, Imre Nagy. También acierta Biederman en esa sucesión de escenas, muy bien intercaladas, donde reina «lo mágico» : unas sombras y «presencias» que acompañan a algunos de los personajes a lo largo de la historia y que muchas veces encarnan los espíritus misteriosos surgidos de las profundidades de los célebres bosques de «espesos follajes» centroeuropeos . Unos bosques ricos en leyendas , «criaturas agazapadas» y secretos más o menos tenebrosos. Algo que provocará la locura de Imre («atiborrados de los cuentos nocturnos y de horror de Hofmann»), el hijo que estaba destinado a ser el sucesor del barón Lázár y que será internado en un sanatorio. Otra muestra de talento innegable de este autor, al que habrá que seguir leyendo sin duda, es la inclusión de personajes excéntricos Otra muestra de talento innegable de este autor, al que habrá que seguir leyendo sin duda, es la inclusión de personajes excéntricos , menos adornados de clichés y con más originalidad, que de por sí concentran el absurdo de un Imperio gigantesco e incontrolable, antes de fenecer totalmente, que tan bien e irónicamente describió Musil en su día. Ese Jakub Jakobowski, que parece escapado de un relato de los confines del Imperio de Roth , que había pasado cuarenta años de servicio como escribiente de un capitán, en el extremo oriental de la inmensa monarquía, «en el umbral de la Ucrania» (entonces, más bien Galitzia) «amarilla y fértil». Jakobowski redactaba para su capitán cartas de amor para siete mujeres «diseminadas por todo el Imperio austrohúngaro». Cuando el escribiente envejezca y sea despedido, siendo ya un inútil «engranaje de esa máquina gigantesca», irá a buscar a Judika, su favorita, en sus encendidas cartas de amor que se intercambiaban los dos, sin ella saber que era un simple sustituto. Un gran número de figuras de la cultura, a lo largo de las épocas que se van sucediendo en la novela, van apareciendo, bien físicamente o a través de lecturas: Hoffmann, Leni Riefenstahl, Schnitzler, Freud, Zuckmayer, Proust, Von Horváth, Petöfi, Kafka o Virginia Woolf. Curiosamente, en ningún momento , Thomas Mann , en el cual se ha insistido hasta la saciedad como «paralelismo» (el propio Biedermann, de forma sensata, ha dicho que «es un honor, pero que a la vez le hace reír»). En vez de esos elogios desorbitados, hubiera sido mucho más lógico relacionarlo con obras maestras del fin de la monarquía dual como la 'Trilogía de Transilvania' (Libros del Asteroide), saga igualmente familiar y aristocrática, de Miklós Bánffy, o bien con 'Los Dukay', de Lajos Zilahy (Alfaguara).

El joven autor suizo, de apenas veintitrés años, Nelio Biedermann está siendo uno de los éxitos mundiales con su segunda novela, 'Lázár'. Proviene de una estirpe de la nobleza húngara, a través tanto de los relatos familiares como de la lectura de los ... maestros que han descrito sin igual la decadencia austrohúngara y el fin del Imperio (Joseph Roth, Arthur Shnitzler, Lernet-Holenia), así como la llegada estremecedora, sin un respiro, de dos totalitarismos seguidos y devastadores para toda la zona de la Europa Central, el nazi y el comunista.

Ambos totalitarismos fueron narrados de forma magistral en sus diarios por Sándor Márai, en las novelas de Ödön von Horváth o en las célebres 'Memorias' de Stefan Zweig. Fruto de todo ello, y de una indudable pericia como narrador, Biedermann ha escrito una obra apreciable, que avanza con fácil y agradable lectura.

Una obra que conjuga con no poco talento tanto lo íntimo (las historias de los amores, frustraciones y fracasos a lo 'fin de race' de una familia de la pequeña nobleza húngara, los Lázar, entre sus castillos en el bosque, sus mansiones en la capital, Budapest, y sus estancias en balnearios de descanso) como lo histórico y general.

Otro de los mejores hallazgos de la obra es la descripción de masas de gente que huye de un sitio a otro, sin cesar, castigada por la Historia, golpeada por eso que Kundera llamaba la amenaza constante «sobre pequeñas naciones vulnerables, atrapadas entre Alemania y Rusia».

Grandes éxodos, unas veces huyendo de la crueldad nazi, otras de la barbarie de los soldados rusos, así como la heroica insurrección de Budapest en 1956, que acabó con el ajusticiamiento del primer ministro y líder simbólico de la revuelta, Imre Nagy.

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También acierta Biederman en esa sucesión de escenas, muy bien intercaladas, donde reina «lo mágico»: unas sombras y «presencias» que acompañan a algunos de los personajes a lo largo de la historia y que muchas veces encarnan los espíritus misteriosos surgidos de las profundidades de los célebresbosques de «espesos follajes» centroeuropeos. Unos bosques ricos en leyendas, «criaturas agazapadas» y secretos más o menos tenebrosos. Algo que provocará la locura de Imre («atiborrados de los cuentos nocturnos y de horror de Hofmann»), el hijo que estaba destinado a ser el sucesor del barón Lázár y que será internado en un sanatorio.

Otra muestra de talento innegable de este autor, al que habrá que seguir leyendo sin duda, es la inclusión de personajes excéntricos

Otra muestra de talento innegable de este autor, al que habrá que seguir leyendo sin duda, es la inclusión de personajes excéntricos, menos adornados de clichés y con más originalidad, que de por sí concentran el absurdo de un Imperio gigantesco e incontrolable, antes de fenecer totalmente, que tan bien e irónicamente describió Musil en su día.

Ese Jakub Jakobowski, que parece escapado de un relato de los confines del Imperio de Roth, que había pasado cuarenta años de servicio como escribiente de un capitán, en el extremo oriental de la inmensa monarquía, «en el umbral de la Ucrania» (entonces, más bien Galitzia) «amarilla y fértil». Jakobowski redactaba para su capitán cartas de amor para siete mujeres «diseminadas por todo el Imperio austrohúngaro». Cuando el escribiente envejezca y sea despedido, siendo ya un inútil «engranaje de esa máquina gigantesca», irá a buscar a Judika, su favorita, en sus encendidas cartas de amor que se intercambiaban los dos, sin ella saber que era un simple sustituto.

Un gran número de figuras de la cultura, a lo largo de las épocas que se van sucediendo en la novela, van apareciendo, bien físicamente o a través de lecturas: Hoffmann, Leni Riefenstahl, Schnitzler, Freud, Zuckmayer, Proust, Von Horváth, Petöfi, Kafka o Virginia Woolf. Curiosamente, en ningún momento, Thomas Mann, en el cual se ha insistido hasta la saciedad como «paralelismo» (el propio Biedermann, de forma sensata, ha dicho que «es un honor, pero que a la vez le hace reír»).

En vez de esos elogios desorbitados, hubiera sido mucho más lógico relacionarlo con obras maestras del fin de la monarquía dual como la 'Trilogía de Transilvania' (Libros del Asteroide), saga igualmente familiar y aristocrática, de Miklós Bánffy, o bien con 'Los Dukay', de Lajos Zilahy (Alfaguara).

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'Lázár', en los bosques de la Europa Central

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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