La mayor evacuación de población de nuestra historia reciente va decreciendo rápidamente, después de que este martes se consiguiera asegurar muchos municipios afectados por las llamas. En las tres provincias limítrofes que comparten la tragedia, Ávila, Toledo y Madrid, se ha empezado a producir la ansiada vuelta a casa, después de que se decretaran desconfinamientos en distintas localidades y, lo más importante, se permitiera el regreso a los hogares de muchos pueblos evacuados.
Esto hace que poco a poco la vida vaya volviendo a lugares que, precisamente en estas fechas, es cuando tienen más vida, porque a la población habitual se suman familiares que regresan para pasar sus vacaciones y turistas. En Ávila, el delegado del Gobierno en Castilla y León, Nicanor Sen, anunció hacia las 16.00 horas el levantamiento de restricciones. Junto al tanatorio de Navaluenga, donde está el Puesto de Mando Avanzado, dijo que se permitiría ya volver a cinco municipios: Burgohondo (en el que comenzó el incendio), Fresnedilla, Higuera de las Dueñas, Pedro Bernardo y el sur de Navaluenga. Además, se desconfinó el centro de Navaluenga y las Navas de Marqués.
Unas horas antes, Burgohondo parecía casi un pueblo fantasma. Las tiendas y bares estaban cerrados, las persianas de casi todas las casas bajadas, las calles desiertas, y apenas pasaba algún coche cada varios minutos. Solo quedaban algunos trabajadores en el Ayuntamiento ("nos hemos quedado por si alguien necesitaba ayuda", explicaba uno) y unos pocos vecinos en las casas. Los que se quedaron lo hicieron por voluntad propia.
De hecho, una de las labores de los más de 1.000 agentes de la Guardia Civil desplegados en esta provincia ha sido evacuar esas localidades y patrullar para que no se produjeran saqueos ni robos. Además, han regulado el tráfico, vigilado de las zonas afectadas y controlado las áreas confinadas, medidas que a partir de este miércoles estarán más relajadas. Aunque para esta parte de la cuenca del río Alberche las noticias sean esperanzadoras, en otros lugares quedan zonas evacuadas y confinadas, y en el valle de Tiétar seguía habiendo complicaciones. Ese contraste con la tristeza de los que siguen sin volver a sus casas es el que se veía en la provincia de Toledo: "Os echábamos de menos", exclamaba una vecina al alcalde de Castillo de Bayuela, Gregorio García, mientras cruzaba la plaza cargada de bolsas. Él le devolvió el saludo y siguió recibiendo, a las puertas del Ayuntamiento, a los vecinos que poco a poco iban regresando al pueblo.
En la plaza, la frutería de Diego volvió a levantarse tras permanecer cerrada desde la noche del 25, cuando el pueblo tuvo que ser desalojado por el avance del humo. Por la mañana, muchos vecinos seguían descansando después de varios días durmiendo fuera de casa, pero él esperaba impaciente a que la plaza recuperase el aspecto de siempre.
Apenas a cinco kilómetros, en El Real de San Vicente, la sensación que se respiraba era parecida. "Mi cama, mi salón, mi cocina. ¿Cómo no vamos a estar felices?", resumía Merche, sentada junto a Arancha en la barra del bar Reloj, uno de los establecimientos que volvió a levantar la persiana. Ambas pasaron los últimos días realojadas en el pabellón de Talavera de la Reina y, aunque celebran la vuelta a casa, no olvidaban el cariño y la solidaridad de los que les atendieron en el polideportivo donde durmieron tres noches. "No hemos podido recibir mejor trato, pero hay gente que se esperaba un hotel de cinco estrellas y no".
"Estaba llegando y me temblaban las piernas"
El silencio que los últimos días había sustituido la actividad de estos municipios deja paso otra vez al ruido de los coches por las calles estrechas, las conversaciones y cotilleos entre vecinos y las persianas de comercios locales. Durante la noche de este martes, las autoridades permitieron el regreso de los habitantes de nueve de los 11 municipios evacuados: Buenaventura, Castillo de Bayuela, El Real de San Vicente, Garciotum, Hinojosa de San Vicente, Navamorcuende, Almendral de la Cañada, Nuño Gómez y Pelahustán.
Mientras, permanecían desalojados La Iglesuela del Tiétar y Sartajada. Mientras, Talavera de la Reina sigue acogiendo a 343 personas evacuadas por los incendios del Valle del Tiétar y la Sierra de San Vicente.
Unos cuantos kilómetros hacia el noreste de estos últimos municipios, ya en la esquina de la Comunidad de Madrid, Conchi volvía a casa, pero las noticias no eran buenas: "Construimos la casa con toda la ilusión hace 50 años y ahora no nos queda nada", contaba al entrar en su finca, totalmente arrasada por el fuego, en la localidad de Navas del Rey.
Hace cinco días que desalojaron este municipio y Conchi, al igual que sus vecinos, no había podido entrar en el pueblo hasta este pasado martes. Aunque algún amigo le había dicho que el fuego estuvo cerca de su casa, ella nunca pensó ver lo que ahora tiene ante sus ojos. "Estaba llegando y me temblaban las piernas. La finca la daba por quemada, pero la casa... La casa pensaba que no", relataba esta mujer de 76 años.
Todavía salía humo de algunas zonas de la finca y, aunque quedaba poco por salvar, ella no dudó en coger un hierro e intentar apagarlo. "Si no lo veo, no lo creo", es la expresión que no deja de repetirse. Ella y su familia habían pasado aquí toda una vida, una vida ahora devastada por el fuego, aunque, pese a todo, intentaba mantener la ilusión: "Ahora estamos en un pozo, pero veremos la luz".
Testigos de un milagro
Sus vecinos David y Fernanda, matrimonio, apenas separados por 500 metros, habían sido testigos de "un milagro". El pasado viernes, cuando tuvieron que ser evacuados, Fer pidió a su marido que, antes de irse, rezaran una oración. "Las llamas estaban aquí ya y pensé que lo perdíamos todo". El fuego se detuvo a escasos centímetros de su casa y, aunque se ha llevado gran parte de la finca, su vivienda resistió prácticamente intacta. "Teníamos que sacar a nuestros perros y a nueve gatos, pero solo pude coger seis. Alguno estaba por casa. Dejé las ventanas abiertas para que pudieran salir si el fuego seguía acercándose", explicaba Fer, alegre por su casa pero apenada porque dos de los gatos todavía no habían dado señales de vida.
Al igual que los vecinos de Navas del Rey, este martes pudieron regresar a sus casas los vecinos de otros nueve municipios madrileños: Cadalso de los Vidrios, Cenicientos, Navalagamella, Rozas de Puerto Real, Aldea del Fresno, Chapinería, Fresnedillas de la Oliva, Zarzalejo y Colmenar del Arroyo.
JORGE ROPEROÁRABA PRESSEn Aldea del Fresno, hacia las cinco de la tarde, la imagen en la carretera reflejaba el contraste entre ambos carriles. En el de salida del pueblo, vehículos oficiales: Guardia Civil, UME, Protección Civil... En el de entrada, coches llenos de familias deseando «dormir en su cama».
Saliha y Mourad, por ejemplo, bajaron del coche con su hijo Yanis, su bebé Inas y su sobrino Amir. Estuvieron en el pabellón de Villamantilla y, aunque les trataron "estupendamente", no veían el momento de volver a casa. «Voy a subir, me ducho y me voy a la finca. No sé cómo estará", contaba el padre. Todavía no llegaban al portal cuando vieron a sus vecinos y amigos, Sheila y Raúl. No pudieron evitar abrazarse: "Ahora toca pasar el luto de ir a nuestros campos y montes y ver en lo que se ha quedado".
En la plaza de toros de Chapinería, la imagen se repetía. Llegaban los primeros autobuses con vecinos desalojados. En este municipio las llamas también han dejado huella y "mucha ceniza". Con el olor a incendio todavía en el ambiente, los vecinos se disponían a cenar algo que les preparó el Ayuntamiento, porque no tenían "ni un yogur en la nevera".