«Está luchando, pero no sabemos hasta cuándo podrá». Pancho Gerber acaba de salir de la UCI de la Clínica Veterinaria dela Universidad Católica de Valencia. Allí lleva una semana ingresado Quino, el extraordinario perro que ha sido el compañero en el rastreo de personas con vida de este bombero en las peores tragedias de los últimos cuatro años. Apenas unas horas después de la conversación con El Mundo, el cuerpo de Quino dijo basta. En dos meses una extraña enfermedad le ha costado la vida a este labrador de seis años. Y todo comenzó al volver de Venezuela, donde viajó con Pancho tras el devastador terremoto de junio en el equipo de voluntarios de la ONG Intervención, Ayuda y Emergencias (IAE), una unidad canina especializada con sede en Algemesí (Valencia).
El temblor que arrasó La Guaira fue un trabajo exigente para este perro, pero no más que el alud de febrero de 2022 en las favelas de Petrópolis, cerca de Río de Janeiro, o los terremotos de Turquía un año después. «Quino trabajó bien. Es especialista en discriminar el olor de una persona viva, obviando los fallecidos o los animales, y ladrar para avisarnos», cuenta Pancho, que lo entrenó desde que con tres meses lo recogió de la calle. «Cuando volvemos de una intervención, los perros descansan diez o quince días, porque es exigente», explica. Quino volvió condecorado como héroe y en un vuelo de Iberia «en cabina, con asiento y aire acondicionado». Sin embargo, al poco comenzó a sangrar por la nariz, hemorragias que no cesaban.
En la Clínica Veterinaria del CEU de Valencia, lograron atajarla uno de los momentos más críticos a mediados de julio con una transfusión y a base de corticoides, pero no encontraban el origen. «Lo han estudiado oftalmólogos, especialistas en medicina interna, cirujanos... Las analíticas, de laboratorios del centro y también externos, salían normales, las ecografías también y hasta los TAC. No sabíamos qué le pasaba», relata Pancho, que vio cómo el tratamiento dejaba de hacer efecto cuando comenzó a rebajarlo por indicación veterinaria y Quino ya no sólo no podía moverse, sino que no quería ni comer.
Quino, en la UCI.E.M.Entonces buscó nuevas opiniones en la Clínica de la Universidad Católica de Valencia, a ver si daban con la cura. Para entonces, lo que le pasaba a Quino se había hecho viral y no paraba de recibir ofrecimientos de veterinarios y de particulares dispuestos a costear el tratamiento, donaciones que canalizó la ONG. «Que si podía ser el amianto, que si una infección por una garrapata endémica del trópico o quizá leishmaniosis... pero nada. He enviado más de 16 mails con todos los estudios médicos a una decena de veterinarios de todo el mundo que se pusieron en contacto conmigo, pero nadie daba con el origen», explica este bombero, que veía a su compañero empeorar día a día.
Quino viajó a Venezuela con Otto y Ron, dos compañeros caninos de la misma ONG y ninguno tuvo problemas. Sin embargo, Pancho sí conoció que el perro de un bombero de Badajoz murió a la vuelta por una hemorragia interna. «Es el único registro, pero no se hicieron estudios de la causa de la muerte», lamenta. Nadie sabe si eso hubiera podido salvar la vida del labrador valenciano o si lo que le ha costado la vida venía de antes.
La única certeza es que cada día su estado iba empeorando. Mientras Pancho seguía recibiendo llamadas para buscar a desaparecidos en toda la Comunidad Valenciana, en lo que Quino era especialista, su propia supervivencia estaba más comprometida. Rechazaba transfusiones, el sangrado continuaba y empezaban a fallar los riñones y se comprometían los pulmones al respirar la sangre de las hemorragias. «Estaba luchando, peleando pero la duda era hasta cuándo podía aguantar sin sufrir», se preguntaba Pancho, que no dejó de acompañarle ni un solo momento en la UCI, con el sentimiento de impotencia de no saber qué más hacer por su leal compañero.
El sábado por la tarde, después de dos meses de desvelos, Pancho tuvo que tomar una de las decisiones más difícil es de su vida: dejar descansar a Quino. Para entonces, ya estaba convertido en un héroe de cuatro patas para toda la eternidad.