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La sala de la iglesia de la cueva de Scărişoara Beradrian La bacteria que ha aguantado 5.000 años bajo el hielo y es resistente a 10 antibióticosEl estudio de una cepa con capacidad para superar el frío de una cueva rumana revela que la resistencia microbiana evolucionó antes de la invención de los fármacos
Martes, 17 de febrero 2026, 10:58 | Actualizado 11:17h.
... de matar a algunos de los patógenos más peligrosos. Así lo revela un nuevo estudio, publicado en la revista 'Frontiers in Microbiology', que describe por primera vez el genoma completo y las capacidades funcionales de la cepa Psychrobacter SC65A.3, que permaneció aislada de una capa de hielo de unos 5.000 años de antigüedad en la caverna de hielo de Scarisoara, en los Cárpatos de Rumanía. Esta cavidad alberga uno de los mayores y más antiguos bloques de hielo subterráneo del mundo, con depósitos que llegan hasta los 13.000 años. En ese archivo helado los científicos han encontrado comunidades microbianas que han permanecido activas a temperaturas constantemente bajas durante milenios.Los investigadoros, encabezados por Cristina Purcarea, del Instituto de Biología de Bucarest de la Academia Rumana, comprobaron la sensibilidad de esta bacteria frente a 28 antibióticos de 17 familias distintas, desde penicilinas y cefalosporinas hasta fluoroquinolonas, aminoglucósidos o rifampicina. El resultado puede calificarse como inquietante: SC65A.3 es capaz de resistir a 10 de ellos pertenecientes a ocho clases, lo que encaja con la definición de fenotipo multirresistente usada por los organismos europeos de control de infecciones. Entre los fármacos frente a los que muestra resistencia se incluyen antibióticos de uso clínico habitual contra infecciones graves por bacterias gramnegativas, como ciertas cefalosporinas de tercera generación, fluoroquinolonas y rifampicina.
El análisis genómico revela al menos 100 genes relacionados con la resistencia antimicrobiana, incluidos ampC (beta‑lactámicos), tetA y tetC (tetraciclinas), dfrA y folP (trimetoprim‑sulfamidas), mcr‑1 (colistina), además de numerosos sistemas de expulsión de fármacos y mecanismos de tolerancia a metales pesados como arsénico y mercurio. Muchas de estas dianas son las mismas en las que aparecen mutaciones en patógenos hospitalarios, lo que refuerza la idea de que los genes de resistencia ya existían en la naturaleza mucho antes de la era de los antibióticos.
Pero paradójicamente esta superbacteria del hielo también fabrica moléculas capaces de frenar a algunos de los peores enemigos de los hospitales. En pruebas de laboratorio, algunos extractos de SC65A.3 inhibieron el crecimiento de 14 de 22 cepas clínicas, entre ellas 'Staphylococcus aureus', 'Enterococcus faecium', 'Enterobacter', 'Pseudomonas aeruginosa' y 'Klebsiella pneumoniae', varios de ellos patógenos multirresistentes.
Un laboratorio natural
Más allá de la resistencia, el genoma y las pruebas bioquímicas muestran que esta psicrobacteria produce una batería de enzimas activas a baja temperatura, incluidas lipasas y esterasas, muy utilizadas en biotecnología. Estas enzimas frías, ya exploradas por el mismo equipo en aplicaciones sobre compuestos farmacéuticos, son interesantes para procesos industriales y biotecnológicos más eficientes.
El estudio identifica también algunos genes implicados en la síntesis de antibióticos naturales, lo que apunta a un repertorio químico todavía por explotar. Los autores del estudio destacan que esta es la primera caracterización de un un conjunto total antiguo de genes de resistencia a los antibióticos presentes en una comunidad bacteriana procedente de hielo de cueva, y sugieren que ambientes remotos como Scarisoara podrían ser tanto reservorios de genes de resistencia como minas de nuevos antibióticos y biocatalizadores.
Los autores del trabajo insisten en la prudencia. El hecho de que estos genes se encuentren en una bacteria ambiental no implica una amenaza inmediata, pero demuestra que la naturaleza dispone desde hace millones de años de un arsenal genético que puede, bajo ciertas condiciones, transferirse a microorganismos patógenos. Estos hallazgos refuerzan la urgencia de vigilar también los ecosistemas más fríos y aparentemente intactos del planeta. Al mismo tiempo, muestran que en el hielo que se derrite con el cambio climático podría esconderse tanto el problema como parte de la solución a las infecciones del futuro.
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