- SERGIO SAIZ Nueva York
- El ataque a Irán golpea el riesgo de Santander y BBVA, pero preserva a CaixaBank
- La banca recupera atractivo con un potencial del 20%
Los bancos de Estados Unidos creen que si el 'shock' geopolítico aumenta, podría provocar problemas de liquidez en las entidades regionales.
La escalada militar en Irán ha revivido en Wall Street el miedo de un escenario con el petróleo disparado, la inflación de nuevo desbocada y la Reserva Federal (Fed) forzada a endurecer su política monetaria más de lo previsto.
Los analistas huyen de discursos apocalípticos y recuerdan que el sistema financiero estadounidense llega a este episodio con balances más sólidos que en crisis anteriores, pero también reconocen que el riesgo de un shock geopolítico de este nivel, que además podría venir acompañado de una crisis energética de primera magnitud, ha puesto en alerta a bancos, gestoras y reguladores de la mayor plaza financiera del mundo.
Pero un petróleo al alza implica presión sobre los precios, expectativas de tipos más elevados durante más tiempo y mayor volatilidad en el mercado de bonos del Tesoro.
"Se estima que un cambio del 10% en los precios del petróleo provoca un impacto de 0,4 puntos porcentuales en la inflación del IPCA a través de efectos directos en el componente energético -la mayor parte del cual ocurriría con relativa rapidez- y un impacto aproximado de 0,2 puntos porcentuales a través de otros componentes del IPCA durante un periodo de hasta tres años", según explica Andrzej Szczepaniak, economista sénior de Nomura.
Tras las turbulencias de 2023 que acosaron principalmente a la banca regional, cuando quedó en evidencia el riesgo de mantener grandes carteras de activos de bajo rendimiento en un entorno de tipos al alza, las entidades han ajustado sus estrategias de gestión de balance. Sin embargo, siguen acumulando importantes posiciones en deuda pública y valores respaldados por hipotecas que podrían causarles problemas en este nuevo escenario.
Pérdidas latentes
Si un shock geopolítico y energético elevara las expectativas de inflación, los rendimientos del Tesoro podrían repuntar con fuerza. Eso volvería a generar pérdidas latentes en carteras clasificadas como "mantener hasta el vencimiento", presionando las ratios de capital y la percepción de solvencia, especialmente en bancos pequeños y entidades regionales.
Al mismo tiempo, un escenario alternativo, con una huida hacia activos refugio ante el riesgo geopolítico, podría provocar caídas de rentabilidades.
El problema para la banca es que ambas fuerzas pueden convivir en distintas fases del conflicto, aumentando la volatilidad y dificultando la gestión del riesgo en función de la duración de la guerra y la escalada en los ataques.
Más allá de sus propios balances, los analistas recuerdan que no hay que perder de vista también que los grandes bancos, como JPMorgan o Citigroup, son jugadores relevantes en el tablero de la financiación y cobertura de riesgos de empresas energéticas, tanto vía crédito como a través de mercados de capitales y derivados.
En un escenario de precios elevados pero estables, la banca podría beneficiarse de mayor actividad en emisión de deuda, cobertura de precios y fusiones en el sector. Pero si el petróleo se dispara de forma desordenada y la demanda global se resiente, el riesgo de recesión aumentaría, afectando no solo al sector energético sino al conjunto de las carteras corporativas.
La incógnita
El precedente de 2022, tras la invasión rusa de Ucrania, mostró que el sistema financiero puede absorber subidas bruscas del crudo si el mercado confía en que serán temporales. La incógnita ahora es la duración del conflicto y su posible regionalización.
Una guerra prolongada con Irán más allá de las cinco semanas anunciadas por el presidente de EEUU no tiene por qué desembocar en un evento sistémico inmediato, pero sí tensaría simultáneamente varios frentes:inflación, tipos, energía, volatilidad y confianza, una combinación peligrosa para los titanes de Wall Street, que en el segundo mandato de Trump ya se han acostumbrado a preparar planes de contingencia.
El ataque a Irán golpea el riesgo de Santander y BBVA, pero preserva a CaixaBankING reorganiza su comité de dirección con la Banca Privada y la de EmpresasMorgan Stanley despide a 2.500 empleados Comentar ÚLTIMA HORA