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La 'Coalición de Voluntarios' y el sanchismo

La 'Coalición de Voluntarios' y el sanchismo
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España no puede navegar las turbulentas aguas de una creciente crisis internacional con el actual minoritario gobierno de coalición progresista en el puente de mando. La amarga crisis es la que es y toda nación ha de fijar políticas de seguridad y Defensa ampliamente compartidas. Leer
Ensayos liberalesLa 'Coalición de Voluntarios' y el sanchismo
  • TOM BURNS MARAÑÓN
16 ENE. 2026 - 00:03El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es saludado por Emmanuel Macron, presidente de Francia, a su llegada en París a la reunión de la 'Coalición de los Voluntarios'.FERNANDO CALVOEFE

España no puede navegar las turbulentas aguas de una creciente crisis internacional con el actual minoritario gobierno de coalición progresista en el puente de mando. La amarga crisis es la que es y toda nación ha de fijar políticas de seguridad y Defensa ampliamente compartidas.

La inexorable circunstancia de que, pasados los años y siendo uno ya mayor, la vida, como supo el poeta, va "en serio", ha obligado a Pedro Sánchez a distanciarse de los suyos y a reunirse el próximo lunes, por primera vez en diez meses, con Alberto Núñez Feijóo. No es una reunión más. El tan inusual encuentro entre dos políticos que se desprecian mutuamente se debe a que las cosas se han vuelto muy graves. La amarga crisis internacional es la que es y toda nación-estado ha de fijar, de manera interna y externa, políticas de seguridad y Defensa ampliamente compartidas. Esto urge en España porque la crisis global coincide con el fin del ciclo sanchista y tal consenso no existe.

El presidente del Gobierno estuvo el pasado día de la Festividad de Reyes en París con los principales dirigentes de la Coalición de Voluntarios en lugar de en la solemne celebración de la Pascua Militar en el palacio de Oriente que preside S.M. el Rey. En la capital francesa pudo recabar información de primera mano de la seriedad existencial de los tiempos que corren y de los planes de sus pares para enfrentar y sobrevivirla.

Después de reunirse con Emmanuel Macron y con los demás colegas Sánchez dijo que su gobierno, al igual que los de los otros aliados, estaba dispuesto "a consolidar la paz [en Ucrania] con la presencia de fuerzas armadas españolas". Pero entre lo dicho y el hecho hay un nada pequeño inconveniente.

Para que la tropa patria ponga sus boots on the ground en la estepa ucraniana se requiere la autorización del Congreso. Por eso Sánchez consultará el lunes al jefe del mayor grupo parlamentario en el hemiciclo. La reunión de ambos da la medida de la extraordinaria debilidad del gobierno de la Nación.

Sánchez no puede sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado. Probablemente tampoco podrá obtener la aprobación parlamentaria para el reparto de la financiación regional ni para la vivienda siendo esto último lo que más le importa a la ciudadanía. Y lo que se sabe de antemano es que la política militar que elabora la Coalición de Voluntarios no es del agrado de los socios y de los compañeros de viaje del minoritario gobierno sanchista.

En lo que se refiere al apremiante capítulo de seguridad y de Defensa, Sánchez está entre la espada que empuñan sus aliados en el exterior y el muro interno que lleva ocho años construyendo con sus socios pacifistas y antioccidentales.

En la Europa de los Estados le corresponde a España, por su tamaño, su población y su PIB, participar de manera activa y relevante en la Coalición de los Voluntarios. Pero que lo sea no depende del presidente del Gobierno sino del jefe de la oposición. A regañadientes y por mucho que le fastidie Sánchez ha de pedirle a Feijóo su parecer y su permiso.

Los versos de Gil de Biedma

Gracias a Jaime Gil de Biedma (1928-1990) se sabe una verdad incuestionable: "Que la vida iba en serio/uno lo empieza a comprender más tarde". Se le escucha al poeta porque su biografía es familiar: "Como todos los jóvenes, yo vine/a llevarme la vida por delante". Todo el mundo sabe que ser joven es ser osado. Gil de Biedma es leído porque, quien más quien menos, puede reconocerse en él: "Dejar huella quería/y marcharme entre aplausos". ¿Qué joven, lleno de vitalidad, no ha pensado y ha sentido eso mismo? Sin duda estos versos retratan al que irrumpió en la política nacional con su reiterado "no es no".

¿Se identifica Sánchez con el poeta? Debería porque, con juveniles ganas de arrasar, llegó al poder acusando al gobierno delParty Popular de ser "indecente". Fue el primero en ganar una moción de censura y fue el primero en gobernar con la izquierda comunista. Se atrevió a amnistiar a sediciosos golpistas y a cuestionar la España de libres e iguales.

Pero la "huella" que Sánchez va a "dejar" dista mucho de la que se supone que él deseaba. Su pisada es la del caudillismo del soberbio que se rodea de aduladores, la de la incesante mendacidad del narcisista y la de la corrupción de mediocres amiguetes que andan flacos de escrúpulos. ¿Ha caído Sánchez en la cuenta de la vida "va en serio" ahora que se está haciendo mayor y que la realidad se impone?

El presidente del Gobierno, según el manifiesto que ha lanzado Jordi Sevilla, ha sustituido la socialdemocracia de los biempensantes adultos por "un populismo basado en el cálculo electoral", es decir, por una gobernanza sin principios más allá de los ventajeros y cínicos.

Por ello, dice el crítico exministro que ha sacado los pies del tiesto, cae en picado el apoyo electoral al Partido Socialista y sube como la espuma la adhesión a la oferta populista y, sin complejos, "patriótica" de Vox. Lo que dicen las encuestas es que Sánchez no se marchará, este año o el que viene, entre los "aplausos" que Gil de Biedma quería para sí. Se irá entre pitos y abucheos.

El fracaso de Sánchez se veía venir. Le han sostenido en el poder una serie de corrientes primarias y resentidas -descerebrados rupturistas y revanchistas del piñón fijo independentista- que son justamente las más inadecuadas para actuar con la seriedad que requiere la sobrevenida inestabilidad global.

Los dogmáticos demagogos de Bildu, de Podemos y de Sumar y los chantajistas y prófugos del separatismo catalán no son tomados en serio por los gobiernos de Alemania, Francia, Italia, Polonia y Reino Unido, que han de dirigir una Europa capaz de disuadir a la Rusia del amenazador Vladímir Putin y de amoldarse a los Estados Unidos del extravagante Donald Trump. Los utópicos progresistas y los tontos útiles chirrían en la Europa que se ha de forjar.

Chavistas

La Coalición de Voluntarios no puede menos que decirle a Sánchez que debido a la inestable mayoría parlamentaria que le brinda una chusma chavista no quieren saber nada de él porque se ha metido en un callejón sin salida. Los aliados le dirán que no va a ninguna parte si mantiene de asesor áulico a José Luis Rodríguez Zapatero, el apologista de la narcodictadura venezolana y el iluso de la Alianza de las Civilizaciones que permaneció sentado al paso de la bandera estadounidense.

Si Sánchez quiere que la Coalición de Voluntarios, la de los pesos pesados del Viejo Continente, se fie de España, lo que ha de hacer, cuanto antes mejor, es ponerse de acuerdo con Feijóo para que la política exterior y de Defensa española sea lo que Washington llama bipartisan, un asunto compartido por los dos principales partidos parlamentarios. Solo así podrá Sánchez, antes de hacer mutis por el foro, recuperar algo de estima cara a los líderes de las democracias liberales. Su negativa a elevar al 5% el gasto militar todavía escuece entre los aliados de la OTAN.

Al reunirse con Sánchez el próximo lunes, el líder del Partido Popular y teórico presidente del Gobierno a la espera puede aprovechar la oportunidad que le entrega la disruptiva geopolítica o echarla a perder. Feijóo no ha de oponerse al refuerzo militar que España debe contribuir a la seguridad de Ucrania una vez que haya negociado un acuerdo de paz con Rusia. Pero, tampoco ha de dejarse engatusar con vagas promesas de coordinar mejor políticas de Estado. Su apoyo a un Sánchez agonizante y desahuciado no ha de ser gratis.

A cambio de votar a favor del envío de tropa a Ucrania, el líder del principal partido parlamentario ha de obtener el firme compromiso de la convocatoria de elecciones generales coincidiendo con las andaluzas en junio o, a más tardar, en octubre. España no puede navegar las turbulentas aguas de una creciente crisis internacional con el actual minoritario gobierno de coalición progresista en el puente de mando.

El ciclo del sanchismo se acaba y es ahora, más tarde y en épocas escabrosas, cuando se empieza a entender, como en otras circunstancias comprendió Gil de Biedma, que "la vida iba en serio". Ahora, decía el poeta, "ha pasado el tiempo/ y la verdad desagradable asoma". Para Sánchez es especialmente amarga.

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Fuente original: Leer en Expansión
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