Pese a que ni siquiera tiene carnet de militante del PSOE, Margarita Robles había sido uno de los apoyos inquebrantables de Pedro Sánchez desde que accedió por primera vez a la Secretaría General del partido en 2014. La imagen de fidelidad a prueba de imprevistos de toda índole se resquebrajó hace 10 días en el Congreso cuando la ministra permaneció sentada en su escaño sin aplaudir apenas la intervención del presidente del Gobierno sobre la gestión de la crisis de Ceuta mientras el resto de sus compañeros lo ovacionaban en pie.
Sin embargo, en la dirección de Ferraz sostienen que ésa no fue ni de lejos la intención de la magistrada en excedencia. "Si hubiera sido consciente de que se iba a interpretar como un feo se hubiera ido antes", aseguran las fuentes consultadas dando a entender que, en realidad, lo que trataba de evidenciar era su "desencuentro" con Fernando Grande-Marlaska, titular de la cartera de Interior, por negar que el CNI -que depende de ella- hubiera alertado de la llegada masiva de inmigrantes a la ciudad autónoma el 30 y el 31 de julio. "No está contenta con lo que pasó", agregan.
Robles (León, 1956) fue el fichaje estrella de Sánchez para las elecciones de 2016, en las que le reservó el puesto de su número dos en la lista por Madrid tras convencerla para que aparcara su actividad profesional en el Tribunal Supremo. También formó parte del reducto de diputados socialistas díscolos que cuatro meses más tarde desobedecieron la instrucción del partido de abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy, adoptada en medio de una gravísima crisis interna que se saldó con la dimisión del líder tras el célebre Comité Federal del 1-O.
De vuelta a la cúpula de Ferraz tras imponerse en las primarias de 2017 -en cuya campaña la jueza se implicó con mayor intensidad-, el hoy presidente del Gobierno la nombró portavoz del grupo parlamentario en el Congreso. En aquel momento se trataba de un puesto estratégico en la labor de oposición, ya que él había renunciado al escaño para centrarse en la reconquista de la Secretaría General, y delegó tal responsabilidad en una no afiliada, pero de la que se valoraba que se expresase con mucha claridad y que estuviera dispuesta a pelear por sus convicciones hasta el final.
En 2018, tras conocerse el fallo del caso Gürtel que condenó al PP como beneficiario económico de actividades ilícitas realizadas por la trama, la primera persona con la que contactó Sánchez fue Robles. Antes de tomar cualquier decisión política quería "tener un análisis jurídico riguroso, extremadamente fino y preciso de la sentencia", según explicó él mismo en su Manual de Resistencia. También le encargó que fuera redactando el texto de la moción de censura mientras terminaba de pensarse si la presentaba o no y la llamó por teléfono al día siguiente para indicarle que sí, que la registrara.
Cuando la mayoría del hemiciclo le abrió las puertas de La Moncloa, el nuevo jefe del Ejecutivo entregó a su magistrada de confianza la cartera de Defensa, que mantiene desde entonces. De hecho, ella, Marlaska y Luis Planas (Agricultura) son los tres únicos que conservan sus sillas en el gabinete presidencial desde el primer día tras las múltiples renovaciones realizadas en estos ocho años.
Tras la desclasificación el miércoles de los informes de los servicios de Inteligencia sobre Ceuta que confirman que tenía razón respecto a las alertas previas del CNI, Robles incidió en que no quería entrar en polémicas porque por su "convicción de Estado" siempre pondrá por delante la protección de las instituciones. "¿Que todo se puede hacer mejor? Sin ninguna duda. ¿Que lo vamos a intentar? Sin ninguna duda", zanjó en declaraciones a los medios de comunicación.
No obstante, el intento de minimización de los problemas internos choca con el historial de desavenencias previas entre los ministros del Interior y de Defensa aireado públicamente. Durante la borrasca Filomena, por ejemplo, se enfrentaron por quién debía solicitar y coordinar la intervención de la Unidad Militar de Emergencias (UME) en apoyo a las fuerzas de seguridad y también han exhibido tensiones por el relevo de cargos en la cúpula de la Guardia Civil.
Aun así, en el entorno de Robles aseguran que está "feliz" de formar parte del Gobierno y de dirigir el Ejército, que se limita a "hacer su trabajo" sin entrar en más disquisiciones y que no se encuentra "incómoda". Justo lo contrario fue lo que trasladó con su mensaje no verbal de quedarse sentada en su escaño mientras la bancada socialista aplaudía el discurso de Sánchez tras respaldar la versión de Marlaska de que el CNI no avisó sobre la "magnitud" de lo sucedido en Ceuta.