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Como afirma el excelente traductor Rafael Martín Calvo, que nos viene acercando lo mejor de la literatura letona contemporánea en distintos y magníficos libros (como es el caso de la antología 'A por el mar', de editorial Báltica, que, en un sugestivo caleidoscopio, conjugando ... tradición con modernidad, recoge nueve relatos que se mueven entre la capital Riga o los bosques de Vidzeme. Pero también esa bellísima y cautivadora novela de Laura Vinogradova, 'La hermana del río'), si bien el pequeño país que es Letonia no figura de forma prominente y a veces 'reconocible', diferenciándose de su vecina Lituania, el contar con los puertos más significativos de la costa báltica, en especial Riga y Ventspils «ha hecho de esta región un goloso enclave geopolítico que, a lo largo de los siglos, no ha dejado de concitar el apetito de potencias extranjeras».
Léase Rusia, hasta la caída de la URSS. Un modesto y retirado lugar que algunos españoles recuerdan por la sorprendente (y reiterada) inmersión suicida que llevó a cabo el escritor granadino Ángel Ganivet en las gélidas aguas del río Dvina de Riga.
Pequeña joya poética y melancólica, llena de simbolismo, que nos habla desde el comienzo del profundo dolor y del vacío que deja tras de sí una ausencia inexplicable, así como de los lazos inquebrantables, dentro de una misma familia disfuncional, la novela 'La hermana del río', Premio de Literatura de la Unión Europea 2021, con un estilo sumamente depurado y con unos diálogos breves y minimalistas, logra conmover profundamente al lector desde la primera línea. La protagonista de la historia es Rute, una mujer que vive una cómoda existencia en la capital, Riga, y que nunca ha superado el trauma de perder hace diez años a su hermana, desaparecida un día sin dejar rastro.
Ambas compartieron una infancia difícil y errática, a merced de una madre irresponsable que apenas se ocupaba de ellas. Una madre que tan solo les transmitió acerca de su padre que era una persona inútil y de escaso valor para ser recordado.
Al heredar Rute una pequeña casa en el campo, junto a un río, que le ha dejado ese padre que nunca conoció, tendrá la oportunidad de reencontrarse con un pasado real y no solo con el que le narró a través de caprichosos y malévolos malentendidos su madre. Descubrirá que la historia de Jüle, muy querido por todos sus vecinos, era totalmente distinta.
La esquiva y solitaria Rute, huyendo de la frialdad de la gran capital, decidirá pasar un tiempo en el pequeño pueblo, en contacto con una naturaleza que desconocía, con gente que quería a su padre y con los que por fin olvida todos sus resquemores y desconfianza hacia el género humano.
Pero, sobre todo, halla la paz por fin al dirigirse cada día a un pequeño río, gracias al cual misteriosamente reencuentra una vida que le era vedada por heridas insoportables, imposibles de superar, de su pasado. Así se lo escribirá en cartas que no ha dejado nunca de mandar a su hermana. Una hermana que siempre, aun en la ausencia, no ha dejado de acompañarla y protegerla: «Dina, quiero contarte algo sobre el río. Me hace temblar, estremecerme. Me hace reír. Hace mucho que no me sentía tan viva».
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