Apenas con una columna de salida y noticia de cinco escuetos párrafos, firmada desde Barcelona, en la edición de ayer, se resume el estado de la cuestión sobre el batiburrillo en las izquierdas y sintetiza el fondo de todo el asunto. Los hechos son: los 'comunes' han celebrado primarias en Barcelona; los comunes no habían celebrado primarias desde 2011, cuando la profesional del activismo, Colau, se situó al frente de la nueva formación [la izquierda radical solicitaba primarias para debilitar a su más próximo adversario, el PSOE, y consiguieron su propósito: aupar a Sánchez]; en estas primarias han votado 1.525 personas; ganó el candidato oficialista -y separatista- con 1.046 sufragios; concurrió el comunicador Bop Pop, que ¡aspiraba a la Alcaldía de Barcelona! y cosechó 412 apoyos. Así se escribe la izquierda.
En Madrid se ha iniciado el casting disruptivo nacional. Tiene un carácter más cromático que programático: morado, verde clarito, magenta y... Todas las vanidades y aspiraciones profesionales se suben a la pasarela. Podemos sostiene que se mantiene al margen del vodevil pero Iglesias se reserva el pulsador. El viernes giró su sillón en televisión y presionó con fuerza el dispositivo a favor, en Madrid y contra Ayuso, de la enérgica y crecida ofendidita que ofende Santaolalla. El sempiterno asesor Arroyo, puesto por Sánchez para suplicar "sólo una lista a la izquierda del PSOE", dio un respingo. No se lo esperaba. Belarra tiene razón: "Si todo es cálculo electoral, la conclusión es que hay que apoyar al PSOE". Arroyo balbució que el PSOE ya tiene candidatos en Madrid -como si las siglas del resto de la izquierda no fueran el sostén de Sánchez y como si la federación socialista madrileña no fuera subalterna-.
Realmente, cada Narciso en la izquierda se arroja contra su íntimo adversario [no tiene que ver con la aritmética sino con los incentivos de colocación: todo escaño está en el aire]: Sánchez lanza a Rufián contra Sumar, que se proyecta contra los comunes y se revuelve contra su destino; Iglesias se abalanza sobre Más Madrid, que se defiende del disonante Delgado, que quiere zamparse a Manuela Bergerot. Iglesias simpatiza con Rufián -el nexo es Santaolalla- porque su negocio es la televisión, la pública y sus privadas. Así prospera y medra la izquierda.
La izquierda es un tornasol. Plantea cada transfiguración irisada como embriagadora novedad. Ante el absoluto vacío programático, la izquierda que se dijo alternativa y sobrevive subyugada por Sánchez enseña a su señor una paleta de colores. Corroída por los identitarismos, se pasea por los teatros. La izquierda es performativa, nada más. Sánchez entregó la partitura y todos soplan. Rufián resumió su proyecto -es un decir-: "Antifascismo, derecho a la autodeterminación y dignificación de las condiciones de vida"; Belarra sumó algún atributo a su plan rupturista: "Feminista, antirracista, ecologista y antifascista". La coalición Sumar, sin Díaz y asediada, da "Un paso al frente", sin candidato ni programa pero, pásmense, "a la altura del momento histórico" y contra la "ultraderecha", aseguró Maíllo. Hace unos días, una foto de Urtasun, Bustinduy y Díaz ilustraba una información sobre las disputas en el espacio. Sus atuendos de diseño muestran la realidad de una élite extractiva que ve peligrar las mieles de su dulce década.