- Los bancos centrales se preparan para subir los tipos ante una inflación por encima de lo previsto
- Editorial. La inflación geopolítica aviva la subida de tipos
El conflicto bélico en Oriente Próximo sigue presionando los precios en las grandes economías.
Descontada por el mercado una nueva subida de los tipos de interés esta semana después de que los datos de inflación de julio certificaran el acelerón causado por los costes energéticos, el interés respecto a la reunión del Banco Central Europeo estará en la pauta que marque la institución monetaria sobre los tipos de interés. Está claro que los precios del petróleo y el gas están determinados por el conflicto bélico sostenido en Oriente Próximo, y en los próximos meses lo estarán también por las compras ineludibles para restaurar los niveles de reservas estratégicas que los distintos países tuvieron que liberar al principio del mismo para tratar de amortiguar el impacto en sus economías.
Pero el devenir errático de la crisis geopolítica entre Estados Unidos e Irán, de prolongarse, puede obligar a los bancos centrales a flexibilizar al máximo sus mecanismos de toma de decisiones. Un ejemplo de ello fue lo sucedido con la anterior subida de tipos por parte de Fráncfort el pasado 17 de junio, que no fue replicada por el resto de grandes bancos centrales por entender que sus economías soportaban niveles de precios más tolerables y porque, en el ínterin, se anunció un principio de acuerdo entre las partes para un alto el fuego, que finalmente no fructificó.
Si bien se han producido ataques recíprocos a lo largo de los últimos días, varios dirigidos incluso a instalaciones energéticas, tanto Washington como Teherán mantienen sobre el papel una predisposición a una salida negociada que podría, de nuevo, abaratar el precio de la energía y quitar presión a las autoridades monetarias. Sin embargo, los efectos de los sobrecostes energéticos soportados por empresas y consumidores desde finales del mes de febrero están permeando a través de la cadena de valor, lo que puede prolongar las tensiones inflacionistas más allá de la duración incierta del conflicto.
Así que los bancos centrales deberán calibrar al milímetro en adelante el impacto de cualquier endurecimiento de las condiciones crediticias antes de ponerlo en marcha, y conjugarlo con el riesgo de volver a actuar tarde, como sucedió durante la espiral de precios posterior a la guerra en Ucrania, con el resultado de verse obligados posteriormente a aplicar una terapia monetaria más severa que de haber reaccionado a tiempo. El calendario ha querido que sea el BCE quien abra el curso en política monetaria, pero el dilema es común al resto de autoridades de las grandes economías.
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